Uno esperaría que un libro publicado por una de las editoriales más grandes y prestigiadas del mundo, Penguin Random House, tuviera cierto rigor en lo que en él se dice, pero de una rápida leída, es evidente que lo publicado por Anabel Hernández en su más reciente libro no es serio y está plagado de errores.

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En esta publicación se señala que muchas personalidades del medio artístico tienen algún tipo de relación con el narcotráfico. En el libro se menciona, entre otros, a:

Marcela Rubiales, Galilea Montijo, Ninel Conde, Arleth Terán, Freddy y Germán Ortega, Elí Castro, Alejandra Guzmán, Zoyla Flor, Sergio Mayer y su esposa Issabela Camil, Alicia Machado, Charly López, Silvia Irabien, Lucha Villa, Andrés García y hasta a Juan Gabriel. Además de varios grupos musicales como El Recodo, Los Cadetes de Linares, Banda Limón y Torrente, entre otros.

¿Qué decir al respecto? Primero, que es un libro sexista y misógino, desde la contra portada acusa que “madres, esposas y amantes, mujeres (todas) forman parte de la ‘corte’ de los narcos y se amoldan a reglas machistas de sus monarcas. Bailan ante ellos la danza de los siete velos sobre los cadáveres de los miles que han sido víctimas de los mismos hombres a quienes deleitan con su presencia a cambio de dinero, joyas y propiedades.”

Temeraria acusación en donde por el mero hecho de ser mujeres, la autora, otra mujer, las pone de prostitutas a todas y de copartícipes en los homicidios de miles de víctimas. ¿Cuál es la prueba de ello? Ninguna.

Después, habla en cada capítulo de varias mujeres y de la información que supuestamente las vincula con el narco. Solo me interesó leer a detalle el capítulo de quien es mi amiga Galilea Montijo. No me quedaron ganas de leer ningún otro capítulo, pues el libro contiene puros señalamientos falsos que será fácil probar son inventos de la autora.

Por ejemplo, señala que el esposo de Galilea fue suplente en el Congreso de la Ciudad de México de un legislador que fue investigado por “trata de mujeres”. En las actas del Instituto Electoral de la Ciudad de México queda claro que Fernando Reina nunca fue legislador titular, ni suplente de nadie, nunca, en la Ciudad de México.

Luego, la autora vuelve a equivocarse al señalar que Galilea dijo que su marido se iba de suplente del diputado Tonatiuh González al Congreso de la Ciudad de México. La realidad es que es diputado federal suplente, pero del Congreso federal y no de la Ciudad de México y su titular, desde luego, no es el señor González, es Lázaro Jiménez. No le atinó a nada. Con haber checado las listas de los diputados electos, mismas que están en el portal en línea del INE, habría obtenido los datos correctos.

Ya sobre Galilea, Anabel Hernández señala que hizo actos de campaña, en 2021, para la alcaldesa morenista de Atizapán, Ruth Olvera y que ésta fue reelecta este mismo año. Ni Galilea hizo campaña alguna en el Estado de México –Televisa no lo permite para sus artistas exclusivos- ni la alcaldesa logró su reelección. Atizapán, al igual que buena parte de las alcaldías conurbadas del Estado de México, las ganó la coalición opositora PAN-PRI-PRD, con Pedro Rodríguez Villegas quien asumirá el cargo el 1° de Enero. Así que aquí tampoco la autora, ni el libro, le atinan a la realidad y obviamente no fueron capaces de revisar la prensa ni meterse a los portales de la autoridad electoral.

El libro también señala que a billetazos un capo del narcotráfico habría logrado sacar a la hermana de Galilea Montijo, de nombre Paola, de un proceso penal. Otra vez falso: hay documentos notariales y personas autorizadas en este juicio que dan cuenta de que abogados corporativos fueron los que defendieron a la hermana de la actriz.

Y desde luego, sin documento ni prueba alguna, de puras oídas o de puros inventos acusa de una relación, a Galilea, con un finado narcotraficante, Arturo Beltrán, quien, por obvias razones, no puede confirmar o negar lo escrito. Pero si, como arriba se comprueba, en cada párrafo hay errores serios en todo el contexto que arma la “periodista” y, en su acusación central tampoco da prueba alguna, es de elemental lógica concluir que todo es una mentira para hacerse publicidad y tener ventas de un panfleto a costa de la reputación y el honor de muchas personas.

Pero además, con los cárteles de la droga disputándose como nunca varias plazas en el territorio nacional y con lujo de violencia, el poner a tantas personalidades y grupos musicales en un listado como amigos y/o amantes de criminales puede hacer que sus rivales, aún años después, busquen cobrar venganzas a manera de mandar mensajes. Con lo que, lo publicado, indebida e injustamente pone en riesgo la vida de muchas personas.

Con tantas inexactitudes y falsedades publicadas, la autora y, sobre todo la editorial, tienen un serio problema legal en México y en cualquier país en donde el libro se esté vendiendo. En el caso de este país, es evidente que vendrán demandas por daño moral y que se abrirán juicios de “réplica”, dado que la reciente ley reglamentaria del artículo 6° constitucional prevé que las réplicas procedan contra cualquier publicación, incluidos los libros.

Y ni qué decir de Gran Bretaña y de los Estados Unidos, sedes corporativas de la editorial, en donde en ambas jurisdicciones el tema de las demandas por difamación (defamation laws) está más que explorado y hay de sobra elementos para llevarlos a juicios pues en estos países ya se vende el libro y los señalados tienen actividades económicas/ventas y su imagen está siendo dañada.

Es inexplicable cómo se expuso una empresa internacional, valuada en más de tres mil millones de euros, a un riesgo jurídico tan elevado. No solamente por los infundios, sino por las vidas que ha puesto en peligro. Y tristemente, una reconocida escritora echa por la borda un nombre que tardó años en construir. Pero el dinero y la publicidad fueron malos asesores de ambos.

La editorial enfrentará probablemente demandas, ya se anunciaron las primeras, y con un libro con tantos errores es improbable las compañías aseguradoras cubran lo que han hecho. Es casi tan burdo como manejar alcoholizado y pretender la aseguradora pague los daños auto-inflingidos.

Sencillamente, de una somera revisión varios afectados pueden claramente probar de manera sencilla que lo se publica de ellos es falso. Lo que tira la credibilidad de todo el libro, que más que un texto periodístico parece una gaceta de chismes.

Lo atinado sería revisar el contenido del libro y editar lo que no es cierto o comprobable. Algo que nadie hizo en México y que será un dolor de cabeza para la editorial en sus sedes de Nueva York, que encabeza Madeline McIntosh , y en Reino Unido, con Tom Weldon.

Y finalmente, luego de ver que es un libro y una editorial con información falsa, sexista y que pone vidas en riesgos ya ni la burla perdonan al decir, en la contraportada, que son una “empresa socialmente responsable”. Ajá.

Javier Tejado Dondé en Twitter: @JTejado