El título de mi columna pretende provocar en las y los lectores “más allá del morbo” de conocer la respuesta a la pregunta que se plantea desde el titular, la idea de que es una invitación a soñar y creer (fervientemente) que podemos dejar de ser una nación que sea un botín del extractivismo en materias primas y de mano de obra precaria para los países del norte global; porque pensar en el futuro, el espacio y el aeroespacio no debe ser una tarea improbable ni imposible, sino una en la que se trabaje todos los días por alcanzar esa meta.
La presidenta Claudia Sheinbaum puso sobre la mesa de Palacio Nacional ese objetivo, y coincido con ella en que debe ser una prioridad para nuestra nación estar dentro de esos temas y dinámicas, puesto que, aunque parecieran “cosas del primer mundo” y algo inalcanzable para los países de la periferia, la realidad nos obliga a que debemos (mínimo) comenzar a transitar hacia allá, porque no se trata de un lujo, capricho o una excentricidad política como muchas y muchos lo creen desde su miopía mental.
En ese sentido, hay organizaciones que desde hace más de 10 años se permitieron soñar en grande y con las estrellas, y bajo esa lógica comenzaron en esa ruta del espacio y el aeroespacio, y que en muchas ocasiones y gran parte del tiempo en su existir, sin la ayuda de cualquier orden de gobierno, picando piedra en donde pudieran ser escuchados, buscando meter en la agenda pública esas temáticas, que aunque pareciera lo —más normal— y deseable estar construyendo industrias y ecosistemas relacionados con eso, el desdén político hacia ello (por ignorancia principalmente) parece algo que se romperá no tan fácilmente.
Entre esas instituciones que están dando la batalla y que impulsan desde cualquier trinchera, también hay quienes innovan y son pioneros en nuestra patria. Promueven un Comité Ético nacional relacionado con el uso y creación de inteligencias artificiales. Uno de ellos es el Clúster Espacial México y su CEO: Esteban Carrera García, un visionario abogado y empresario nezahualcoyotlense que ha demostrado que infancia no es destino, ya que, contra viento y marea de las circunstancias en las que creció y contra todo pronóstico social, se ha impuesto como un líder de su ramo a nivel Latinoamérica.
Espero (y deseo) que su ejemplo siga inspirando en las infancias y juventudes la noción de que México puede ser tan innovador y grande como cualquier otro país, y que a pesar del contexto y las circunstancias se puede remar contra marea, y que debemos dejar de vernos en el espejo del corto-plazo y de lo rentable electoralmente; México tiene muchas oportunidades y posibilidades para ser líder en ese tipo de rubros, solo falta voluntad política y locos soñadores como Esteban que nunca se rindan en su trayecto para poder alcanzar las estrellas.

