Que nos ayude Google con las definiciones:
Cipayos: Soldados indios que servían en el ejército de la Compañía Británica de las Indias Orientales durante los siglos XVIII y XIX. Aunque eran nativos, estaban bajo el mando de oficiales británicos. Actualmente la palabra cipayo se utiliza de forma despectiva para llamar a alguien traidor a la patria. Se aplica a personas que defienden intereses extranjeros por encima de los de su propio país. Es un sinónimo de vendepatrias o alguien con mentalidad colonialista.
Vidkun Quisling: Político noruego cuyo nombre se convirtió en un sinónimo universal de colaboracionista o traidor. Durante la Segunda Guerra Mundial, Quisling facilitó la invasión de la Alemania nazi a su propio país. Se le considera un líder títere. Fue nombrado jefe del gobierno noruego bajo la ocupación nazi. Su administración colaboró activamente en la persecución de judíos y en la represión de la resistencia noruega. Tras la derrota de Alemania, fue juzgado por alta traición y ejecutado por un pelotón de fusilamiento. La palabra quisling entró en el diccionario inglés (y se usa en ciencias políticas) para describir a un ciudadano que colabora con un invasor extranjero contra su propia nación.
El simplismo claudicante de Jorge Castañeda (canchanchán de Vicente Fox) y Aurelio Nuño (adlátere de Enrique Peña Nieto)
En El Universal, Jorge Castañeda publicó un artículo en el que insulta a la presidenta Claudia Sheinbaum, “México: simplismo soberanista agotado”.
Un intelectual tan preparado como mi amigo Jorge pudo ser más serio, pero se dejó llevar por la pasión política e ideológica y no logró evitar caer en la ofensa barata. Es muy vulgar decir que ciertas expresiones soberanistas de la presidenta de México —relacionadas con las amenazas de EEUU de intervenir en nuestro país—, no surgen de una idea legítima de la soberanía, sino que se trata de dichos propios de un “echeverrismo cantinflesco maravillosamente mexicano”.
El análisis de Castañeda, decepcionante en alguien tan inteligente, esta vez quedó en foxismo baquetón amaneradamente priista y panista; digo, el querido Jorge entenderá que con la misma vara que él mide, debe ser medido, y por supuesto que esto no es pleito, sino diálogo.
Solo hay dos explicaciones posibles a los muy pobres argumentos de Castañeda para cuestionar las tesis soberanistas de Sheinbaum: la primera, que este intelectual es como los colaboracionistas cipayos o como el traidor Vidkun Quisling; la segunda, que quiso promover un artículo de Aurelio Nuño que nadie había leído porque se publicó en un medio sin lectores que, la verdad sea dicha, vale gorro, La Aurora, dirigido por otro imitador de Quisling, pero más chafa, Pablo Hiriart.
Según la IA de Google, tiene sentido comparar con Vidkun Quisling a no pocos intelectuales, políticos y periodistas conservadores de México, como los dos exfuncionarios de gobiernos de derecha que aquí he mencionado —Castañeda fue canciller con Vicente Fox; Nuño, secretario de Educación y jefe de asesores con Enrique Peña Nieto—.
Castañeda y Nuño, inteligentes y estudiosos ambos, han puesto su intelectualidad al servicio de una ideología de orden racial y diseñada solo para proteger ganancias empresariales: la de la ultraderecha global y nacional —en la que son figuras principales personas muy radicales como Ricardo Salinas Pliego, propietario de Elektra y TV Azteca, y el presidente argentino Javier Milei—.
Tanto Jorge Castañeda como Aurelio Nuño se consideran, evidentemente, globalistas pragmáticos; de ahí su rechazo al discurso soberanista de la presidenta Claudia Sheinbaum. Según ellos, México no tiene fuerza para ser soberano, por lo que claudicar ante EEUU es la única opción que le queda a nuestro gobierno. Por eso hablan de un simplismo soberanista agotado. Pero esto, para cualquier persona con vocación verdaderamente patriótica, es el primer paso, intelectual por ahora, hacia la entrega total de México al poder superior del gobierno estadounidense.
¿Se darán cuenta Castañeda y Nuño que con sus textos quedan como facilitadores intelectuales de una invasión extranjera, del tipo que sea, a la nación mexicana?
Para intelectuales tecnócratas como Castañeda y Nuño lo único ético es salvar la economía y la estabilidad, incluso si ello implica ceder soberanía. La presidenta Sheinbaum tiene, y la aplica en estos casos, otra idea de la ética política —distinta a la del vasallaje de los colaboradores de Fox y Peña Nieto—: defender a la nación, con toda la fuerza de la dignidad, y con el apoyo de la mayoría de la sociedad mexicana, ante las presiones externas.
Jorge Castañeda y Aurelio Nuño no debaten sobre las relaciones exteriores de México, sino que más bien plantean el comienzo de una estrategia para la entrega definitiva de México a intereses extranjeros. Lamentable simplismo entreguista de ambos: los dos parecen disfrutar su papel de mucamos al servicio de un poder externo.
No creo que sea el caso de Nuño y Castañeda, que seguramente actúan como Vidkun Quisling por simple apasionamiento ideológico, pero detrás de ellos, sobre todo quienes patrocinan al medio que nadie lee en el que publica Aurelio Nuño, la traición no es un asunto de principios equivocados, sino de simple crematística, esto es, puro comercio y amor al dinero que han perdido con los dos gobiernos de izquierda que ha tenido México. Por eso, y solo por eso detestan la lucha por la soberanía que encabeza la presidenta Sheinbaum. Son dos de no pocos políticos, intelectuales, empresarios y periodistas identificados con el PRI y el PAN que descaradamente se venden y, en el colmo de la ingenuidad, piensan que en EEUU sobrarán quienes los compren.


