El detrimento de los contrapesos, derechos e instituciones autónomas en nuestra nación no es exclusivo de las personas que están actualmente en el poder, como se nos ha hecho creer; es decir, tanto gobiernos que se asumen como de izquierda como de derecha han optado en algún momento de la historia por dinamitar en mayor o menor medida la frágil democracia mexicana y sus organizaciones en aras de conservar su superioridad electoral y facultades metaconstitucionales sobre sus adversarios políticos, cuestión que nos debe preocupar y ocupar a todas y todos.
Nadie debe estar por encima de la ley, salvo que esa ley se vuelva o se cree de manera injusta, pero parece ser que no nos estamos dando cuenta de que, de tanto menoscabar de poco en poco la democracia, puede ser que lleguemos a un punto sin retorno; es decir, de un lado y del otro aplican la estrategia de cocinar ranas, es decir, las meten a guisar vivas en agua caliente, pero no en agua hirviendo para que no intenten salir, y como esta no les afecta del todo, de manera paulatina siguen subiendo la temperatura del agua hasta que se encuentre en punto de ebullición y las mate sin que estas puedan hacer ya nada al respecto por salvarse.
Lo dicho por la abogada y catedrática “Nat Torres” hace un par de días no es casualidad ni es para menos, pero quise dejar pasar todo el hype y hate que había en torno a ella para evitar caer en el lugar común de muchas y muchos que salieron simplemente a insultarle bajo una crítica ramplona en el mejor de los casos para no caer en lo mismo; sin embargo, no quita gravedad a sus palabras porque eso que dijo en un podcast es la muestra del pensamiento y narrativa de extrema derecha que se viene acuñando en diversas partes del mundo, y por ende México no es la excepción.
La vuelta a la extrema derecha, que es altamente antidemocrática, es peligrosa porque en algún momento puede ser que no haya un retorno fácil a los derechos sociales y garantías individuales (y colectivas) que se fueron gestando durante siglos de lucha por diferentes pugnas, porque lo más probable es que no va a existir un aparato democrático que lo permita, y ahí es donde existe el meollo del problema. Por tales motivos, debemos defender de un lado y también del otro a la democracia, y aunque hay ciertas filósofas y filósofos influencers (que se autodenominan de izquierda) que señalan que el modelo poco democrático chino de partido hegemónico es la única vía hacia el progreso social hoy en día, la realidad es que cualquier régimen, sea del espectro político que sea, que pulverice derechos no es bueno del todo porque acabará convirtiéndose en un sistema autoritario.
En Latinoamérica se está impulsando, por medio del presidente Donald Trump, ese regreso al neoliberalismo antidemocrático que pretende destrozar el estado social o de bienestar de los países no alineados a los intereses yanquis. Eso es altamente preocupante porque vulnera la soberanía nacional de sus gobiernos, pero también porque a los gringos no les interesa defender la democracia, ni la libertad individual ni colectiva, ni el medio ambiente, solamente ser los dueños sin restricciones de los recursos de Latam bajo la —doctrina Donroe— como le han llamado. ¡Nos leemos pronto!
