3 de diciembre de 2021 | 17:19

Día contra la violencia de género. Mi testimonio

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, quiero contar mi experiencia sobre la violencia de género.
Violencia hacia la mujer
Compartir en

Como muchas mujeres, tristemente he vivido violencia de género. No sé porqué razón el odio hacia las mujeres ha aumentado alarmantemente en estos últimos años. Lo noto en la calle al caminar: hay algunos hombres que te avientan el cuerpo como queriendo pasar por encima de ti. Lo noto en el trato de algunos hombres hacia mí muchas veces en entornos laborales: En ocasiones pienso que por el solo hecho de ser amable con ellos, creen que ya quiero “algo más”. Entonces ya no sé cómo conducirme o cómo hablarles, y después me siento culpable y pienso: “no debí de ser amable”, cuando en realidad nunca es culpa de una mujer sufrir acoso y abuso.

Mi padre fue de un carácter muy duro, durante mucho tiempo violentó a mi madre de manera psicológica... de una manera brutal.  Nunca la golpeó, pero sus palabras sí nos golpearon. Su trato hacia ella fue realmente cruel. Lo mismo hacía con mi única hermana. Un padre siempre responsable, eso sí: nunca nos faltó nada. Pero desquitó en nosotras toda la rabia que sentía hacia su madre que lo abandonó emocionalmente y descuidó por estar viviendo su juventud (la madre de mi padre se embarazó muy joven).

Mi madre aceptaba esta forma de trato porque ella no encontraba la salida y creo que a pesar de todo lo amaba. Y mi hermana lo adoraba también. Yo también lo amaba en el alma (ya falleció) pero me rebelé ante su maltrato por lo nuestros pleitos eran continuos. Después entendí que él era así por su historia, y por lo que él había aprendido de la mujer más importante en su vida, su madre, que no era suficiente ni valioso ni importante... ni amado. 

Desde entonces, por mi padre aprendí que yo no estaba para servirle a ningún hombre, ni tampoco permitiría ser abusada por ningún hombre ni humillada. No sería de esa clase de mujer que le sirve la comida al marido o que pide permiso para salir. Las mujeres no estamos para servirle a nadie. Estamos para estar con el mismo derecho que el hombre tiene de estar.

Durante mi vida la forma en que he tenido contacto con los hombres ha cambiado. A algunos les he perdido la confianza, otros me dan miedo y con otros más ya no me nace ser amable o simpática con ellos porque alguna vez lo fui y me sucedió que uno de ellos creyó que yo lo estaba seduciendo y que quería algo más. Cuando lo tuve de frente me dijo: “yo pensé que eras diferente y que querías otra cosa”. ¿Tan solo por ser amable, alegre y simpática con un hombre?

No sé por qué hay hombres que sienten desprecio por las mujeres. Imagino que es el propio desprecio a su persona, a su virilidad y cuerpos. Tienen baja autoestima y sienten que nunca podrán ser genuinamente amados. Entonces tienen que agredir, violentar, violar, golpear, mentir. Esos hombres que han abusado de otras mujeres son hombres que a gritos piden ser amados pero no supieron cómo obtener ese amor. No los justifico. Pero si alguien desde la infancia les hubiera dicho cuanto los amaban, la historia sería otra.

Tengo a un hijo varón adolescente, no me canso de hacerle ver que no es que a una mujer se le trate como a un pétalo de rosa porque también hay mujeres que lo acosan y lo molestan (cabe decir, mamá cuervo que mi hijo es guapísimo) pero sí trato de hacerle sentir que es valioso para mí, que es importante para muchos y que es muy bueno en muchas cosas. Porque si no generamos autoestima en niños y adolescentes tendremos adultos que llegarán a volcar toda su furia en las mujeres. Como aquellas figuras femeninas principales que les fallaron en su niñez.

De niña sufrí una experiencia muy impactante por parte de un tío. Mi mamá se fue de fiesta con mi tía y me dejaron al cuidado de ese tío. Cabe decir que era una niña de 7 años que de pronto despertó en una cama y él junto a mí. Realmente no sé si abuso de mí. No lo recuerdo. Pero recuerdo su mirada. Y me aterré. Me sentí tan avergonzada. Creo que aunque no hubiera abusado de mí no tenía porque dormir con una niña en su cama. Mi tía era la que debería de haberse acostado conmigo y no él. Y estos recuerdos me conectan a tantas mujeres que han sido violadas, abusadas, acosadas sexualmente en sus trabajos, tan solo por el hecho de ser mujer. Como si por ser mujer fuera el pase directo al derecho al abuso.

Siento que este gobierno no nos quiere ni tampoco le importamos a las mujeres. Pero me queda que claro que, siendo así, es hora de podernos cuidar entre nosotras... Nos debemos cuidar entre nosotras porque no solamente es el hombre quien agrede a otra mujer. Es la propia mujer agrediendo a otra mujer y eso también ha ido creciendo. Empecemos a cambiar nuestra forma de vernos a nosotras mismas. No somos moneda de cambio ni valemos poquito. Si no nos amamos a nosotras mismas, ¿quién?

Gracias por leerme y por permitirme esta catarsis. Yo soy esa mujer herida. Esa que golpean, esa que violentan. Hoy soy todas esas mujeres. Hoy y siempre...

Claudia Santillana Rivera en Twitter: @panaclo