Internacional

Por ser Testigo de Jehová, mujer es condenada a 2 años de cárcel

Valentina Baranovskaya.Especial

Valentina Baranovskaya, de 69 años, fue condenada a pasar 2 años en una cárcel de Siberia por ser Testigo de Jehová.

México. - Valentina Baranovskaya, mujer de 69 años, fue sentenciada este miércoles 24 de febrero por las autoridades de Rusia a pasar los siguientes 2 años en una cárcel de Siberia, debido a que es Testigo de Jehová, toda vez que dicha religión no es permitida en el país.

Por lo ocurrido, se emitió a través del portal oficial de los Testigos de Jehová, un comunicado en el cual se lamenta la condena que recibió Valentina Baranovskaya.

En el desplegado, se denuncia que la sentencia de las autoridades de Rusia en contra de la mujer de la tercera edad, fue un acto al que definieron como de “crueldad sin precedentes”.

Mujer de la tercera edad fue acusada por participar "en una organización prohibida"

Reportes destacan que el tribunal de Abakán, la capital de la república rusa de Jakasia fue el que se encargó de declarar a Valentina Baranovskaya como culpable de "participación en una organización prohibida".

Al respecto, los Testigos de Jehová refieren que hasta el momento se tiene conocimiento de que Rusia, ha dictado un total de 71 condenas contra personas por su culto religioso, de los cuales 9 han corresponden a sus fieles.

Asimismo, se indica que el hijo de Valentina Baranovskaya, Román, también fue sentenciado a una pena de 6 años de cárcel, por "organizar las actividades" del grupo religioso.

Testigos de Jehová fueron prohibidos en Rusia desde 2017

Cabe destacar que los Testigos de Jehová fueron prohibidos en 2017, pues el movimiento fue calificado como "extremista" por el Ministerio de Justicia, un término vago que puede aplicarse a una organización "terrorista", a una secta o a grupos de oposición.

Las acciones en contra los Testigos de Jehová, indican analistas, se han ejercido debido a la influencia que tiene actualmente la iglesia ortodoxa rusa con el gobierno del país.

Las autoridades han puesto en marcha una política de promoción de la identidad rusa, la cual se ha identificado que está basada en un cierto conservadurismo que tiene sus raíces en el culto ortodoxo.