Hay una frase que una alcaldesa de la capital de un estado no debería decir nunca en su propia conferencia de prensa, y Cecilia Patrón la dijo el lunes: gracias.
Gracias al ex gobernador Mauricio Vila por su “respaldo”, el mismo que él había anunciado el domingo en Facebook como “único e incondicional”, en un texto dirigido en realidad a otro: “a quien alguna vez participó en mi gobierno, sepa que mi respaldo es para Cecilia Patrón”. El mensaje era para Liborio Vidal. La alcaldesa, sin que nadie se lo pidiera, se puso en medio para firmar el recibo. Mérida tiene casi un millón de habitantes y la alcaldesa fue electa por ellos. Ese es el único respaldo que debería contar en el Palacio Municipal. Cuando Patrón agradece en público el apoyo del senador, lo que hace es decirle a la ciudad que su candidatura, si la hay, viene de arriba antes que de las urnas; que es la candidata de un grupo antes que la alcaldesa de todos.
La tesis incómoda es esta: el domingo Vila la proclamó y el lunes ella aceptó la proclamación. En política las jerarquías se construyen con gestos así, y ese gesto la dejó un escalón abajo de quien ya no gobierna. Es difícil imaginar a Ana Rosa Payán, la primera mujer que gobernó Mérida, agradeciendo en conferencia la bendición de un ex gobernador. Payán discutió con su partido, perdió peleas y rompió cuando tuvo que romper, y la ciudad la recuerda por eso. Patrón tenía el lunes la oportunidad de decir una frase sencilla: “a mí me eligieron los meridanos y a ellos les respondo; lo demás es asunto del partido”. Habría sido verdad, habría sido elegante y la habría colocado por encima del pleito entre Vila y Renán Barrera.
Eligió lo contrario: tomar partido en una guerra que no es suya, en el bando del que la tutela. El momento, además, fue el peor posible. En la misma conferencia la alcaldesa confirmó dos vacantes de primer nivel, sin nombres y sin motivos, un día después de que Liborio Vidal se registrara en el proceso interno de Morena. Un comunicador local habló de despidos; ella habló de “cambios”. Nadie en el Ayuntamiento ha explicado si los funcionarios se fueron o los fueron. Y en ese contexto, con su estructura territorial en duda, la alcaldesa dedicó su mensaje a agradecerle a Vila y a decir que no entrará en “politequerías”.
Fue una conferencia política de principio a fin, y la política que hizo fue la de someterse. Vale el matiz. Patrón no inventó esta dependencia; la heredó. Llegó a la alcaldía como parte de un proyecto que lleva treinta y cinco años administrando Mérida como una sucesión entre grupos, y en ese esquema la alcaldesa en turno siempre le debe algo al gobernador anterior. Lo que sí decidió ella fue hacerlo explícito en el peor momento, cuando lo que la ciudad necesitaba ver era a una alcaldesa en control de su equipo y de su proyecto.
Vidal tiene sus propias cuentas que rendir, y la encuesta de Morena dirá si las rinde. Pero el contraste que dejó el fin de semana es claro: uno se sometió al método de su partido y la otra al jefe del suyo. A las mujeres que llegan a gobernar se les exige el doble y se les perdona la mitad; es injusto y es cierto. Precisamente por eso, el gesto de agradecer públicamente la tutela de un hombre que ya no tiene cargo en Yucatán le costará más a Patrón de lo que le habría costado a cualquier alcalde. Ella lo sabe, y aun así lo hizo. Esa es la noticia del lunes: la alcaldesa de la ciudad más grande del sureste pidió permiso en voz alta, y el que se lo dio ya no vive en Palacio.
