Excelente el viaje de la presidenta Sheinbaum a España. Que, si bien, es en más medida a Cataluña, es un paso importante de acercamiento en la relación bilateral, luego de los desagradables episodios de los abusos descubiertos, anunciados y anulados por el presidente López Obrador de empresas de capital español, como Iberdrola, Repsol y OHL y del absurdo tema de si perdones o no perdones por hechos ocurridos ¡en la conquista!

Pero, veamos, somos dos pueblos hermanos, si es que los hay en el mundo a esos niveles, entonces no es justo para esos pueblos (el ciudadano de a pie, de ambos países) que haya un distanciamiento, tanto absurdo, ridículo y 100% estéril por culpa de la mezquindad de las clases políticas en turno (el rey Felipe VI, incluido).

La relación bilateral es imperativo, sea vigorosa, cercana, solidaria, una fructífera sinergia vaya, que de paso serviría de ejemplo para unir a la hispanidad toda en objetivos vitales y comunes. Dos ejemplos pudiera dar al respecto: no existe una interlocución diplomática, en la que se trabaje en asesoría del gobierno de México al de España en el tema de la vivienda, que en el país ibérico es un drama y que en nuestro país el Estado lo ha gestionado de forma exitosa hasta el dia de hoy.

En tanto, en sentido opuesto, de España a México, perdemos la oportunidad de su auxilio en el reciente tema de un derrame de petróleo en el Golfo de México. El país auropeo tiene una experiencia, a la postre exitosa, en combatir ese tipo de problemas, por sobre todo en el desastre del derrame del buque PRETIGE en 2001 cerca de las costas de Galería (de los más graves de toda la historia), que fue un desastre para la región entera, pero que salieron adelante y poseen el know how.

Una pena, que se desperdicie así el potencial de algunas de nuestras embajadas, algunas por cierto, reducidas a hoteles de lujo para el hijo de un miembro del gabinete federal.