Columnas

Medidas claras, ¡por favor!

El necesario cubre bocas

El Covid-19 es territorio desconocido en todos los países, el retorno a la nueva normalidad también. Hagámoslo bien esta vez, ¡urgen medidas claras!

Parábolas de nubes
forman un halo de cristal,
sobre el monte nevado.
Una línea
y un plano.
Quiero poner mi vista
sólo en el espacio,
que es sencillo
y a la vez complicado.
Sencillez, José María Hinojosa

El final de la cuarentena se acerca (al menos así parece a veces, otras no tanto).

¿Qué requerimos para salir y enfrentar el virus? Reglas claras, sin espacio para la simulación. Por ende, las medidas deben ser:

• De sentido común
• Pocas
• Prácticas
• De fácil entendimiento
• De sencilla implementación
• Que alienten la auto corrección

Yo las resumiría en cuatro normas básicas para todo ámbito, industria y actividad:

1. Cubre bocas forzoso en lugares cerrados (lo que de entrada descarta restaurantes — sus zonas cerradas— y escuelas).

2. Lavado de manos con regularidad.

3. Espaciamiento, cuando este sea posible.

4. Horarios de acceso a cualquier espacio público, servicios, centros de atención y establecimientos, de acuerdo a edades: de 9 a 12 pm para mayores de 68 años; de 12 a 2 pm para discapacitados o enfermos crónicos; el resto de la población tiene a su disposición cualquier otro horario.

Mucho me temo que todas las demás medidas que pongan en marcha las autoridades —comenzando por Claudia Sheinbaum, al frente del gobierno de la CDMX y terminando por la SSA, a nivel federal, NO serán efectivas por su imposible implementación. El establecer protocolos y escalonamientos por etapas de acuerdo a zonas, sectores, industria, actividad, tamaños de establecimientos, afluencia, etcétera, son inútiles pues su cumplimiento es complicado, por decir lo menos. Sobre todo si se agrega que estos se darán y modificarán vía semáforo con base en ¡la capacidad hospitalaria de la localidad!

Cierto, el hacer frente al Covid-19 conllevó improvisaciones y tuvo malos resultados en muchos lugares del mundo, los problemas no han sido exclusivos de México. ¿Fue culpa del sector salud? ¿De las autoridades? ¿De la población? Responder a estas preguntas nos puede llevar a un interminable debate. Sin embargo ahora, que la “nueva normalidad” se encuentra a días de iniciar, no hay tiempo para polemizar.

Los humanos solemos ser muy comodinos por naturaleza. Si a eso se le agrega una sociedad con bajo sentido cívico, desinformado y poco educado, lleva a concluir que los gobiernos, especialmente el federal, deberán establecer medidas sencillas, de fácil acatamiento, para que sea más complicado tergiversarlas y, así, el número de infectados no se multiplique en cuestión de días.

Es urgente decretar medidas claras, coherentes y constantes para que todos los ciudadanos podamos llevarlas a cabo. Señal de ello ha sido que las contradicciones entre autoridades ya han comenzado. El gobierno federal dijo que retomaríamos actividades el día 1° de junio y la jefa de gobierno de la Ciudad de México ya dijo que el 15 de junio. Aunque acotó en que en ese momento acabará la cuarentena y volveremos a la normalidad, que no es lo mismo a lo que estamos enfrentando, pues será algo así como “semáforo rojo”. Cabe la pregunta: ¿en qué se diferencia a lo que impera actualmente? O ¿tanto cantinfleo es solo para decir que no es seguro salir a partir del 1 de junio?

No nos engañemos, la semaforización que se ha establecido a nivel nacional busca cuidar de la capacidad del sistema de salud, incluso a costo de la salud misma de la población. Presentando otro problema adicional: la cantidad de infectados en los hospitales puede oscilar y variar de forma diaria. Por ello, en realidad lo que se requería eran protocolos y medidas INDEPENDIENTEMENTE de la capacidad hospitalaria.

No se puede pedir escalonar la salida de las personas o el inicio de actividades. Se prestará a confusión, violaciones de lo establecido, interpretaciones y un largo etcétera. Y si bien, no se quieren tomar medidas drásticas como es el toque de queda, si es válido que quien no acate las disposiciones, tengan un costo de desprecio social (esto es, que provoquen el escarnio público si no se cumplen).

Al igual que el Covid-19 fue territorio desconocido para todos los países, el retorno a la “nueva normalidad” es también ignoto. Hagámoslo bien esta vez. ¡Urgen esas medidas claras, por favor!