Espero que el nutrido grupo de opinólogos que culpan a los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheinbaum de estar acabando con la industria aérea mexicana, ahora tengan un poco de dignidad y reconozcan que su amado sistema estadounidense, faro de “libertad” y ejemplo viviente de cómo se debe gestionar la aviación, hoy está más hundido que nunca, y con un paupérrimo nivel de seguridad.
Hace un par de días, el secretario del Departamento de Transporte (DOT por sus siglas en inglés), Sean Duffy, declaró: “El número de controladores de tráfico aéreo que se reportaron enfermos desde que comenzó el cierre del gobierno, la semana pasada, ha experimentado un ligero ‘aumento’ en el personal de tráfico, en un 50% en algunas áreas”.
El cierre o “shutdown” del gobierno norteamericano está generando serias repercusiones sobre la seguridad aeronáutica. El mismo día que se anunció este cierre, hubo un incidente (no accidente) que involucró dos aviones de la aerolínea regional de Delta Airlines, concretamente con el subarrendador del servicio Endevoir Air, en el Aeropuerto de LaGuardia, uno de los tres aeropuertos que tiene la ciudad de Nueva York.
A ese evento hay que sumarle otro sucedido hace un par de días: Un helicóptero médico, de la empresa REACH Air Medical Services se estrelló en una autopista en las cercanías a la ciudad de Sacramento, California. El resultado fue de tres personas gravemente heridas y en estado crítico; como se podrán imaginar, al estar obstruida la Agencia Federal de Aviación de Norteamérica (FAA, por sus siglas en inglés) por decisión del gobierno, no puede gestionar ninguna investigación, porque por el momento “están cerrados”.
¿De qué tamaño es la afectación que se tiene con el cierre del gobierno de los Estados Unidos? El cálculo que tiene la FAA, es que más de 13 mil controladores de Tráfico Aéreo (CTA) están laborando sin pago alguno y la respuesta ha sido que un gran porcentaje de ellos se ha “incapacitado”, lo que ha generado un gran movimiento del personal que sí está disponible, y que además están doblando turnos, finalmente eso es el caldo perfecto que termina por vulnerar la seguridad.
En el mismo caso está la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés), trabajando sin pago alguno, porque su labor es esencial para la seguridad de las operaciones aéreas en los cielos norteamericanos.
Pero pongamos atención, porque esto no solamente afecta a las aerolíneas de dicho país, sino a todas las extranjeras que sobrevuelan el espacio aéreo norteamericano.
El sindicato de los controladores aéreos, la “National Air Traffic Controllers Association (NATCA)”, le ha pedido a sus miembros que no dejen de ir a trabajar, porque se requiere su presencia para salvaguardar la seguridad en las operaciones de los aeropuertos.
En recientes declaraciones a la agencia de noticias Reuters dijeron: “Es normal que algunos controladores se reporten enfermos cada día; esto es solo otra evidencia de cuán frágil es el sistema de aviación ante la escasez nacional de estos profesionales clave”.
Lo que queremos saber es cómo ha afectado este cierre a las operaciones aéreas. Según el medio FlightAware, por lo menos el lunes tuvieron el reporte de más de 4 mil vuelos demorados, y en casos de aeropuertos con un alto tránsito aéreo, las afectaciones fueron las siguientes:
- Newark, 19% de retrasos en los vuelos.
- Denver, 29% de retrasos en los vuelos.
- Las Vegas, 15% de retrasos en los vuelos.
Y casos más graves como el aeropuerto O´Hare de Chicago que alcanzó casi 6 mil vuelos demorados el lunes pasado. De hecho, los trabajadores manifestaron que no habían experimentado algo similar desde la temporada de verano del 2022, tras la reactivación de vuelos tras la pandemia de Covid.
Ante este desgarriate, la FAA informó que para combatir el ausentismo de los controladores aéreos y poder manejar los estándares mínimos de seguridad, procedieron a que en varios aeropuertos del país vecino se restringieron ciertas operaciones; en buen español, se eliminaron varios slots (los tiempos que se usan para despegue y aterrizaje de un vuelo), lo que se traduce en menos operaciones por hora, para poder garantizar la seguridad en el sistema y evitar la sobrecarga de trabajo.
Esto trajo molestias a los usuarios, porque se han cancelado vuelos, demorado otros, y se ha tenido que rehacer toda la planificación de los slots para poder tener un número de vuelos por hora que sea manejable para los pocos controladores que sí se están presentando a laborar, a pesar de la falta de pago.
En conferencia de prensa, Sean Duffy declaró al respecto: “Si tenemos aumentos en ausencias, reduciremos el flujo en línea con una tasa segura para los estadounidenses, lo que significa que la prioridad sigue siendo la operatividad segura por encima de la cantidad de vuelos o la agilidad del servicio. Algunos se preguntan si tendrán que buscar un segundo empleo, mientras enfrentan la carga laboral actual”.
Todo esto es a raíz de que el Congreso norteamericano no se pone de acuerdo, y sigue en pausa el financiamiento a las agencias federales, porque el ente naranja que los gobierna cree que las cosas funcionan por sí solas, o por arte de magia.
Y es que la crisis actual nació cuando Trump ordenó un recorte al presupuesto de varios programas, entre ellos el de transporte y el del clima. Como no cree que exista el cambio climático, su decisión terminó afectando a la aviación, no solo a la de su país, sino a nivel global. Lo peor es que no se ve para cuándo se pueda tener una solución al cierre del gobierno federal del vecino país.
Si de por sí gestionar el espacio aéreo gringo es una tarea titánica, en la actualidad se tiene en Estados Unidos un déficit de controladores aéreos de por lo menos 3,500 plazas; los que hora están laborando lo hacen con jornadas extendidas y con unos niveles de estrés que no me quiero ni imaginar.
Varios compañeros que están dentro de la industria aérea han cuestionado: ¿Y a ellos quién los califica?, ¿quién los sanciona? En los hechos la FAA se ha autonombrado el “regulador del mundo de la aviación”, pero es incapaz de ofrecer operaciones seguras, pues tiene aeropuertos con falta de controladores aéreos y quienes están, lo hacen trabajando larguísimas jornadas, lo que termina de igual manera vulnerando la seguridad.
¿La solución es recortar slots? A ver, déjenme ver. ¿No fue por eso que terminaron la “alianza” entre Delta y Aeroméxico? Dijeron que porque “se recortaron slots” en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).
Sé de sobra que aquí en México los “expertos en aviación” harán total mutis de lo que está pasando en el vecino país, porque es justamente lo que predicaron que iba a pasar en México, pero la realidad está siendo muy distinta.
Reconozco que la aviación mexicana no es perfecta y que nos falta muchísimo todavía, pero no estamos al borde del abismo como en el caso norteamericano, y todo porque quien gobierna, y sobre todo los que están al frente, no saben absolutamente nada sobre cómo gestionar una industria tan importante como lo es la aviación; para ellos es mejor ponerse a pelear con México porque les hacemos “competencia desleal”.
Eso sí, los pseudo expertos mexicanos pueden gastar ríos interminables de tinta culpando a los gobiernos de la 4T y dándole la razón a quien de verdad está acabando con la seguridad dentro de la industria aérea.



