Al abrir la octava sesión ordinaria del Consejo Nacional de Morena, Alfonso Durazo Montaño, gobernador de Sonora y presidente del Consejo de ese instituto político, emitió un muy singular y provechoso mensaje político que, a muchos de los que le escuchamos, aun nos sigue retumbando en la conciencia.
Sucedió hace ya doce días, pero, por su puntualidad, eficacia y contundencia, el mensaje es propicio para analizarse con detenimiento y a profundidad, no solo para poder hacer una reseña a la altura de las circunstancias políticas que vive ese movimiento-partido y el sistema político nacional en general.
Sino también para descubrir el sentido prudencial que debe dar toda organización con registro y cuanto candidato o aspirante a cargo de elección popular en este país, se propongan en fechas sucesivas y hasta el 6 de junio del año próximo, cautivar a un público mediante una construcción retórica o un mensaje articulado en medios impresos o electrónicos: un sentido de humildad, de honestidad, de respeto a la voluntad ciudadana y de plena conciencia del significado del poder frente a los gobernados.
Particularmente, los que en Morena son ya, gracias al eufemismo desprendido de la trampa electoral, “coordinadores para la defensa de la soberanía…y Santa María y Juan de los Palotes”; o lo que es lo mismo, candidatos ‘de facto’ a un puesto de representación popular.
Alfonso Durazo los llamó a la unidad y a la lealtad, “en medio de las discrepancias (dadas) a raíz de las designaciones de los 17 coordinadores estatales, que son aspirantes a las gubernaturas en la elección del año próximo…”
El presidente del Consejo Nacional de Morena, les advirtió que la dirigencia del movimiento reconoce que “no todos los que ganan sirven a la causa fundamental de la transformación”, a efecto seguramente de que se despojen de esa actitud de soberbia y desapego a los intereses de la población que ya muestran muchos ‘empoderados’ del partido de la 4 T en muchos Estados y regiones del país.
Para los candidatos provenientes del llamado ‘bloque tripartito’ (del PT y Partido Verde con Morena), Alfonso Durazo tuvo un pragmático pero respetuoso exhorto: el de ratificar este bloque, pero, con la clara conciencia de que la salida de alguno de ellos, no necesariamente significará para Morena perder en las urnas.
Y tuvo además Alfonso Durazo, un atractivo desliz filosófico que mucho se agradece desde cualquiera de las perspectivas ideológicas del país, no solo desde la oficialista de Morena; fue una especie de ‘verdad imprudente’ de esas que se tienen que reconocer, aunque duela en carne propia, en tiempos de simple grandilocuencia y de sofismas repetidos desde el poder, que solo pretenden construir una ‘falsa hegemonía de la verdad’:
Dijo que “en Morena nadie sobra, ni (que este) es un partido que pertenece a una persona, ni a un grupo y ni siquiera a una generación, de ahí que –insistió– es tiempo de actuar con magnanimidad, de caminar juntos, de poner por delante la causa frente a cualquier aspiración personal, no sólo porque los adversarios se frotan las manos para que haya división, sino porque este movimiento no es una moda”.
Habló de lo que significa en política ser o no el elegido, de la importancia de generar liderazgos reales, de la necesaria disciplina y lealtad partidista, así como del reconocimiento, en este caso, del método de las encuestas, aunque reconoció, tangencialmente, su imperfección porque, dijo también Durazo, “quienes algunas veces arrasan en las encuestas electorales, usan un potencial electoral que es producto de un incentivo no deseado ($) …”
Así de franco y de directo fue el sonorense en ese evento el pasado sábado 10 de octubre, atacando frontalmente a uno de los problemas que más agravian la dignidad y la transparencia de la actividad política de nuestro país, como lo es la infiltración de individuos y grupos, a los partidos y al gobierno en sus tres niveles, mediante la inyección de recursos procedente de la actividad ilícita, apadrinando a individuos sin el mérito, sin la capacidad y por el contrario, con la clara intención de corromper los distintos ámbitos de la autoridad legalmente constituida.
El presidente del Consejo Nacional morenista fue escuchado desde la primera fila del evento, por los destinatarios genuinos del mensaje: los coordinadores estatales de los comités de Defensa de la Transformación y de la Soberanía Nacional de Morena, así como de otros aspirantes al resto de coordinaciones (federales y locales), quienes tomaron protesta durante esa, que fue precisamente la VIII Sesión Ordinaria del Consejo Nacional del partido, el pasado sábado 10 de octubre.
Les recordó también, en algún momento del discurso al que aplicó cierta dosis de moralidad “que ninguna aspiración puede estar por encima de la voluntad colectiva, que los liderazgos se construyen desde abajo y que la legitimidad se gana caminando a ras de suelo y junto al pueblo, no en acuerdos cupulares”.
Hacía mucho tiempo, se reitera, que un político no hablaba con ese espíritu de honestidad y ese sentido de ubicación; con la verdad por delante y diciéndole a las cosas por su nombre.
Pocas veces se había dicho tanto con tan pocas palabras.
En México se necesita que no solo Alfonso Durazo, sino que todos los integrantes de la clase política sigan esta ruta para poder lograr que la palabra política adquiera un nuevo significado.
Hasta hoy, para muchas mexicanas y mexicanos, la política es la disputa por el poder, la aritmética de los votos, la estrategia de las campañas y el brillo efímero de los cargos públicos.
Pero también hoy todo eso empieza a desvanecerse, afortunadamente.
La política deja de ser un juego de posiciones para convertirse en algo mucho más puro, urgente y vital: la política es hoy –o debe ser en lo sucesivo- mística, memoria colectiva, dignidad humana, defensa ante la injusticia o la ausencia de legalidad, preservación de lo humano y lo inherente a la vida.
Este discurso del presidente del Consejo de Morena nos inspira a pensar que, por lo menos en uno de los partidos políticos mexicanos, sin duda uno de los más grandes, el que está en el poder, la política empieza a cobrar un sentido diametralmente opuesto al que, hasta hoy, maliciosamente o por impericia, las mafias y gavillas de la política tradicional le han dado a la misma. Es de suyo, un gran avance.
Porque las palabras usadas en el discurso para ayudar a la gente a entender el mundo, no serán más ‘formulismos’ y ‘frases huecas’ que los políticos usan para impedirnos que lo comprendamos.
Porque la democracia tampoco es propiedad de un solo partido. Ni su sola invocación nos coloca del “lado correcto de la historia”. Eso no es defender la democracia; por el contrario, es pretender monopolizarla.
Hay que recordar que las palabras por sí solas no absuelven. A ningún mortal ni mucho menos a ningún político empoderado…
Tampoco se debe hacer un uso indiscriminado de ninguna ‘superioridad moral’ en el terreno de la política, porque ningún actor y seguramente, ninguna institución está exenta en su totalidad de algunos flagelos como la corrupción y la demagogia.
Ojalá que un político, con esa franca apertura y con esa orientación hacia la modernidad, recibiera la encomienda de continuar el proyecto de Morena y su evolución o consolidación como fuerza política.
Tendríamos garantizado un buen porcentaje del camino hacia la modernización de la vida pública en México.
Héctor Calderón Hallal
@pequenialdo; @CalderonHallal1



