El jueves pasado, el día en que el empresario mexicano, Sebastián Figueroa asumió la presidencia del Instituto Mexicano de Mejores Prácticas Corporativas A. C. (IMMPC), con la misión de democratizar y dar un nuevo impulso a las mejores prácticas corporativas en México, se mencionó -venturosa y providencialmente- algo que muchos observadores y analistas financieros han venido invocando a lo largo de estos últimos siete años: el retorno a una postura de defensa de las empresas familiares y los pequeños emprendedores (no solo de los grandes empresarios) de parte de los organismos cúpula empresariales mexicanos.

Mucho se ha insistido… mucha tinta ha corrido desde poco antes del 2018, en que se instalase el gobierno de la “Cuarta Transformación” que, entre otras virtudes, ha mostrado la de tener muy clara su posición en el juego de esa historia de vaivenes y péndulos que hoy le ha tocado protagonizar desde el poder.

Y sus políticos empoderados han sabido asumir (por imitación a sus antecesores) los retos y protocolos que deben desarrollar para mantenerse en el poder. Uno de ellos es el juego de cooptar a la plutocracia o establishment, consintiéndola y hasta compartiéndole parcialmente el poder.

En estos años de 4T, los gobiernos no han tratado mal a los grandes empresarios tradicionales de México; los que nos dan prestigio ante el mundo los que todos conocemos. Al contrario: se ha visto que estos grandes empresarios han visto incrementar sensiblemente sus fortunas; más incluso que durante el prianismo dorado.

Y en materia política igual: Los primeros políticos que son llamados a dialogar en elegantes y poderosas mesas de cada entidad federativa, cada que se agudiza un problema social o coyuntural o simplemente, cada que se presenta la necesidad de escoger candidatos a los principales cargos de representación popular o autoridad, son los grandes potentados de ese estado o región de la que se trate.

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Así, como ejemplo, ponemos a una de las entidades icono de la problemática posmoderna mexicana: Sinaloa.

Ya sea Omar García Harfuch, actual secretario de seguridad federal (y una especie de superdelegado plenipotenciario del Gobierno Federal) como el actual gobernador Rubén Rocha Moya, de muy triste desempeño, se reúnen cada que hay un “bomberazo” o “emergencia de seguridad” en ese estado, con la cúpula empresarial que en la mayoría de los casos vive ya dentro de los límites geográficos de ese estado supuestamente para tomar el pulso del problema y tomar decisiones trascendentes. Igual que lo hacían el PRI y el PAN. Nunca se reunían con el pequeño o mediano emprendedor o industrial ni con el pequeño restaurantero nunca un “foro popular para abordar los problemas con quienes realmente lo viven”.

Hoy, sucede lo mismo en los gobiernos de Morena.

En cuanto supo Rubén Rocha Moya que la prensa empezó a manejar con insistencia la necesidad de que surgieran aspirantes o precandidatos a alcaldes y gobernador, personificados en gente buena positiva, surgida al margen del crecimiento súbito y reciente del arribo al poder de esta nueva clase política morenista o del grupo rochista, inmediatamente Rocha y su gobierno inventó eventos públicos donde nombró a gente como Jesús Vizcarra Calderón, uno de los personajes invocados por la prensa local y nacional, así como por la gente en general, para encabezar membretes donde honoríficamente el empresario encabece políticas públicas en beneficio de Culiacán y la zona centro del estado que entre otras cosas aporta más del 35% de la votación estatal.

Y así seguirá muy probablemente, con Agustín Coppel Luken y con Manuel Clouthier Carrillo.

Pronto veremos a estos personajes también siendo nombrados como “guardianes de los arbolitos y el equipamiento urbano de las ciudades de Sinaloa” o de la “espuma de las playas” del Mar de Cortés, involucrándolos a fin de “mostrar el músculo” el gobierno local. O en un afán de cooptarlos.

La gente quiere ver a Rocha Moya consultando a la población de abajo, a los pobres y a los clasemedieros, para que le informen cómo están las cosas realmente en el plano económico, político y de la seguridad.

Preguntándoles a los emprendedores familiares qué piensan de la gran mortandad empresarial que se registran en Culiacán y en Mazatlán.

A nivel país, según el nuevo dirigente del IMMPC, Sebastián Figueroa reconoce que más del 90% de las empresas en México son familiares. Menos del 10% de estas organizaciones logran llegar a la tercera generación.

Pero en los últimos años caracterizados por la violencia en este país, el 70% de los negocios que se han abierto, con formalidad o no, no sobrepasan los tres años en promedio.

¿Qué es el IMMPC?

La cultura empresarial se forma y se forja, incluso, desde el esfuerzo compartido de los interesados.

En el caso de México y de muchos países donde se practica o se pretende practicar -aún de manera libre y legal- una economía de mercado, existen cámaras de agremiados o corporativos defensores de la actividad empresarial en los diferentes ramos de la actividad en lo específico.

Son auténticos brazos técnicos, de quehacer intelectual y hasta científico donde se buscan y encuentran pormenorizadamente, causales de deterioro o de avance de la actividad empresarial en México… y específicamente del ramo de que se trate cuando es el caso.

Eso es, por cierto también, el Instituto Mexicano de Mejores Prácticas Corporativas (IMMPC), donde se formalizó la semana pasada el relevo en su presidencia, confiándole a Sebastián Figueroa las riendas del organismo, en su calidad de nuevo líder del Consejo Directivo.

Figueroa es un destacado empresario con una trayectoria sólida en el ramo energético; asume el cargo con el compromiso de transformar la percepción técnica de las mejores prácticas en herramientas vivas y accesibles para todo el ecosistema empresarial mexicano.

Cabe señalar que, durante el evento de transición, se destacó la labor del presidente saliente, Ángel Contreras, y de Jesús Ascencio, quienes desde 2011 han consolidado al IMMPC como un referente en investigación, capacitación y evangelización sobre gobierno corporativo y empresas familiares.

Y a diferencia de perfiles meramente técnicos, Sebastián Figueroa llega a la presidencia tras haber implementado con éxito estos modelos en su propia organización familiar. “Yo vivo el gobierno corporativo en el día a día. No vengo a hablar solo desde la teoría, sino como alguien que entendió que las reglas claras y el orden son los únicos instrumentos que eviten que una empresa familiar se convierta en una historia de terror”, afirmó Figueroa.

Pues así francamente lo deseamos, que se empiece a construir una nueva etapa donde los organismos empresariales recobren la voz crítica desde su posición apolítica y donde se reivindique la importancia de construir una clase media fuerte, vigorosa, permanente, que consuma y produzca lo suficiente para mantener sólida la estructura del mercado nacional.

Dice Sebastián Figueroa, que la nueva gestión buscará romper el mito de que el gobierno corporativo es exclusivo para grandes consorcios, enfocándose en la supervivencia de las empresas familiares.

Vamos a ver si es cierto… así lo esperamos.

Héctor Calderón Hallal en X: @pequenialdo

@CalderonHallal1