La situación en Ucrania no pinta bien para el presidente Volodimir Zelenski ni para los habitantes de ese país. La propuesta de paz presentada por Donald Trump no es algo más que la derrota ante Rusia.

Entre los puntos contenidos en el documento destacan: el reconocimiento de facto de las provincias del este de Ucrania hoy ocupadas por el ejército ruso, la limitación del número de soldados ucranianos a 600 mil efectivos y la prohibición constitucional de que ese país pueda en el futuro adherirse a la OTAN, entre otros.

En otras palabras, si Zelenski aceptase la propuesta, Ucrania reconocería en los hechos el triunfo expansionista de Vladimir Putin. Esta pavorosa situación presenta a Zelenski dos variables. Por un lado, la mayoría de la población del país exige un cese al fuego. Tras largos años de confrontación, el este del país ha sido arrasado y se han repetido incesantes ataques contra Kiev por parte de drones rusos, provocando innumerables pérdidas humanas y materiales. Ucrania exige la paz.

Por otro lado, el reconocimiento implícito de la derrota ucraniana frente a Rusia podría representar un incentivo para que el mando militar ucraniano rechazase el acuerdo. Si bien puede resultar difícil de comprender desde la visión de los ciudadanos, los militares no están dispuestos a perder una guerra, especialmente una que ha cobrado la vida de miles de sus compañeros. Esta desavenencia entre el poder militar y civil en Kiev presentaría a Zelenski el riesgo de un golpe de Estado ante la negativa de la clase castrense de detener la lucha frente a infames condiciones de paz.

Conviene recordar que, a lo largo de la historia del mundo, y especialmente los conflictos bélicos en Europa, una paz con tintes de derrota ha conducido a futuras problemáticas. Debe recordarse, en este tenor, el ascenso de los bolcheviques en Rusia tras el fatídico Tratado de Brest-Litovsk o el triunfo del nazismo en Alemania como consecuencia de las injustas medidas impuestas en los acuerdos de Versalles.

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En el caso ucraniano, una salida deshonrosa del conflicto, mismo si ello condujese temporalmente al cese de las hostilidades, podría llevar a Zelenski hacia un profundo descontento no solamente con miembros de su gobierno y el Congreso, sino con los militares que han ofrecido sus vidas en favor de la causa de la defensa de su nación.

En suma, Zelenski se encuentra ante una encrucijada. Deberá decidir entre optar por la paz mediante una solución que mancillaría para siempre el honor del ejército ucraniano, o continuar con una lucha que luce perdida en espera de que un nuevo presidente de Estados Unidos y sus aliados europeos intervengan directamente en favor de la causa ucraniana.