Este 24 de noviembre se conmemora el aniversario luctuoso de Diego Rivera, el destacado muralista mexicano pareja de Frida Kahlo, y es por ello que estamos recordamos el plagio que terminó con la amistad que mantenía con el cubista español, Pablo Picasso.

Se conocieron en 1913 en París, cuando Diego Rivera llegó becado por el entonces gobernador de Veracruz, Teodoro Dehesa, quien le asignaba 300 pesos mensuales. En ese entonces Pablo Picasso ya estaba consolidado como el mejor pintor cubista.

Se dice que fue Picasso quien visitó primero el estudio de Rivera y para 1915 el mexicano le regaló "Naturaleza muerta con botella de anís y tintero", donde dejaba clara su rápida asimilación de un lenguaje pictórico cubista. Ese mismo año, Diego acude a una fiesta de Pablo donde se da cuenta de que tiene algunos cuadros colgados viendo hacia la pared.

Motivado por la curiosidad, los voltea y descubre que uno de ellos tenía muchas similitudes con su más reciente obra, "Paisaje zapatista", la que precisamente le había mostrado a Picasso en su estudio. Para muchos expertos de arte, dicha pintura es la mejor obra cubista del siglo XX. Y la había hecho Diego Rivera, quien no contaba con mucha experiencia en el cubismo.

En consecuencia, le reclamó furioso a Picasso, pero este contestó que no le había copiado nada, pues ese era cuadro antiguo. Sin embargo, Rivera pasó sus dedos sobre la pintura y pudo notar que "Hombre apoyado en una mesa" estaba fresco, así que la pelea explotó y el español corrió al mexicano de su casa.

Lo que siguió después fue que Pablo Picasso le cerró las puertas del arte en París a Diego, que acaba de llegar y era nada conocido, por lo que Rivera regresó a México intentando olvidarse del cubismo y con la idea de emprender otro tipo de arte tomando imágenes del México antiguo pero representándolas con una nueva identidad: el muralismo.