Los análisis de las implicaciones geopolíticas del ataque en Venezuela por parte de Estados Unidos apuntan a un recrudecimiento en la confrontación con China y Rusia, lo que traerá, sin duda, acomodos en distintos ámbitos de las relaciones internacionales, sobre todo comerciales.

Estados Unidos ya había detectado su vulnerabilidad tecnológica cuando se cerraron ciudades en China durante la pandemia de Covid-19, la escasez de chips de alta tecnología paralizó industrias importantes como la automotriz y militar, de allí que se hablara de la relocalización productiva de insumos que tienen implicaciones con la seguridad nacional y fabril del vecino del norte, denominado el fenómeno como nearshoring, siendo México el lugar estratégico para la instalación de esa industria.

Este será uno de los fenómenos paralelos que veremos en el corto plazo con el aumento de la conflictividad económica-militar global por los últimos acontecimientos internacionales.

Hay que agregar que estamos en la antesala de la renegociación del T-MEC, en donde el tema laboral ha sido un factor importante en la agenda de Estados Unidos, pues ha señalado que persisten las violaciones de derechos individuales y colectivos de forma sistemática en nuestro país, la subcontratación, la falta de contratación colectiva y la nula libertad sindical, que fueron pilares del anexo 23-A del primer T-MEC. Habrá presión extraordinaria a la que se venía experimentando.

Se necesita un cambio de visión y operadores que no repitan la simulación que vivimos en el tema laboral y sindical con la reforma de 2019 y la entrada en vigor del primer T-MEC.

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México ya no tiene la convicción de ser una fábrica de asalariados de pobreza extrema, el modelo económico y el sistema resulta incompatible con el modelo que prevaleció durante los últimos 35 años de neoliberalismo, este puede ser un momento parteaguas de la historia del trabajo en México, al tiempo.

X: @riclandero |Vladimir Ricardo Landero Aramburu. Maestro en derecho por la UNAM