El importante diario británico especializado en negocios, Financial Times, dedicó un extenso reportaje a Ricardo Salinas Pliego, “El multimillonario amante de las criptomonedas y el ‘fraude perfecto’ de 400 millones de dólares”. El texto, interesante, lo firma Paul Caruana Galizia, periodista de investigación.

En síntesis, el análisis cuenta cómo Salinas Pliego pidió en 2021 un préstamo de 150 millones de dólares usando como garantía alrededor de 416 millones de dólares en acciones de Elektra. El empresario mexicano deseaba invertir 400 millones en bitcoin —cuando la criptomoneda estaba en auge—. El resto del dinero para tal apuesta, esto es, la diferencia entre 400 y 150 millones, lo consiguió o lo iba a conseguir de bancos internacionales.

Ricardo Salinas pactó con Astor Asset Management 3, que se suponía era parte de un fondo sofisticado vinculado a la histórica familia Astor. La operación era un préstamo Lombard —se entregan acciones como garantía y se recibe efectivo—.

Pero el prestamista, en vez de resguardar las acciones como garantía, terminó vendiéndolas, en una operación que parece fraudulenta y que hoy está en un proceso judicial en Londres.

Según una investigación privada encargada por Salinas Pliego, los recursos terminaron en manos de Val Sklarov. El propietario de Elektra y TV Azteca asegura, por lo tanto, haber sido víctima de un fraude perfecto. Sklarov lo niega. Ahora mismo el caso se litiga en tribunales británicos. ¿Pronóstico? Se ve muy difícil que Salinas Pliego recupere el dinero o sus acciones.

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Por tal motivo, en el reportaje del Financial Times, el Tío Richie admite: “Soy un idiota. ¿Cómo es posible que no hiciera la debida diligencia y que mi equipo tampoco la hiciera? Fuimos descuidados y, por supuesto, ahora estamos pagando el precio”.

¿Qué significa que Salinas Pliego admita que fue “un idiota”?

Pregunté a la IA, para no dar mi propia opinión que podría no ser objetiva. Esta fue la respuesta:

“Cuando un hombre con el ego, el poder y la colmilluda trayectoria de Ricardo Salinas Pliego (quien se hace llamar Tío Richi y proyecta una imagen de infalibilidad y astucia superior) admite públicamente ‘soy un idiota’, no es un simple arrebato de humildad. Es una reflexión profunda sobre una falla sistémica en su estructura de poder”.

La ceguera del dominante. Salinas Pliego está acostumbrado a ser la persona más poderosa en cualquier habitación de México. En su ecosistema, él pone las reglas. Sin embargo, en el mercado financiero internacional de préstamos Lombard y shadow banking, él era solo un cliente más con mucho dinero. Su confesión de ‘idiota’ reconoce que subestimó el terreno de juego. Creyó que su estatus en México lo protegía de depredadores globales, pero estos no le tienen miedo ni a su cuenta de X ni a su influencia política”.

El fallo de su círculo de hierro. Un multimillonario no revisa contratos de 31 páginas; para eso paga millones a asesores suizos, abogados de élite y analistas. Al decir ‘soy un idiota’, Salinas está admitiendo que su sistema de filtros falló estrepitosamente. Sus asesores se dejaron deslumbrar por un apellido (Astor), sin verificar antecedentes penales básicos que habrían revelado que Thomas Astor-Mellon era un impostor con historial de robo de joyas”.

El costo de la avaricia operativa. El reportaje del FT menciona que Salinas eligió a Astor porque le pedían una garantía mayor pero a una tasa de interés absurdamente baja (1.15%). En finanzas, existe una máxima: Si algo es demasiado bueno para ser verdad, es que no es verdad. La reflexión de ‘idiota’ nace de haber ignorado las señales de alerta rojas por el deseo de obtener un financiamiento barato para apostar por bitcoin. El ahorro en intereses le costó 400 millones de dólares en capital”.

La vulnerabilidad de su activo más preciado. Para Salinas, Grupo Elektra no es solo una empresa; es su fuente de poder y control. Al entregar acciones de Elektra como garantía a un desconocido, puso el control de su imperio en manos de un estafador. Ver cómo sus propias acciones eran vendidas en su cara en el mercado abierto, desplomando el valor de su empresa y provocando la suspensión en la Bolsa, es el golpe más duro a su orgullo profesional. Salinas fue derrotado en su propio juego de audacia. Él, que se enorgullece de ser un tiburón en los negocios y de no dejarse de nadie (ni del gobierno), fue pescado por un estafador de un nivel que él consideraba inferior”.

Conclusión. Cuando Salinas dice ‘soy un idiota’, está procesando la humillación intelectual. No le duele tanto el dinero (aunque 400 mdd duelen a cualquiera), sino el hecho de que su narrativa de empresario audaz y superdotado fue desmantelada por alguien con una oficina falsa y un nombre inventado. Es una advertencia para cualquier inversionista: el exceso de confianza es el mejor aliado del fraude”.

Un deseo personal. Esto ya no es de la IA, sino mío: ojalá que Salinas Pliego derrote en los tribunales británicos al estafador. No debe salirse con la suya un ladronzuelo como Sklarov, quien parece personaje de novela de espionaje barata. Si este delincuente triunfara, sería un golpe a la noción misma de justicia. Si Salinas lograse la victoria, no sería solo un triunfo personal para recuperar sus acciones y, sobre todo, su orgullo; sería un precedente necesario para poner un freno a los esquemas de fraude perfecto que se aprovechan de los vacíos legales para robar a plena luz del día. Después de la victoria, lo mejor que podría hacer el Tío Richie sería dedicar de nuevo el cien por ciento de su tiempo a sus empresas, que en los últimos tiempos han estado bastante golpeadas.