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Nacional

La Muñeca Tetona: El Ateneo de Angangueo

Diego Osorno / SDPnoticias.com dom 20 ago 2017 16:00
Foto propiedad de: Especial

Hace tiempo apareció en Twitter una vieja fotografía que muestra a diversos personajes notables del México de finales del siglo XX. Entre los periodistas, escritores, académicos y artistas se encontraba un polémico presidente. Una misteriosa dama de peluche se coló también a esta imagen histórica. Esta es una serie periodística de SDPnoticias sobre la historia detrás de esta fotografía.

El fotoperiodista Pedro Valtierra solía acudir en los ochenta a tomar imágenes de las reuniones privadas de los intelectuales convocados en torno al legendario periodista Manuel Buendía, el novelista e historiador Fernando Benítez, así como el economista y columnista, Iván Restrepo, oriundo de Angangueo, un pueblo remoto de Michoacán que dio nombre a este ateneo chilango donde había por igual “ingenieros del alma” -como llamaba Stalin a los trabajadores de la palabra-, que vacas sagradas de la cultura en el México de fin del siglo XX.

A partir de 1984, luego del asesinato de Buendía -cuyos autores intelectuales siguen impunes-, Benítez se convirtió en el principal animador del Ateneo de Angangueo, el cual se juntaba en la casa de Restrepo en la colonia Condesa de la Ciudad de México. “Pienso que yo caía muy bien en el grupo. No había ningún problema e iba a retratarlos”, recuerda Valtierra, quien había trabajado con Benjamín Wong cuando éste dirigía El Sol de México, así como también en la redacción de Unomásuno con Miguel Ángel Granados Chapa, y había hecho reportajes junto a Elena Poniatowska, tres de las figuras que aparecen en la misma imagen que La muñeca tetona.

De los fundadores del Ateneo de Angangueo solo vive Restrepo, economista enfocado en el estudio del medio ambiente que desde los años cincuenta forma parte del mundo cultural, publicando columnas en Excelsior, luego en Unomásuno y actualmente en La Jornada. “El Ateneo de Angangueo se fundó por puras puntadas”, sentencia mientras lo entrevisto en su casa, la misma de aquella reunión. Restrepo conoció en 1975 a Buendía cuando éste era director de Comunicación Social del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y ahí empezó todo. “En un viaje que hicimos a Uxpanapa -relata- para tratar de salvar esa selva de la devastación que estaban haciendo las políticas gubernamentales, Manuel me preguntó que de dónde era y yo le dije que de Angangueo. En aquella época Angangueo era poco conocido porque todavía no se identificaba a la mariposa monarca como su visitante estrella, así es que él me dijo:

- Pues somos vecinos, porque yo nací en Ciudad Hidalgo.

- Ah, pues somos compadres de nacimiento.

Y entonces se comenzaron a juntar cada cierto tiempo, llamándose así mismos: el Ateneo de Angangueo.

LA CONSTITUCIONCITA

A las primeras reuniones acudían también el cuentista Augusto Monterroso y los poetas Jorge Hernández Campos y José Emilio Pacheco. Después se sumaron Carlos Monsiváis, Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, Francisco Martínez de la Vega, Manuel Becerra Acosta y una larga y cambiante lista. De ser en el inicio una tertulia improvisada donde se discutía de arte y se contaban algunos chismes, pasaron a formalizar el encuentro cada quince días para comer con un secretario de Estado y una vez al año con el presidente de la República.

“Eran reuniones no palaciegas, sino críticas, pero a la vez muy cordiales y con respeto hacia el invitado”, aclara Restrepo. 

Aunque cuando lo entrevisté no recordaba la fotografía que les había tomado Valtierra en la sala de su casa, Restrepo sí tenía en la memoria aquella reunión. “La recuerdo muy bien porque estaba por definirse la candidatura presidencial del PRI, y recuerdo que Gabriel García Márquez, después de que destaparon a Carlos Salinas como candidato del PRI, me dijo: 'Oye, tú tienes muy buen ojo porque invitaste al próximo presidente de México'. Le dije: Invité a todos, lo que pasa es que tú no estabas aquí en las ocasiones en que nos juntábamos por andar de gira artística, presentando tus novelas”.

Restrepo considera que el miembro más serio del grupo era Wong Castañeda, quien siempre hacía preguntas precisas tipo: ¿Qué porcentaje del Producto Interno Bruto se va a dedicar a la pesca?. Por su parte, Granados Chapa tenía siempre un discurso apegado a las leyes y a la presencia de la Constitución, la cual citaba de memoria. Por ello Poniatowska lo bautizó en las reuniones como “La Constitucioncita”.

Pero quien tenía el humor más ácido y no dejaba títere con cabeza, era Monsiváis, quien se burlaba de los diálogos inocuos y el esgrima de cortesía de los políticos invitados. “Eran reuniones muy correctas pero llenas de humor, de buenas preguntas, de excelentes respuestas por parte de algunos de los secretarios de Estado, aunque algunas fueron muy grises, hay que reconocerlo”. Una de estas fue la que sostuvieron con Miguel de la Madrid como presidente. “No tenía sentido del humor. No venía preparado para enfrentarse a un grupo como el que tuvo esa tarde”. De la Madrid se envolvió en un discurso tan burocrático y oscuro que Benítez lo interrumpió para decirle: “Licenciado, usted parece un personaje salido de una novela de Dostoievsky”. Luego todos se quedaron helados y se fueron yendo poco a poco, sin que el mandatario supiera cómo terminar su visita.

En cambio, las reuniones con Salinas de Gortari eran fluidas. En la de la foto de Valtierra, uno de los temas principales fue la histórica y entonces reciente ruptura que se había dado al interior del PRI, con la salida de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, quienes luego fundarían el Partido de la Revolución Democrática. Como precandidato, considera Restrepo, Salinas supo manejar la situación: contestó preguntas generales, evadió las que no quería contestar de frente, y llevó la conversación hacia temas que no tenían que ver con la política, sino con la literatura.

MICRÓFONOS DEBAJO DE LA MESA

El maestro Fernando Benítez con el expresidente José López Portillo, al fondo Manuel Buendía.

Las reuniones del Ateneo de Angangueo siempre eran en casa de Restrepo, aunque hubo invitaciones para ir a comer a la Residencia Oficial de Los Pinos y a ciertas dependencias. “Nunca quisimos aceptar ni en ninguna secretaría de Estado ni en la casa presidencial. En la casa presidencial porque las comidas son muy solemnes y hay mucho ayudante y el Estado Mayor está presente, y uno no sabe si hay de pronto micrófonos debajo de la mesa. Es un territorio que no conocemos”.

Cuando José López Portillo acudió por primera vez como presidente, hubo una estricta vigilancia, porque a cuadra y media de la casa de Restrepo había ocurrido el intento de secuestro de Margarita, la hermana del entonces mandatario. “Nos daba mucha pena a mi compañera Margo Su y a mí la llegada del presidente, porque quitaban todos los coches de la calle para que el Estado Mayor se ocupara de la vigilancia. Por esto yo tenía que ir explicándole a los vecinos, casa por casa: Mil perdones, hoy no estacionen su coche en la calle porque va a venir el presidente de la República”.

-¿Por qué tomar fotografías de la reunión? ¿por qué llamar a Pedro Valtierra para registrarlas?, pregunté a Restrepo.

-Alguna vez Pedro Valtierra se enteró de que había reuniones aquí, y a nosotros no nos gustaba que el presidente viniera acompañado. El presidente López Portillo, en sus dos primeras visitas, vino acompañado del jefe del Estado Mayor presidencial. Y como cosa rara, vino también un fotógrafo de la presidencia y no nos gustó: no nos gustó el ambiente ni nos gustó tampoco la compañía del jefe del Estado Mayor presidencial porque después vimos reflejadas en algunas columnas políticas al servicio del gobierno, parte de lo que se había tratado en la reunión y ataques a los integrantes del Ateneo, concretamente a Fernando Benítez.

Restrepo asegura que el columnista de Excélsior José Luis Mejía (“un plumífero del periodismo”, lo califica), escribía una columna al servicio del gobierno en la cual había atacado ferozmente a Benítez por defender a los indios de Chihuahua que estaban siendo víctimas del despojo de sus tierras. En esos años, el escritor e historiador estaba trabajando en Los indios de México, saga sobre los grupos indígenas mexicanos y había descubierto que el gobernador de Chihuahua y el procurador de aquella época, estaban coludidos con una mafia de talamontes que atacaba a los pueblos indios de aquella región norteña.

A raíz de ello, Restrepo le pidió a López Portillo que acudiera solo. Lo mismo con los secretarios de Estado. En ocasiones, los poderosos invitados acudían también con su jefe de prensa, si éste era conocido del grupo. En el caso del canciller Jorge Castañeda, fue Agustín Gutiérrez Canet; con Salinas de Gortari lo hacía José Carreño Carlón. “Las reuniones con todos los presidentes fueron muy amenas y muy respetuosas, tanto de parte de ellos como de parte de los integrantes del Ateneo”.

OFF THE RECORD

El escritor y crítico Pavel Granados, considera que el Ateneo de Angangueo fue un grupo de interlocución. “Eran los intelectuales más politizados, o más cercanos al comentario político y al periodismo político de los años setenta y ochenta; y fundamentalmente con la figura de Manuel Buendía, que era -yo creo- el centro del Ateneo de Angangueo”.

El otro personaje que lo animaba era la bailarina y promotora cultural, Margo Su, pareja de Restrepo. Granados estima que Margo era “una especie de reina de un cenáculo”. Había sido hermana de una vedette, Su Muy Key, asesinada a finales de los cincuenta, cuando era pareja de Félix Cervantes, empresario teatral de la época que también tenía fama de mafioso. Margo  se convirtió en su socia y aprendió del oficio, produciendo en la ciudad de México lo mismo espectáculos de Dámaso Pérez Prado que de María Victoria, Los Tres Diamantes o Lucha Villa. “Margo durante mucho tiempo fue la empresaria de la noche mexicana”, sentencia Granados.

También escribió Alta frivolidad, una novela publicada por Editorial Cal y Arena, y volvió a dar vida al mítico Teatro Blanquita. “Para mí fue una mujer que era como el vértice que unía al mundo intelectual con el mundo de los espectáculos. Era ese terreno libre en el que podía convivir la política con la literatura y con el baile. Yo creo que ella hizo posible que los intelectuales se acercaran a la cultura popular”, estima Granados.

El periodista y académico, José Carreño Carlón, actual director del Fondo de Cultura Económica, también formó parte del Ateneo de Angangueo. Recuerda haber estado en reuniones con Fernando Gutiérrez Barrios, zar de la inteligencia durante del régimen, e incluso con Jorge Díaz Serrano, director de Pemex encarcelado por un escandaloso caso de corrupción.

“Tenían una regla que era una conversación off the record. La reunión no era para dar noticias, era para dar contextos, entornos…”.  Cuando fue Gutiérrez Barrios, con su voz de violonchelo les explicó con lujo de detalle la captura de Joaquín Hernández Galicia, "La Quina", poderoso líder sindical de Pemex, detenido al inicio del gobierno de Salinas de Gortari. Para Carreño Carlón, quien también fue director de Comunicación Social durante el gobierno de Salinas de Gortari, la foto de Valtierra donde aparece La muñeca tetona es reveladora. “Y hay muchas que pudieran ser muy parecidas. Yo tengo una a bordo de un avión con los principales columnistas del país, con el presidente López Portillo en alguna de las giras. Pero esta foto sí refleja una relación bastante viva, bastante cordial -diríamos- entre un secretario de Estado con grandes probabilidades de llegar a la presidencia, que era Carlos Salinas, y hay que ver los lenguajes corporales y los lenguajes faciales de estos amigos en la foto: sin la menor tensión”.

El periodista y académico cuenta que todavía después hubo una comida que dio el presidente Salinas de Gortari en Los Pinos en los últimos meses de su gobierno, por el cumpleaños número sesenta de Elena Poniatowska. “Y ahí era un banquete muy animado, sin duda. La propia Elena llevó incluso familiares, porque era un homenaje para ella. Y todavía ahí mismo ella misma dijo: “Yo quiero invitar a mi casa al presidente” y al mismo grupo que estaba ahí. El sexenio se acabó y nunca se llevó a cabo, pero eso retrata un poco la relación que había”.

-¿Recuerda usted esta fotografía?, pregunté luego a Salinas de Gortari, mientras le mostraba la imagen de Valtierra.

- La conozco porque la tengo en la memoria. Es una visita que hice unos pocos días o semanas previas a mi postulación como candidato a la presidencia de la República, a lo que se conocía como el Ateneo de Angangueo, un lugar de diálogo, de convocatoria a reflexionar sobre los temas del momento, en el cual se departía con toda libertad y había interacción entre destacados intelectuales y algunas figuras que tenían participación en la vida política del país.

Conozco esta y otras que, durante mi presidencia, convocaron a varios de los mismos intelectuales que aparecen en esa fotografía en la residencia oficial de Los Pinos, e incluso reuniones que tuve con algunos de ellos en su propio domicilio, precisamente en el caso de Iván Restrepo, en reunión del Ateneo, ya siendo presidente de la República. Así que había una interacción constante entre el presidente y quienes representaban importantes corrientes de pensamiento en el país.

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