La democracia supone que los miembros que integran una sociedad, tienen una educación de calidad, acceso a servicios básicos que les provee un buen nivel de vida, son libres pero a la vez responsables y, sobre todo, anteponen el bien común antes que el bienestar individual.

 

El PRI ha demostrado tener en sus filas a ciudadanos que no se asumen como entes libres, sino como parte de lo que el psicólogo francés  Gustavo Le Bon denominó “muchedumbre psicológica”: personas que viven la ilusión de ser tan fuertes como el grupo al que pertenecen y la renuncia a la responsabilidad personal por lo que esto implica.

 

La época de “los soldados rasos del PRI” que creímos superada, sigue más vigente que nunca, posee una maquinaria electoral bien aceitada con los recursos que los Estados y sus Virreyes proveen al partido político al que deben el cargo y la lealtad.

 

Una de las razones por las cuales la estrategia ofensiva del PAN en contra del PRI no ha funcionado, es que asumen que el objeto de su mensaje es un ciudadano crítico, analítico y reflexivo y no es así.

 

El problema, como lo he expresado en este espacio anteriormente, no es que voten por el PRI, sino que existan ciudadanos formados en este sistema educativo, que aún sabiendo cómo han administrado al país los políticos provenientes de este partido y el impacto que eso ha tenido en la vida de su familia, no tenga empacho en vender o transar el voto por una despensa o una compensación monetaria. Ese es el verdadero quid de la cuestión.

 

 

Y al final, como puede usted apreciar, estimado lector, todo se remite a un problema de Educación.

 

En evidente justicia poética, el Partido Acción Nacional, que vendió su integridad a cambio de transar con la lideresa magisterial, a quien el señor presidente Felipe Calderón le otorgó posiciones de poder claves que hicieron del SNTE el sindicato más poderoso de América Latina, paga los costos de no haber apoyado un cambio estructural en materia educativa y de seguir formando ciudadanos mexicanos ad hoc a los intereses de los poderosos en turno. Gracias, señor Presidente.

 

Debido a lo anterior y en curioso giro karmático de los acontecimientos, hoy votar por el PRI es votar por la señora Elba Esther Gordillo, aunque por razones de logística electoral, el partido haya decidido deshacer la alianza que orgullosamente proclamaron desde el inicio de la contienda presidencial. “Votaré por Peña Nieto porque es el candidato más capaz” dijo el yerno de la lideresa magisterial, el infame ex subsecretario de educación Fernando González, padre de la aberración denominada “educación por competencias”[i] en este país.

 

 

Enrique Peña Nieto

 

El señor Teflón ha sido ampliamente disculpado por el dislate en la FIL. Algunas personas le han restado importancia “¿Y eso qué tiene que ver? ¿A poco ustedes leen mucho?” decían.

 

 

Mencioné en mi artículo “yo por eso les digo que mejor no lean”[ii]:

 

Evidentemente, no es sólo el mero acto de leer o no lo que se reprocha en un aspirante a dirigir los destinos de nuestro país, sino las habilidades cognoscitivas (actitudinales, conceptuales y procedimentales) que el sujeto lector es capaz de implementar: La improvisación, la planeación por escenarios y sobre todo: la imaginación que, dice Einstein, en época de crisis, es más importante que el conocimiento, porque si seguimos haciendo las mismas cosas con los mismos procedimientos, seguramente obtendremos idénticos resultados.

 

Lo que más indigna, estimado lector, es la mentira rampante que el candidato del PRI es capaz de pronunciar sin que se le mueva uno solo de los cabellos de su engomado copetito.

 

Los compromisos firmados ante notario, que al final no lo comprometen a nada porque en caso de ganar la presidencia de México, el ejecutivo no es autónomo, constituyen una más de sus estrategias “engañabobos”, bueno sería que se comprometiera a mantener su líbido a raya. Demasiadas conquistas, hijos fuera del matrimonio, infidelidades, Gaviotas y destilaciones de amor para un aspirante presidencial que dice estar a la altura de las necesidades del país.

 

México no necesita otro Berlusconi. Gracias.

 

En conclusión: Votar por el candidato del PRI es una opción que tenemos los mexicanos formados en un sistema educativo que no permite que el ciudadano se asuma como tal, sino como miembro de un partido (cualquiera que sea) que privilegia el bien personal antes que el común.

 

Si le va bien a México, nos va bien a todos. Con Peña Nieto ¿existe esa posibilidad?

 

 

¿Usted qué opina, estimado lector?

 

 

[i] http://sdpnoticias.com/columna/4555/Plan_2011_30_anos

[ii] http://sdpnoticias.com/columna/6338/Yo_por_eso_les_digo_que_mejor_no_lean