La propuesta de reforma constitucional de la presidenta Claudia Sheinbaum para obligar a los futuros candidatos presidenciales a renunciar a su doble nacionalidad es ahora un tema de actualidad en la vida pública nacional. A pesar de la existencia de ciertas restricciones vigentes, no está contemplado hoy, a nivel del derecho originario, que un probable presidente, gobernador o jefe de gobierno, tuviese que dejarla.

Sheinbaum asegura que se trata de defender la soberanía nacional. La jefa del Estado tendría razón, a mi juicio, desde un concepto estrictamente lógico y jurídico, pues ciertamente un sujeto con vínculos jurídicos con más de un Estado podría dar motivo a un conflicto de interés, e incluso, a impunidad en caso de que el susodicho fuese buscado por la justicia mexicana y optase por establecerse en el otro país. Si bien existen normas internacionales que lo regulan, un eventual procedimiento de extradición en relación con un nacional implica mayores complicaciones procedimentales.

Por tal motivo Marcelo Ebrard podría ser víctima de la reforma. Es nieto de ciudadanos franceses, y, de acuerdo a información disponible en fuentes públicas, tiene la nacionalidad de ese país. Y a la vez, como se recordará, ha sido desde siempre un serio contendiente para ser el candidato de Morena. Si bien no pertenece al grupo duro del partido, sí que ha sido un elemento clave del obradorismo, no solamente por su relación personal con AMLO, sino por su trayectoria y cercanía con la clase política del oficialismo.

Según se ha planteado, el candidato no podría esperar a ser electo para renunciar a su nacionalidad extranjera, sino que tendría que hacerlo previo a su registro ante el INE. Sin embargo, deberá esperarse el desarrollo del proceso legislativo para conocer las normas secundarias derivadas de la reforma. Otros presidenciables podrían igualmente verse afectados por la iniciativa, tales como Javier Corral, Cabeza de Vaca o Ricardo Salinas Pliego.

Por lo tanto, monsieur Ebrard, si pretendiese presentarse a la candidatura en 2030, estaría obligado a renunciar a su nacionalidad francesa, resultase ganador o perdedor en los comicios. Sin embargo, como es evidente, las leyes valen muy poco en el México de la 4T. Habrá que ver. Por ahora, désolé, Monsieur Ebrard.