Si quieres la paz, lucha por la justicia.
Pablo VI, ex Papa
Hermann Wilhelm Göring era el pez más gordo después de la muerte de Hitler y del fin de la Segunda Guerra Mundial.
Göring no sólo fue el nazi más cercano a Hitler, fue el creador de la inentendiblemente cruel policía Gestapo, y el negociador principal de la fuerza área alemana: “Luftwaffe”, financiada al inicio y en gran medida por el americano Henry Ford.
Por eso era tan importante no dejar escapar de Alemania a Göring, a pesar de que lo intentó, como muchos otros nazis, auspiciados por Argentina principalmente.
Desde que lo capturaron vivo hasta su deceso, Göring generó bastante controversia, y más porque como él mismo lo aseguró en los juicios de Nüremberg, personalmente no intervino de manera directa en el genocidio de las minorías europeas durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo a los judíos.
Es muy probable que Göring jamás haya asesinado a uno sólo de los civiles descritos, pero sólo por el hecho de haber sido el segundo al mando después de Hitler, su mismo puesto directivo lo inculpaba de crímenes contra lesa humanidad.
Göring permaneció un año y medio preso, desde que lo capturaron, hasta que murió por morder e ingerir voluntariamente una cápsula de vidrio con cianuro, muy probablemente producido en Veracruz, México; se cree que escondió dicha cápsula en una de sus botas, lo cual es muy improbable por el tiempo que duró encarcelado, 18 meses, repito, y por el material rompible con el que estaba hecha, alguien se la dió el día de su muerte.
Así, surgen dos grandes interrogantes:
¿Quién le consiguió dicha cápsula de cianuro?, y ¿quién sería el mayor beneficiado de que Göring se suicidara, no dijera sus últimas palabras que seguramente serían “yo sólo cumplí órdenes” como lo hicieron otros nazis, incluyendo a Eichmann, y que por haber sido así su deceso no pudiera tener un sepulcro donde lo venerarían?
La respuesta a ambas preguntas: Winston Churchill.
Dejo esta teoría conspiratoria por ahora, como una más de las que se le pueden adjudicar a Winston Churchill como estratega y gran visionario, además de las muertes de José Martí en Cuba, de Zeev Jabotinsky en Nueva York, de Reinhard Heydrich en Praga, y del hundimiento del barco Struma, con más de 750 judíos que querían escaparse del régimen nazi.





