Columnas

La oportunidad que Biden tomó y que López Obrador no quiso ver

Presidentes AMLO y Biden

La fe ciega de legisladores de Morena en la economía de Palacio, y el rechazo de AMLO a apoyar empresas harán que pierda su sexenio y su legado.

¿Cuánto tiempo hace falta?
Para que borres las heridas
Que te hiciste en el amor?
¿Cuántas veces te he dicho?
Que solo tú tienes la llave
Que abre y cierra el dolor?
Mira que hemos hablado
Que los recuerdos son mentiras
Y que inundan la razón
Ay, qué pesado, qué pesado
Siempre pensando en el pasado
No te lo pienses demasiado
Que la vida está esperando
  Mecano

Krugman y la economía

Para nadie es un secreto: el dinero mueve el mundo. Y en la actualidad concreta por la que pasa el orbe, esto es lo único que nos sacará de un abismo llamado pandemia. Hay gente que aún no lo quiere ver, lo que es ya otra cuestión...

Al respecto de lo anterior, hace un par de días leía en el New York Times un artículo de Paul Krugman, premio Nobel de Economía. No siempre coincido con el distinguido especialista —de hecho casi nunca—, pero debo admitir que en esta ocasión tiene un punto (o varios).

A continuación traduzco y sintetizo, en parte, lo que dice el columnista en su texto:

  • Una campaña sostenida en base a mentiras en los medios de comunicación de derecha de los Estados Unidos, repetida por casi la mitad de los senadores republicanos, convenció a aproximadamente dos tercios de estos de que los demócratas, de alguna manera, se robaron las elecciones presidenciales.

  • Una gran mayoría de senadores republicanos estaban dispuestos a absolver a Donald Trump por su innegable papel en la promoción del ataque del 6 de enero al Capitolio (lo cual, de hecho, se concretó ayer).

  • Sin embargo, los planes del presidente Joe Biden para rescatar la economía cuentan con un apoyo bipartidista abrumador.

  • La unidad entre los votantes en política económica sigue siendo importante para el futuro de los Estados Unidos.

  • ¿Por qué el apoyo al plan económico de Joe Biden? (i) Porque se presentó como ‘ayuda ante desastres’ y los votantes lo entienden así. (ii) La mayoría de los estadounidenses parecen darse cuenta de que las personas que perdieron sus trabajos debido al covid no están sufriendo por su propia irresponsabilidad. (iii) Los políticos republicanos han perdido toda credibilidad en materia fiscal.

  • La negativa de los republicanos en el Congreso a respaldar políticas económicas muy populares puede hacerle más daño al partido que lo que fue su complicidad en un intento violento de revertir los resultados electorales. No es justo ni correcto, pero la rigidez ideológica del Partido Republicano en una época de crisis económica puede tener más importancia, políticamente, que su rechazo a la democracia y el Estado de Derecho.

En México, la división

Permítanme trasladar ahora lo anterior al caso mexicano y concretamente a la actuación de la Cuarta Transformación, de López Obrador y de Morena.

La sociedad mexicana también está profundamente polarizada; no tiene sentido negarlo. La población lo padece y toda la comentocracia lo ha venido apuntando desde hace tiempo.

En este aspecto, hay quienes sostienen que el presidente López Obrador no ha sido quien ha generado esa división social que hoy consume al país. Quizá sea el caso. Sin embargo, el mandatario sí la ha alimentado, y con creces.

Lo que es más, a diferencia del recién juramentado presidente estadounidense, nuestro titular del ejecutivo ha acrecentado dicha polarización desde el día uno de su mandato.

Pero, con eso, los diferencias con el caso norteamericano apenas comienzan.

En el diseño de su política económica para hacer frente a una crisis de salubridad sin precedentes, AMLO dejó pasar la oportunidad que sí tomó Biden. Y con ello López Obrador decidió no abonar a construir mayor unidad social, lo cual —eso sí— no podrá ser negado ni por propios ni por extraños al régimen de la 4T.

Veamos:

  • El gobierno federal se ha negado sistemáticamente a generar un plan integral de apoyo económico para las pequeñas, medianas y grandes empresas de este país. Ha dicho, incluso, que no establecerá ningún esquema de ‘resarcimiento financiero’. Ha confundido planes de diferimiento de pagos con condonación de impuestos o de deudas. Ya no se diga aceptar que se trata de ayuda ‘ante desastres o contingencias económicas’. Esto último ya se ve imposible que ocurra por parte de la 4T.

  • Metódicamente, desde Palacio Nacional, se ha equiparado el diseño de cualquier esquema de apoyo a los sectores productivos en México con un rescate fiscal o, peor aún, de capital (tipo lo que fue Fobaproa) para los empresarios usualmente más favorecidos. “Que cada quien se rasque con sus propias uñas”, se le oyó decir al habitante de dicho recinto. Y más: “que quiebren los que tengan que quebrar”, sembrando en el colectivo nacional la idea de que si se va a la bancarrota durante la pandemia se debe a que se trataba de negocios ‘perdedores’ que no eran dignos de recibir alivios ante sus deudas. Prácticamente algo así como si los empresarios (y los trabajadores) fuesen responsables de la situación producto de la pandemia de covid.

  • Sistemáticamente también, AMLO se ha negado a endeudar al país, así sea para darle dinamismo en esta coyuntura de profunda recesión económica. No obstante ese discurso, ahora sabemos (pues así lo ha comprobado la Secretaría de Hacienda y el INEGI) que la administración federal ha incrementado su deuda ¡en casi 8% (12 BILLONES de pesos) entre 2019 y 2020! Así, nuevamente como apunta Krugman con respecto a las políticas fiscales de los republicanos, la 4T está perdiendo también toda credibilidad en materia de déficits presupuestarios.

Separar lo político de lo económico

Para alguien que ha dicho querer separar la esfera económica de la política, AMLO ha contaminado irremediablemente la primera con una ideología muy atada a diversas cuestiones que en el fondo solo tienen que ver con política.

Aspectos que pasan por arriesgar todo tipo de inversión externa y generar oleadas de demandas extranjeras producto de una política energética (y hoy también eléctrica) que contraviene acuerdos internacionales, incluyendo el recién signado T-MEC.

O que se han traducido en una fuerte pérdida de empleos. Apenas informó el IMSS que en enero solo se recuperaron 48 mil empleos –todos eventuales. Esta cifra, además de ser la más baja para un primer mes de año desde 2014, quedó por muy atrás del pronóstico del presidente López Obrador de 75 mil plazas que se esperaba generar en este periodo.

O que han llevado a que la pobreza por ingresos regresara a niveles de hace 10 años, según se desprende del reciente Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2020 del CONEVAL.

O que ciudadanos y empresas mexicanas transfirieran a cuentas bancarias en Estados Unidos 21 mil 88 millones de dólares en los primeros dos años del gobierno de la 4T (sumando en noviembre de 2020, 93 mil 618 millones de dólares y superando en 29% a la reportada en diciembre de 2018).

O a que, como pronosticaría Krugman, la obediencia ciega de Morena a los designios de política económica de Palacio, el que la 4T sostenga sin ningún miramiento la construcción de sus proyectos insignia (Sembrando Vidas, Jóvenes Construyendo el Futuro, Tren Maya, Dos Bocas, AIFelipeÁngeles) y que AMLO rechace apoyar a cualquier ámbito de la economía productiva de México (supeditándolo a sus estructuras clientelares enfocadas en darle votos), lleguen a costarle su sexenio, ya no se diga su legado.

Todo esto, dirán los seguidores de la 4T, podrá no ser ‘ni justo ni correcto’, pero eso no quita que la rigidez ideológica del lopezobradorismo —en una época de crisis económica— puede terminar teniendo más importancia, políticamente y electoralmente hablando, que su quehacer (o, más bien, su deshacer) institucional.

Y es que, después de todo, como apunté al principio, las cuestiones básicas, como es la economía familiar, terminarán por importar mucho, mismo entre los votantes hoy convencidos del régimen.