La búsqueda de un empleo es, en esencia, un acto de esperanza. Cuando fui coordinadora de Mipymes, emprendedores y empleo, conocí a personas de todas la edades, especialmente jóvenes que deseaban fortalecer la economía de sus hogares, mejorar su calidad de vida, cada oferta laboral representa la posibilidad de un presente y un futuro mejor para ellas, para ellos y sus familias. Tristemente, en un entorno donde la necesidad apremia, esa misma ilusión puede nublar el juicio y dejarnos expuestos ante personas malintencionadas que transforman un derecho humano en una trampa contra la integridad.

El trabajo digno es un derecho fundamental que debe ejercerse bajo condiciones de seguridad y respeto. La realidad nos obliga a adoptar una postura de alerta permanente. Las redes de explotación y abuso suelen disfrazarse de oportunidades únicas, sueldos extraordinarios o procesos de selección informales. La prevención no es una opción, sino una herramienta de supervivencia que debemos integrar en cada paso de nuestra búsqueda laboral.

Antes de dar cualquier paso, es vital verificar la identidad de quien contrata. Una empresa legítima siempre contará con registros oficiales, oficinas físicas comprobables y procesos transparentes. Desconfía de ofertas que llegan por canales no oficiales, que solicitan dinero por adelantado o que citan a entrevistas en domicilios particulares o lugares poco concurridos. Informar siempre a nuestra red de apoyo sobre dónde y con quién estaremos es un protocolo básico que nunca debemos omitir, así como acudir acompañadas, acompañados.

La impunidad solo retrocede cuando la sociedad se mantiene vigilante y las autoridades cumplen con su deber de proteger la libertad y la vida por encima de cualquier interés. No podemos permitir que intentar laborar se convierta en una vulnerabilidad. Cuidar nuestra integridad es el primer paso para construir esa estabilidad económica que tanto anhelamos. Proteger nuestro camino es tan importante como alcanzar la meta.

Juntas y juntos impulsemos una cultura de prevención, donde el Estado garantice justicia frente al abuso y donde cada persona cuente con las herramientas para distinguir una oportunidad real de una amenaza. Solo uniendo esfuerzos lograremos que el derecho al trabajo sea, por fin, un sinónimo de oportunidad y dignidad, no una razón para perder la vida.

Jennifer Islas. Política y conferencista.