El Peje por la boca muere

AMLO Pejelagarto
AMLO liberando un pejelagartoImagen tomada de video

Tales protestas no serán las únicas si no se toman las providencias necesarias tanto por parte de la sociedad como por parte de la autoridad.

“Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.”
José Martí

El gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, acusó sin pruebas —ciertamente, si acaso las tiene, no las presentó en público—, al presidente AMLO de estar detrás de quienes orquestaron una nada espontánea manifestación en Guadalajara el jueves pasado. Ello, entre otras cosas, porque el ciudadano jalisciense Giovanni López murió hace más de un mes cuando estaba bajo la custodia de la policía municipal de Ixtlahuacán de los Membrillos, y no a cargo de las fuerzas del orden estatales.

Andrés Manuel explotó en la mañanera de ayer diciendo que, si Alfaro quería acusarlo de algo, que sustentara sus dichos. Señaló que no había razón alguna para que el mandatario local inventara algo tan serio contra él.

¡Tiene toda la razón! Debería estar no solo prohibido sino penado que una autoridad acuse o señale a propios y a extraños de corruptos, fifís, conservadores, neoliberales, mentirosos, deshonestos, enemigos de la 4T y una larga retahíla de denuncias sin pruebas de por medio. En ese ejercicio destaca López Obrador un día sí y al otro también.

El líder de nuestra nación ofrece al respetable público excusas a lo sucedido en su gestión (e incluso mucho antes) denunciando sin sustento verificado. Por lo cual, no deja de tornarse irónica su actitud ahora que el acusado es él. Ojalá este incidente sirviera para que cese en sus señalamientos sin pruebas, que solo azuzan a media población.

En muy contadas ocasiones uno supondría que no es tan fácil conseguir evidencia, pero en todas las otras —después de gobernar 18 meses y contando con la Secretaría de la Función Pública y la Unidad de Inteligencia Financiera— no hay razón alguna para no presentarla, salvo que la verdadera razón sea una excusa o una mentira.

Como en el caso del NAICM. Su construcción fue cacareada de corrupta hasta el cansancio por López Obrador. Pero una vez dinamitada su terminación, el presidente mágicamente olvidó demostrar las corruptelas. De hecho, su secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, informó a la prensa y opinión pública que no hubo evidencia de actos de corrupción detrás de la determinación y obras del cancelado nuevo aeropuerto para la capital mexicana. Y le siguieron las estancias infantiles, la distribución de medicamentos, etc.

Pero, además, entre la acusación hecha por el tapatío y las realizadas por el macuspano existe una diferencia fundamental: el presidente cuenta con la máxima palestra de México para señalar supuestos daños, mientras todos los que son acusados por él (justa o injustamente), no pueden ni podrán defenderse nunca en igualdad de circunstancias. Ni siquiera hay margen para señalar, con la misma efectividad de AMLO, un “que presente las pruebas” o para instrumentar una andanada de ataques vía bots en redes sociales.

Pero, tristemente, pensar que por este evento, donde el presidente probó su propia medicina, hará que cambie, es una quimera. ¿Seguiremos escuchando al ejecutivo federal blandir desde cualquier tribuna sus acusaciones sin sustento y, lo peor, ni esperanza hay de que caiga en la cuenta de su actuar? Me tomo que sí.

"El horno no está para bollos”, como dice la coloquial expresión. Y, sin embargo, el personaje que más debiera estar consciente de ello (o quizá justamente porque lo está), ignora el punto.

Después de casi tres meses de encierro, la gente está (estamos) desesperada y estresada, y eso es algo que las autoridades deberían haber tomado en cuenta desde hace ya un buen rato.

Las manifestaciones han iniciado de forma violenta tanto en Guadalajara como en la Ciudad de México, y al inicio y transcurso de la pandemia ya se habían tenido expresiones públicas NO violentas a todo lo largo y ancho del país (especialmente en torno al gremio médico y personal hospitalario, exigiendo los medios mínimos de protección para atender a los posibles contagios). No mentían todos los que se manifestaron, México tiene el deshonroso porcentaje de que el 20% de los muertos por COVID son miembros del personal de salud. Uno de cada cinco; ¡muy por arriba del promedio mundial!

Pero las últimas manifestaciones, tomando como pretexto el asesinato de Giovanni López, han terminado con destrozos en la perla tapatía y en la capital de la república. Estas últimas fueron avizoradas en una columna el 24 de marzo pasado.

Tales protestas no serán las únicas si no se toman las providencias necesarias tanto por parte de la sociedad como por parte de la autoridad (sea federal, estatal o municipal). Este tipo de manifestaciones pueden iniciar con una justa causa o como desfogue para cierto sector o grupo de la población, pero suelen terminar con implicaciones terribles para la sociedad en su conjunto y para el gobierno en turno.

Por lo mismo, tampoco hay margen para el error en el despliegue y en la implementación de operativos de las fuerzas del orden, pues serán el pretexto para más levantamientos y mucho más destructivas y sanguinarias expresiones populares. Los gobernantes deben saber lo anterior, no me cabe la menor duda.

Es justamente por eso, insisto, que el primero que YA NO debe jugar a “medir fuerzas”, a mentir, a desinformar, a radicalizar, a dividir, a distorsionar y a acusar es AMLO. Eso le servía (y de eso se servía) antes. Ya no le conviene... vaya, ni a él mismo.

“Por la boca muere el pez”, pues tanto las manifestaciones realizadas hace años o las acusaciones sin pruebas vertidas ahora, se vuelven el peor enemigo de la autoridad que ha decidido utilizarlas para su provecho.

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