El reciente escándalo mediático en torno a Diego Ruzzarin ha puesto al descubierto, una vez más, la profunda ignorancia analítica con la que la derecha juzga las ideas del marxismo contemporáneo; ya que parecen incapaces de superar una caricatura de la Guerra Fría que equipara el comunismo con un voto de pobreza voluntario; sus detractores celebran cualquier éxito financiero o uso del mercado por parte de un pensador de izquierda como una contradicción insalvable. Sin embargo, esta acusación de “hipocresía” no hace más que evidenciar un desconocimiento profundo de la teoría comunista y de su desarrollo histórico, considerando sus contradicciones y superaciones dialécticas.
El error de los opinólogos de derecha radica en confundir el fin con los medios, ya lo advirtió el líder chino Deng Xiaoping al impulsar las reformas de apertura: “enriquecerse es glorioso” y esta premisa no representó una debilidad ante el capitalismo, sino el reconocimiento pragmático de que el desarrollo de las fuerzas productivas es un requisito indispensable para construir una sociedad socialista próspera, ya que el materialismo histórico nunca defendió la distribución equitativa de la miseria, sino la superación de la escasez a través del dominio técnico y económico.
El núcleo principal reside en la relación con las dinámicas comerciales, lo cual queda implícito en una de mis frases favoritas del líder chino Deng Xiaoping: “el mercado es un pésimo amo, pero un gran esclavo”, con esta frase se resume la postura del comunismo científico moderno: las fuerzas del mercado no deben ser adoradas como un dogma autorregulado que condena a la mayoría, sino sujetadas y utilizadas instrumentalmente en favor del bien común a través de un Estado fuerte.
Mientras que la derecha se somete al mercado como su amo absoluto bajo conceptos mágicos como “la mano invisible del mercado”, la izquierda pragmática entiende que generar riqueza dentro del marco vigente para sostener la batalla cultural o garantizar la soberanía económica no invalida la crítica al sistema; al contrario, la dota de recursos.
Reducir el marxismo a un voto de pobreza es una trampa ideológica diseñada para desarmar a la izquierda y todos quienes lo mencionan desde la derecha demuestran su gran ignorancia y falta de estudios. Atacar a Ruzzarin por generar riqueza o interactuar con las lógicas del mercado demuestra que la derecha no entiende contra quién combate: no contra un dogma monástico, sino contra una doctrina que utiliza las herramientas del presente para transformar el futuro.
