Más allá de las estadísticas que inundan los informes gubernamentales, siempre hay historias que no se alcanzan a contar. Cuando leemos que Colima redujo un 83% los homicidios dolosos entre abril y septiembre de 2026, pasando de 63 tragedias mensuales a 11, el verdadero logro no está en la frialdad de las cifras, sino en su significado más profundo y humano. Son 52 familias que este mes no tuvieron que llorar a un ser querido. Es, poco a poco, el regreso del aliento a las calles, este resultado comenzó con una mirada de justicia hacia quienes cuidan a cada colimense.
Durante años, caminar por Colima conllevaba un peso invisible en los hombros. La cotidianidad se construía bajo la sombra de un miedo constante. Los resultados de la estrategia Baluarte demuestran que el miedo no es invencible cuando se entiende una verdad fundamental, para proteger la vida de las y los ciudadanos, primero hay que dignificar la vida de las y los policías.
El cambio de rumbo, liderado por el teniente de navío Fabián Ricardo Gómez Calcáneo al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana local, entendió que el eslabón más importante de la paz es el ser humano detrás del uniforme. No se puede exigir heroísmo ni un compromiso absoluto con la comunidad cuando se mantiene a las corporaciones en el olvido y la precariedad.
Al asumir el cargo, el secretario se encontró con apenas 10 patrullas operativas y una corporación desmoralizada. Hoy, el despliegue cuenta con más de 200 unidades, pero la verdadera transformación no vino sobre ruedas, sino en la manera de valorar a su equipo.
Dignificar a la policía en Colima ha significado saldar deudas históricas de justicia laboral. Había elementos que acumulaban hasta un cuarto de siglo patrullando las calles sin haber recibido un solo ascenso. Hoy, la realidad se reescribe con más de 700 promociones, un centenar de homologaciones salariales y un programa de vivienda preferencial que otorgará un techo propio a más de 250 familias de policías. Un policía valorado en su esfuerzo, motivado por un salario justo y con la certeza de que sus seres queridos están protegidos en casa, se convierte en un guardián incorruptible y empático.
Fortalecer el espíritu y la dignidad de las fuerzas locales es la única barrera real contra la delincuencia. La Marina aporta hoy su invaluable fuerza y tecnología de inteligencia naval, pero la meta final es heredar esas capacidades de investigación científica a una policía civil local completamente renovada, humana y profesional.
Colima nos está demostrando que la seguridad no se recupera respondiendo con violencia reactiva tras la tragedia. Se recupera con planeación, inteligencia y, sobre todo, rescatando el lado humano de las instituciones. Al cuidar, respaldar y dignificar a quienes visten el uniforme, el estado no solo está reconstruyendo su policía, está recuperando el derecho más básico e invaluable de todos y todas: el derecho a vivir en paz.


