De acuerdo con una investigación reciente de The New York Times, Elon Musk ingiere regularmente ketamina, éxtasis y hongos alucinógenos durante su ascenso a la prominencia política. El consumo de estas sustancias supuestamente se intensificó en el período en que donó 275 millones de dólares a la campaña presidencial de Trump y posteriormente ejerció un poder significativo al frente del denominado “departamento de eficiencia gubernamental”, conocido como DOGE, el cual resultó ser un completo fracaso.
El informe señala que Musk consumía ketamina con tal frecuencia que comenzó a experimentar problemas en la vejiga, y que incluso viajaba con un suministro diario de aproximadamente 20 pastillas de la sustancia.
Musk lleva años exhibiendo un comportamiento errático que incluyó insultar a miembros del gabinete de Trump y realizar un gesto similar al saludo nazi durante un mitin político. En otra ocasión, fumó mariguana en una edición del podcast del extremista Joe Rogan.
Con todos estos antecedentes, Musk debería cerrar su enorme boca cuando acusa a la presidenta Claudia Sheinbaum de “obedecer a los cárteles”, como acaba de hacer en la decadente red social antes conocida como Twitter. El repudio contra el racista sudafricano no se hizo esperar, e incluso se evalúan acciones legales contra sus mentiras.
México pone los muertos en la guerra contra las drogas causada por los cientos de millones de adictos estadounidenses. Y la vida de los valientes jóvenes de la Guardia Nacional caídos en el operativo para detener al “Mencho” valen más que la de un extremista drogadicto, que está hundiendo las empresas que dirige debido a su adicción a las drogas, como lo es Elon Musk.
