Al interior de los LTG hay siempre una intencionalidad educativa, pedagógica e ideológica, directa o indirectamente.

No recuerdo si fue Gabriel Zaid o Pablo Latapí, pero alguien dijo hace algunos años, con mucha razón: “los mejores libros de texto gratuitos (LTG) son aquellos que no se han elaborado”. Eso significa que, por lo general, los LTG están llenos de imprecisiones, errores, fallas e incongruencias pedagógicas y didácticas, y por esos motivos son blanco de duras críticas.

Exactamente por ello, estos materiales de apoyo a los procesos de enseñanza y aprendizaje requieren de correcciones permanentes, pero queda claro que la última palabra sobre los procesos formativos no la tiene el libro, sino el docente.

La sustancia de este necesario debate sobre los LTG está, por lo tanto, en el análisis de sus contenidos y su pertinencia, el papel que los libros juegan en los procesos de enseñanza y el lugar que ocupan como parte del proyecto educativo de la nación, y ello implica examinar y escudriñar acerca de qué hay entre líneas y tras las líneas discursivas y gráficas de los LTG.

Acerca de esta eventual agenda del debate sobre las relaciones entre los LTG y los planes y programas educativos, o entre los LTG y el proyecto educativo de nación, no imagino, sin embargo, a unos libros oficiales dirigidos a los actores educativos (docentes y estudiantes, sobre todo) de la escuela pública que estén “limpios” o “asépticos” de ideologías políticas. Sin lugar a dudas, este tipo de materiales didácticos están cargados de ello de manera explícita o implícita.

En el proceso de selección de temas, contenidos, formas, estructuras, ediciones, correcciones, concepciones, énfasis o diseños gráficos al interior de los LTG hay siempre una intencionalidad educativa, pedagógica e ideológica, directa o indirectamente, porque todo este trabajo editorial responde a las siguientes preguntas: ¿Para qué educar? ¿Cómo educar? ¿Para qué tipo de sociedad? ¿Qué tipo de ciudadanas o ciudadanos serán formados en las escuelas públicas; para qué tipo de nación? Por consiguiente, en este tipo de planteamientos críticos sobre los usos e intencionalidades de los LTG queda fuera la falsa neutralidad ideológica.

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La creación, en 1959, de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG) misma, como proyecto político, educativo y cultural renovado del Estado mexicano, iniciado durante el gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964), fue una aportación social valiosa que ha trascendido sexenios pero que, a la vez, ha resistido protestas de grupos conservadores históricamente ligados al clero, agrupaciones políticas de derecha y a los poderes fácticos, específicamente de las cúpulas empresariales.

La historia del diseño, elaboración, edición, impresión y distribución de los LTG para las infancias que cursan la educación básica, en todas sus formas y modalidades, ha sido, sin duda, un acierto del Estado mexicano (desde la restauración de la república en el siglo XIX y como recurso educativo que apuntaló el ideario del nacionalismo revolucionario del siglo XX), porque ese impulso institucional ha tenido la finalidad de contribuir y asegurar el derecho a la educación y a la cultura en general de mexicanas y mexicanos, a través de la escuela pública.

En el actual debate sobre los LTG, más allá de caudillismos, se deben incluir varios puntos: El cuestionamiento al modelo de libro único, porque impone una visión centralizada del conocimiento, lo que limita la pluralidad cultural y pedagógica en un país tan diverso como lo es el nuestro.

Otra crítica está centrada en la rigidez o la imposición burocrática de un determinado estándar con la que generalmente están diseñados los LTG, lo cual contradice la necesidad de aprendizajes más integrados, pertinentes, contextualizados y que reconozcan críticamente la interculturalidad.

También, los LTG habrán de elaborarse sobre el reconocimiento de garantizar acceso universal a los materiales, ello significa que la gratuidad no basta si los contenidos reproducen sesgos ideológicos extremos y excluyen voces diversas.

Los materiales de apoyo didáctico o LTG oficiales deben propiciar la autonomía docente y no reducir las capacidades de las y los maestros para seleccionar, adaptar o crear recursos que respondan adecuadamente a las necesidades de sus estudiantes.

Por último y como punto de agenda del debate público sobre los LTG, estos tienden a ser más prescriptivos que formativos, lo que dificulta el desarrollo de pensamiento crítico y limita la autonomía en los alumnos.

Los LTG históricamente, en México, han constituido y simbolizado un avance educativo y cultural, en términos de acceso social al conocimiento, pero necesitan transformarse en materiales más flexibles, plurales y culturalmente sensibles para cumplir realmente con su misión educativa.

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@jcma23