La oposición, o lo que queda de ella, busca desesperada un motivo, por mínimo, absurdo o muy tonto que sea, para pedir a gritos que Morena no siga en el poder.

Son hipócritas, desmemoriados y perversos.

Ahora, con el penoso asunto del gobernador Rubén Rocha, todos aquellos que por años despojaron al pueblo de todo, con esa impudicia que les caracteriza piden que caiga todo el peso de la ley sobre él, que sea extraditado a Estados Unidos y que pague por los delitos que supuestamente cometió.

No es motivo de estas líneas decir si el gobernador de Sinaloa es culpable o inocente de lo que se le acusa, para eso están las instancias encargadas.

Pero debo confesar que leer, ver y escuchar a personajes tan impresentables como Alito Moreno sentirse prócer de la democracia, me produjo náuseas… o de plano, risa.

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Y es que en medio de la polémica actual, Alejandro Moreno, pide la cancelación del registro de Morena por supuestos vínculos con el narcotráfico. Nada más exhibe su corta memoria. Ya se le olvidó que el Partido Revolucionario Institucional es la organización política que acumula el mayor número de exmandatarios estatales que han sido detenidos, procesados, condenados y han pasado tiempo tras las rejas por delitos que van desde corrupción, peculado y desvío de recursos, hasta lavado de dinero y nexos con el crimen organizado.

A ellos sí les cayó todo el peso de la ley. Y esto no es nuevo.

De finales de los años 90 a la fecha, más de una docena de exgobernadores del partido tricolor han enfrentado la justicia, tanto en México como en Estados Unidos. Nombres como Mario Villanueva Madrid, Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz de 2010 a 2016, que sigue tras las rejas, o César Duarte Jáquez, gobernador de Chihuahua entre 2010 y 2016, enfrentó decenas de cargos por peculado, corrupción y desvío de más de 6 mil millones de pesos.

Pobres de los chihuahuenses, hoy tienen a Maru Campos de gobernadora, cuyo escándalo ha encabezado los titulares en la última semana.

Y qué me dicen del “gober precioso”, Mario Marín, de Roberto Borge Angulo, de Humberto Moreira, Tomás Yarrington Ruvalcaba, Andrés Granier Melo, y otros más.

En casi todos los casos, las investigaciones coincidieron en lo mismo: desvío de recursos públicos, contratos amañados, enriquecimiento inexplicable y, en muchos, vínculos directos o indirectos con el crimen organizado. Los montos defraudados ascienden a miles de millones de pesos, recursos que nunca llegaron a la gente en forma de escuelas, hospitales, carreteras o apoyos sociales.

Apoyos, que por cierto, hoy si llegan a los más necesitados gracias a los gobiernos de la Cuarta Transformación.

Y esto los tiene mal de los nervios, porque casi en vísperas de las elecciones del 2027, andan como perros rabiosos buscando agarrarse de lo que sea para cumplir su sueño guajiro de volver al poder.

Ni yendo a bailar a Chalma.

No hay forma que el pueblo olvide el daño que estos personajes, y muchos más, le hicieron a nuestro país.

Y justo, porque México es un país de leyes, no de ocurrencias, cualquier disparate, como exigir que el INE le quite el registro a Morena, es tan solo una vacilada que no beneficia a nadie.

Seamos serios, si no es mucho pedir…