Durante la contienda electoral del 2012, Twitter no tenía aún la preponderancia de los tiempos actuales, pero ya era un espacio de debate en el que se libraban discusiones de diversos niveles. En medio de esa agitación, recuerdo haber visto por primera vez en mi vida la foto de La muñeca tetona tomada por Pedro Valtierra. Tuiteros que no recuerdo la sacaban del olvido para tratar de dañar a Elena Poniatowska, una de las escritoras más comprometidas del país.

La acusación giraba en torno a su relación con el expresidente Carlos Salinas de Gortari, enemigo a muerte de Andrés Manuel López Obrador, el candidato al que Poniatowska lleva años apoyando en su búsqueda de la Presidencia. Durante las anteriores entregas de esta serie se ha documentado el contexto en el que ocurrió este encuentro y otros posteriores. En esta entrevista, la propia Poniatowska reflexiona sobre la imagen.  

- ¿Qué es lo que recuerda de Salinas de aquella época?

- Salinas era muy alerta, te miraba con mucho interés, sin distraerse. Su actitud alerta era muy bonita, de que no se volteaba a todos lados para ver. Y se veía que le interesaba lo que estaba sucediendo. Le interesó a tal grado que le pidió a Iván Restrepo que tuviéramos una segunda reunión.

Yo sí lo traté de nuevo cuando murió Guillermo Haro, mi marido. Él aquí habló por teléfono pero le colgaban, porque decía: “¿Quién habla?”. Pero sólo a alguien se le ocurre no tener un intermediario. Habló directamente, pues le colgaban: “¿Quién habla?”. “Soy Carlos Salinas”. “Ay, pues yo soy la Virgen de Guadalupe”. Le colgaban, nadie le creía.

Esa vez habló para decirme que él quería… Cuando pusieron a Guillermo Haro en la Rotonda de los Hombres Ilustres, que él quería que yo asistiera, que mis hijos… Un hijo estaba en España, en Francia, lo mandó traer. Así.

Iván Restrepo, anfitrión; Carlos Salinas de Gortari, presidente de la república; Elena Poniatowska, escritora y periodista; Carlos Monsiváis, escritor y Margo Su, durante la comida celebrada en la colonia Condesa. Mayo de 1989. Foto: Pedro Valtierra / Cuartoscuro

- En la época de Salinas se crea el Conaculta, que ahora es la Secretaría de Cultura y una larga lista de organismos y programas culturales. ¿Qué piensas que le interesaba realmente a Salinas?

- Bueno, todo lo que se haga para la Cultura es bueno. Pero acuérdate que yo soy todo menos burócrata y no sé contestar esas preguntas. Todo eso no es mi campo. Lo que recuerdo es que muy pronto salió alguien que sí considero un puntal en la cultura de México, que es el subcomandante Marcos en Chiapas, con su maravilloso discurso “De qué nos van a perdonar”. Entonces, obviamente, opacó, borró por completo a Salinas, para mí.

- ¿Cuál debería ser la relación de un intelectual con el poder?

- Yo creo que es estar lo más lejos posible, así “patas pa’ cuándo son”, lo más lejos posible del poder, del príncipe, de lo que es importante; y lo más cerca posible de la gente que va caminando por ahí en la calle.

- Usted tiene una amplia obra donde se refleja precisamente ese contrapoder. ¿Cuál es la diferencia de tratar con la disidencia, como está registrado en varios de tus libros, a —como pasa en esta foto— lidiar con presidentes o gente del poder? ¿Cómo lo vives tú?

- Para mí esa gente es el país. Y el poder no es el país. Al menos toco madera para que no lo sea. Un poder cada vez más envilecido, cada vez más ineficaz. Cuando la gente cada vez, para mí, es más admirable. No es que yo diga… Yo sí te diría “primero los pobres”. Pero no soy tan maniquea para pensar que todo lo bueno sólo está del lado de los que no tienen nada, pero a mí personalmente me interesa lo que desconozco por completo por mi medio social, desde que yo nací. Entonces, es lo que me interesa, lo que me aporta y lo que me enriquece.

-Y en la foto hay una cosa que también se me hace muy rara.

-¿Qué es?

- Mira a León García Soler: carga una muñeca muy extraña…

- Ah, sí, es que Iván Restrepo, el anfitrión de la reunión donde se tomó la foto, siempre tiene unos horribles muñecos, así como cantantes, con las chichis de fuera, y los pone en los asientos. Entonces tú, para sentarte, tienes que quitar sus horribles monos esos que tiene, así como esos osos de peluche que la gente le compra a sus novias, o a sus novios, que abarcan mucho campo, así.

- ¿Y de dónde es esa muñeca? Yo nunca había visto una muñeca así

No sé de dónde saca esas cosas horribles, pero a él le parece muy chistoso. Pero sí las tienes que quitar para poder sentarte. Pero no vayas a creer que León García Soler, que es tan serio, haya traído esa mona ahí.

- ¿Y te acuerdas del momento en el que Pedro Valtierra les hace la foto?

- No, pero siempre me acuerdo con mucha simpatía de la cara de Pedro Valtierra.

- ¿A qué te refieres?

Tiene una carita bien simpática, ¿no? De él sí me acuerdo. Y además los fotógrafos siempre tienen el papel del que está atrás, ¿no? Como tú ahora, ¿verdad? Oyendo las estupideces que dice el entrevistado.

- No, para nada, ha sido una charla interesante. Tú ahí en la foto, ¿cómo te ves a ti misma? Decía Fabrizio Mejía que tienes una sonrisa como de que no quieres estar ahí.

- No, yo donde quiera que estuviera Monsiváis era muy feliz. Lo oía a él, lo festejaba. También a Gabo García Márquez. Yo quise muchísimo a Gabo, así que yo estaba... A todos los quería. A Benjamín Wong lo quise mucho. Bueno, lo quiero. Ahí está. Yo estaba muy contenta. Te juro que tenía muy pocas mujeres, porque Margo Su era pareja de Iván; entonces siempre estaba ahí invitada. Bueno, era la que se ocupaba de todo, al lado de la Güera, la que hacía todo era la Güera. Y luego yo no sé qué… No, yo sí quiero estar ahí. ¿Por qué no habría de querer?

¡Ah bueno, estoy viendo el cocoliso de Salinas, que ahora ya no tiene ni un pelo!

- Y en esa foto están algunas de las mentes más admirables de México. ¿Quiénes faltarían ahí? ¿Fuentes? ¿Paz? ¿Quiénes consideras que faltarían?

- Piensa que los grupos intelectuales entre sí están muy separados. Frente a ese grupo habría mucho esnobismo. Salvo García Márquez o Monsiváis, finalmente todos son periodistas, y tú mejor que nadie sabes que ser periodista es estar sujeto a la espera, al ninguneo, al “a ver si se puede”, al “espérese tantito”, todo eso.

Entonces, en ese caso, ahí los únicos de la gran victoria son Gabo y finalmente Monsi, que no se dejaba. Y Monsi es un personaje muy extraordinario. Porque era pobre, de un rumbo pobre, era protestante, era hijo de madre soltera, y además era homosexual. Todo en contra de él.

Y finalmente, si analizas, claro, está Gabo, pero no por el Premio Nobel, por su actitud humana. Pero si tú analizas ahí, el que finalmente te rindes ante él y quisieras abrazarlo, aunque a él no le gustaban las mujeres, pero no importa, es Monsiváis, ¿no?

- ¿Te gusta la foto o no?

- Te juro que yo no la había visto. Seguramente la vi, pero que la tenga así en mi cabeza, para nada. Se me hace buenísima idea una entrevista para analizar esta foto. Hasta la chichona esa que le falta un pezón, parece que le dio cáncer o algo. No sé por qué a Iván le gustan esos horribles monos, hay que decírselo. ¿Ya lo entrevistaste a él?

- Pronto.

- A ver qué te dice. Te va a cotorrear de lo lindo.