Claudia Sheinbaum es una de las personas con mayor tolerancia y paciencia dentro del medio político. A diferencia de otros liderazgos que suelen tener dificultad para escuchar, ella lo hace. Su enojo no es un estado natural, y el episodio observado durante su visita a Baja California tiene que ver con una crisis profunda que comenzó antes de que la gobernadora se enfrentara a la cancelación de su visa.
Desde los grupos más duros de Morena y el PT existía un recelo desde que ella obtuvo la candidatura a la gubernatura. Su pasado panista fue suficiente motivo para que los de casa decidieran comenzar un proceso de renuncia silenciosa.
En Baja California, cuando el PAN fue gobierno, ejercitó persecución política, hostilidad y violencia en contra de la izquierda siempre opositora. Desde los brigadistas hasta los presidentes de partido tuvieron que luchar en distintos momentos, inclusive, por sus vidas. El PRI tuvo etapas de gobierno también: era un socio comercial y aliado indiscutible.
Por eso, cuando Marina del Pilar fue nombrada como la candidata oficial, las estructuras locales comenzaron a desencantarse. Algunos liderazgos lograron llegar a puestos de representación popular y el acuerdo de paz se convirtió en firma de guerra en cuanto los escándalos y acusaciones delictivas contra el matrimonio gobernante estallaron.
Cualquier vulnerabilidad sería aprovechada para —según los fundadores— recuperar el partido y sacar a la gobernadora. Desde la lógica estatal y municipal, aquello tenía sentido, pues lo que se disputa es el partido Morena mismo y las alianzas de la izquierda estatal.
Pero para el gobierno federal, la guerra interna, limpia o sucia, es una carga que se suma a las tensiones con Estados Unidos. Aunque los locales celebran y esperan ansiosos la caída de la gobernadora de Baja California, para la presidenta, su gobierno y el partido a nivel nacional, aquella caída significaría una catástrofe: la primera en formalizarse, la que podría abrir comparaciones entre García Luna y una de las gobernadoras del partido que promovió la transformación y la honestidad como bandera.
Peor aún: entre ocuparse de los pleitos internos, ningún liderazgo se ha enfocado en construir rumbo al 2027. Las disputas y peleas han sido más relevantes que las encuestas, aun para los aspirantes que, tras venir del PAN y del PRI, creen que bastarán los acuerdos políticos para tener cargos.
El mensaje de la presidenta durante el regaño sobre “¡Todos ustedes: a trabajar más con la gente!”, del lado de los regañados —el senador y expresidente municipal de Ensenada, Armando Ayala Robles; la diputada del Congreso de Baja California, Evelyn Sánchez; y la propia alcaldesa de San Quintín, Miriam Cano— iba mucho más allá de simplemente pedirles que hagan territorio.
Su mensaje es que deben postergar o soslayar sus riñas internas para construir una sola estructura electoral que permita a Morena contener la crisis de Marina del Pilar rumbo a las próximas elecciones, lejos de observar el episodio como rapiña y terminar por dividir aún más a los grupos con los que pudieron ganar.
El dolor de cabeza que representan es tal que, en su afán de simular cercanía, recibieron uno de los rostros más severos que la presidenta ha tenido durante lo que va del sexenio. No le están ayudando, sino que, por el contrario, le están complicando aún más lo que ya de por sí viene por complicaciones de las fuerzas norteamericanas y las investigaciones contra el exmarido de la gobernadora.
Se trata del doble mensaje: dejar de grillar, ponerse a trabajar… aunque ellos lo hayan advertido mil veces, aunque se hayan negado y aunque no les guste. Unidad.
ALEGORÍAS. El momento que viven los duros de Morena y auténticos experredistas y petistas de Baja California recuerda a la alegoría de los tlaxcaltecas, quienes enfurecidos contra los mexicas, decidieron atacarles mientras los españoles aprovechaban un ejército gratuito que podría completar a sus menos de 400 elementos para derrocar un imperio.
Los tlaxcaltecas, convencidos de la injusticia y llenos de odio, no entendieron que la falta de unión terminó con una nación entera. Los bajacalifornianos están salivando porque las cosas empeoren para la gobernadora, dispuestos a atacar hasta la última bala… sin darse cuenta de que al hacerlo, aplanan un camino para los norteamericanos, ávidos de encontrar una razón para cumplir con las amenazas dadas mil y un veces.



