Me sorprende que en pleno siglo XXI, cuando considerábamos que la democracia y el sufragio universal eran conquistas históricas irreversibles, una alarmante corriente ideológica y de opinión busca hacernos retroceder más de un siglo. Lo que comenzó a simple vista como discursos aislados en las redes sociales (que debemos recordar que no son espacios comunes de dialogo, sino empresas con una agenda clara con fines comerciales) se ha convertido en una narrativa coordinada de la ultraderecha global: la abierta validación de restringir, o de plano eliminar el voto de las mujeres y de un sector de la población que consideran inferior.
Para desglosar y ejemplificar esta opinión, comencemos con Estados Unidos, figuras ligadas al movimiento conservador —como Erika Kolenic, esposa del activista Charlie Kirk— han coqueteado con la idea de regresar a un modelo donde solo el “jefe de familia” vote, argumentando que el sufragio femenino debilita la estructura familiar tradicional y fundamentado en una creencia, de la cual, cito textual “no importa que yo no vote, si juntos somos una sola carne”. El verdadero peligro radica en que este veneno ideológico ya cruzó la frontera. En México, influencers y generadores de contenido de la llamada “alt-right” local replican estos discursos bajo el disfraz de que limitar el voto brindará una suerte de estabilidad ficticia a la política (empezando por limitar a sectores de la población y con la finalidad de limitar el voto de la mujer), justificando que: “el voto es un acto al cual solo se podría tener acceso con un conocimiento mínimo básico indispensable”, dando por sentado una serie de afirmaciones altamente desmontables que solo tienen lógica en una limitada capacidad de entender que son simples herramientas narrativas y que exhiben su falta de comprensión a la realidad material contingente de nuestro país.
Esta serie de afirmaciones que empiezan a ser públicas, se articulan desde ideas alejadas del mundo material, pero con un fundamento en un supuesto que se escucha: “el desconocimiento de las personas, el desconocimiento del gobierno”. Y con esto me refiero que se encuentran alejadas del mundo material porque “juegan” a ignorar que en México existe una educación básica pública y gratuita en todo el país, la cual brinda esos conocimientos que ellos afirman que son necesarios para “acceder” al voto, como si esto no fuera un derecho que ha sigo ganado con la sangre y el sufrimiento de las generaciones que nos anteceden. Adicional, ciertos comunicadores de ultraderecha comparan mágicamente el acceso al derecho al voto, con el acceso a un trámite administrativo como lo es una licencia de conducir; por eso señalo con claridad su ignorancia sistémica selectiva; eligen bien los temas en los cuales quieren incidir, hacer una comparación y llevar la discusión a ideas que puedan manejar ignorando el contexto material.
Esto no es una simple provocación para ganar interacciones; es un ataque directo, frontal y abierto para la democracia liberal en México. Estos grupos se saben cómo una minoría burguesa que ha perdido sus nichos de poder y buscan, a través de los medios más bajos, vulgares y atroces, recuperar el poder, aunque eso signifique revocar el derecho al voto para las mayorías y otros derechos.
Y como recordatorio de que no se deben bajar los brazos en la lucha social, cierro con una cita de Simón de Beauvoir: “Nunca olvides que una crisis política, económica o religiosa será suficiente para que los derechos de las mujeres sean cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debes permanecer vigilante toda tu vida”.
