Hoy convergen dos mundos que durante siglos intentaron cerrarnos la puerta. Al celebrar el Día de las Niñas en las TIC junto al Día del Libro y del Derecho de Autor y de Autora con A, nos enfrentamos a una verdad histórica que todavía escuece, el intelecto femenino ha tenido que vivir escondido. Recordamos con orgullo y rabia a aquellas escritoras que, para ser escuchadas, tuvieron que sepultar sus nombres bajo el peso de un pseudónimo masculino o el frío manto del anonimato. Ellas no elegían otra identidad por juego, sino por supervivencia, para que sus ideas no murieran en el cajón de los prejuicios.
Esa sombra del pasado se proyecta hoy en las pantallas. El vacío que antes existía en los estantes de las bibliotecas se traduce ahora en la falta de referentes femeninos en el desarrollo tecnológico. Si no acercamos a las niñas a la ciencia y la tecnología, si no las impulsamos a escribir sus propias narrativas, estamos permitiendo que el futuro se construya con una visión incompleta. Programar y escribir son, en esencia, actos de creación pura, son las herramientas para decidir quiénes somos y hacia dónde vamos como sociedad.
Cuando una adolescente se atreve a explorar el código o se apasiona por plasmar su pensamiento en papel, está hackeando un sistema que históricamente nos prefirió espectadoras. Fomentar su curiosidad por las TIC y su amor por la autoría es el acto de rebeldía definitivo. Es asegurar que las soluciones del mañana tengan rostro de mujer y que nuestras historias no necesiten permiso para ser contadas. Ya no aceptamos el silencio ni las firmas prestadas, hoy trabajamos para que ninguna niña tenga que esconder su talento detrás de una máscara para ser tomada en serio.
Educar en la libertad de crear es honrar a las que callaron y abrir paso a las que vienen. Es transformar el derecho de autora con A, en un derecho de existencia plena, donde el código y la palabra sean los vehículos para que las mujeres ocupemos, finalmente, el lugar que siempre nos perteneció en la historia del progreso humano. Juntas y juntos impulsemos un mundo donde el potencial no se detenga ante etiquetas obsoletas. Que quede claro: las carreras y el talento no tienen género.
Jennifer Islas. Política y conferencista.
