Tratando de hace un análisis desde mi propia experiencia y como profesional en psicología que soy: Observando la personalidad de la gente que conozco que ama e idolatra a AMLO, conociendo nuestra “cultura”  y nuestro arraigo al sueño americano, al famoso “american dream”, el deseo de tener paz por un lado pero la frustración de no poder alcanzar mejores condiciones de vida y llenarnos de complejos de inferioridad, son algunas de las cosas que me ha llevado a entender el  porqué millones de personas se identifican con el presidente.

Diría, para empezar, que este sector de mexicanos que lo admitan e incluso hasta le quieren, por lo general viene de la pobreza en sus etapas más tempranas, de vidas en su niñez y en sus adolescencias con muchas carencias económicas pero también afectivas.  

El tema “pobreza” está equiparado para mucha gente como un trofeo, como una condición humana necesaria para ser valioso. Es decir, entre menos tengas eres más valioso y entonces sí vales la pena como persona. La “jodidez” es la opulencia de las mentes pequeñas.

El discurso que repite AMLO todos los días retumba sobre todo en las personas de la tercera edad, que no tuvieron muchos recursos económicos y que por el estado en el que vivieron sus vidas piensan que tampoco se merecen nada mejor. Sus mentes los traicionan y les recuerdan que si fueron pobres, tienen que seguir siendo pobres, porque si quieren tener más traicionan ancestralmente a los suyos.

Es así como el presidente hace apenas unos días dijo que a él no le haría  feliz hospedarse en un hotel de lujo en sus vacaciones que porque  eso era inmoral y que ni dormir podría  por el cargo de conciencia. Platicando con una señora de la tercera edad, ultra obradorista y sin querer caer en confrontaciones ni enojos, le pregunté si a poco era verdad que ella no querría hospedarse en un hotel de lujo, ya con unos tequilas encima me confeso que claro que sí, pero ella cree no merecer esto. Querer hospedarse en un hotel de lujo, piensa, la haría sentir muy culpable. Así que aunque tenga el dinero preferiría hospedarse en un hotel humilde porque eso le ayuda a sentirse mejor como persona, aun cuando anhelara y tuviera con que  hospedarse en un hotel de cinco estrellas.

AMLO conecta perfectamente con esa emoción de carencia y de necesidad. Porque él hace que la gente necesite de él. Y  lleva al extremo a las personas  para que necesiten de él.

Obrador necesita sentir que se le necesita. Eso lo hace sentir vivo, de eso se alimenta. ¿Y cómo poder hacer que necesiten de él todo el tiempo? Pues sumiendo a la gente en la carencia y en la pobreza. En no querer aspirar a nada más, porque si la gente se valorara  y se diera cuenta que merece mucho más de lo que tiene, ya no necesitarían al presidente que da dinero pero a cambio pide lealtad y sumisión.

Ese tipo de conductas son violentas y están tipificadas en los códigos de violencia como violencia económica.

El presidente hace una oda al pobre y al que quiere dejar de ser pobre a través del narcotráfico y el crimen organizado lo abraza, pero repudia al que tiene doctorados, al que viaja, al que tiene dinero porque trabaja y se esfuerza.

Quiere a los jóvenes comiendo de su mano. Incluso mi hijo en su “inocencia” a sus 13 años me ha dicho que no estaría nada mal que Obrador se reeligiera ya que así nada más cobrara su “pensión” y no tendría  que esforzarse por nada más. ¡Imaginarán que casi me da un infarto!

Pero sí: a los jóvenes los tiene sumidos en una infinita pasividad y conformismo. No hay sueños, no hay anhelos pero les admira y sorprende  las historias de vida como las del Chapo y otros narcotraficantes.

A veces no le creo al presidente cuando dice que desea en el alma que los jóvenes se alejen de todo eso. Creo que teniendo y creando un narco estado, el se sabrá cuidado y protegido para siempre, como un Dios, donde nada ni nadie lo removerían perpetuamente.

El presidente tiene el poder pero lo está perdiendo. Y no es él el que se hunde. Él no dejará de tener guardaespaldas ni sus tres comidas al día... ni dejará de viajar... Somos nosotros los que nos estamos hundiendo.

Ayer mi hijo quiso comprarse con 20 pesos un chocolate. Resulta que el chocolate costaba 38 pesos. Así como lo leyeron: 38 pesos. Pues no, no nos alcanzó.

Nosotros estaremos viviendo las consecuencias de  los errores del presidente, sus traumas y  sus complejos; sus necedades,  y sus dolores. No alcanzo a imaginarme un México mejor al menos para mis hijos.

A veces, cuando escucho a AMLO decir con tanta seguridad que estamos mejor que nunca le quiero creer, pero luego me encuentro con que tuve que vender un bien para estabilizarme económicamente, pero me cobraron por hacer esto.

Me dicen que así siempre ha sido... ¡no lo sabía! Qué bueno que nunca tuve necesidad de hacerlo antes en mi vida, pero ahora sí tuve que hacerlo… y cuando me cobraron por esto, me puse a pensar: bueno al menos me da paz pensar que ese dinero que me cobraron por vender algo para ayudar económicamente a mi familia, le  sea entregado a quien lo necesite. Pero no… no es así. Ya sabemos a donde van a parar todos  nuestros impuestos.  

Y así el rey de reyes seguirá viviendo feliz en tantos todos nos hundimos.

Los invito a que reflexionen y se den cuenta que merecemos tener. Merecemos superarnos, merecemos trascender en la vida y que si tienes dinero, no… no eres una mala persona.

Te invito a que sueltes tus carencias, tus traumas y tus necesidades y te llenes de otras creencias nuevas.

Mientras tanto pido por ti, pido por mi…

Que Dios nos ayude.

Es cuanto.