Columnas

Los chilangos no querrán la Sputnik. Claudia y la carrera de obstáculos

AMLO y Claudia SheinbaumVictoria Valtierra / Cuartoscuro

El gobierno de la CDMX busca obtener vacunas para la población de la capital y estas NO serán rusas. O, por el bien de todos, no deberían serlo.

“¿Os parece un hombre colmado de méritos? Poned obstáculos a sus deseos, a todas sus empresas. Si sus méritos son verdaderamente tales, él hallará manera de abatir o sortear los obstáculos”.
Stendhal

La carrera de obstáculos a la que se enfrenta la CDMX es más larga y con más dificultades que aquellas que enfrentan gobernantes de otras entidades. Específicamente, el gobierno de la capital ha tenido que ir sorteando un buen número de dificultades, impedimentos y retos; más que lo esperado de cualquier administración.

Así, Claudia Sheinbaum sigue de manera constante saliendo de donde las circunstancias (así como sus rivales políticos o su equipo de trabajo) la van acorralando.

Ante el apabullante número de contagios y muertos en CDMX se pidió mantener todo cerrado. Sin embargo luego de la demandante —y lógica, creo yo— necesidad de “abrir o morir”, sorteó con los restauranteros un esquema para reanudar actividades siempre y cuando los negocios operaran con estrictas medidas de prevención

Las decisiones del gobierno local han resultado ser las más congruentes, eso ha traído por consecuencia que Sheinbaum haya marcando poco a poco una independencia respecto al gobierno federal (si bien, durán muchos, no a la velocidad o impacto que sería necesario).

Dentro de ese aspecto, es necesario que ahora se desista del uso del semáforo epidemiológico. Este ya no tiene sentido. Ya se demostró —en el balance salud / economía— que es mejor para la ciudad, sus habitantes y la misma jefa de gobierno, ir ampliando las actividades en la medida en que mantengan, mejoren y cumplan con las medidas de prevención. En ese sentido, la apertura de los restaurantes es un punto a favor indudablemente de que se pueden ir equilibrando la apertura y el cuidado de la ciudadanía.

Algo muy importante que ha pasado de cierta forma desapercibido para la prensa, pero sobre todo, para los analistas de opinión es que, ante el apabullante e incesante incremento en el número de contagiados y decesos por covid, el gobierno de la Ciudad de México se ha decantando por el tratamiento con Ivermectina para los habitantes de la capital, contradiciendo a las autoridades federales, específicamente a López-Gatell.

En el mismo sentido se sabe que tras el banderazo de salida dado a las entidades federativas y a la IP por López Obrador, también el gobierno de la CDMX busca obtener vacunas para la población de la capital y que estas NO serán rusas. O, por el bien de todos, no deberían serlo.

Claudia sabe que la vacuna Sputnik V no sería bien aceptada en la CDMX. Esta, tristemente, va a terminar siendo utilizada en mayor medida en las zonas más marginadas —y pobres— del país.

La jefa de gobierno sabe que los capitalinos, en general más informados que el resto de la población, ‘ni de locos’ se la ponen...

Solo lo harán unos pocos izquierdistas trasnochados cuya posición será gritar antes de la inmunización, por allí en el zócalo de Coyoacán: “¡patria o muerte, venceremos!”. Son los que han perdido el sendero ¿Luminoso?...

Lo cierto es que hay demasiadas dudas y pocas certezas con la vacuna Sputnik V. Y frente a los métodos y modos del gobierno federal, que insiste en traer a México una vacuna que no ha terminado sus fases de prueba, la propuesta de la capital será conseguir vacunas de otro origen más validado para los habitantes de la gran ciudad.

Ninguna vacuna generará zombis (película de Will Smith “Soy leyenda”) ni achicarán el cerebro para quedar como el de Martha Sahagún, pero tampoco hay ninguna necesidad de inyectarse un líquido que no ha terminado sus fases de prueba.

Claudia Sheinbaum ha ido sorteando muchos obstáculos y sigue poco a poco marcando independencia de decisiones emanadas del gobierno federal. Tal vez lleva claro que se debe a los chilangos y, por ende, hay cosas, como aceptar la vacuna rusa, que ni ella ni los chilangos harán.