Columnas

La música de López Gatell. Mejor se hubiera quedado con los Caifanes

López-Gatell, rock star de la política, no tanto de la ciencia

La actuación del telonero favorito de AMLO no ha sido, en la emergencia del coronavirus, todo lo afortunada que México necesitaba.

Esta enfermedad es incurable
Esta enfermedad ni con un Valium…
'Mátenme porque me muero', Caifanes
‘Telonero”
1. Dicho de un artista: Que, en un espectáculo musical o de variedades, actúa antes de la atracción principal.
2. Dicho de un orador: Que interviene en un acto público antes del orador principal.
Real Academia Española

Esta semana nos enteramos que Hugo López Gatell, subsecretario de Salud, en sus años mozos fue miembro de una banda de rock llamada Cantera, cuyo máximo hito fue ser telonero de Las Insólitas Imágenes de Aurora, banda que se transformaría en Caifanes...

En la música es complicado tener segundas oportunidades, pero sucede. Los Beatles finalmente lograron grabar un disco cuando ya les habían dicho que sus composiciones nunca llegarían a convertirse en éxitos; la historia se encargó de desmentir a quienes les auguraban tan tremendo fracaso.

No sabemos el porqué Cantera nunca dio el brinco. Tampoco importa. Lo que sí es de interés (y mismo eso a medias) son las oportunidades que ha tenido el Dr. López Gatell como “telonero” en política.

Durante la epidemia del H1N1, en épocas del presidente Felipe Calderón, su actuación fue incompleta. Algunos dicen que lo despidieron de aquel “concierto” por maleta y otros solo por no tocar al mismo son que el resto del grupo. Tal vez el “rock político” que él interpretaba chocaba con el de aquel asesor de Calderón emanado de las filas de Timbiriche.

Como sea, el médico-músico ha vuelto a tener una oportunidad en los conciertos políticos de la 4T. Hoy es el telonero principal de su tocayo de apellido López Obrador.

Empezó con actuaciones desafortunadas (por decir lo menos), como asegurar que mejor era cerrar una escuela con 100 alumnos infectados que con uno solo. O con aquello de presionar a Claudia Sheinbaum para permitir que se realizara el Vive Latino (quizá quería un buen concierto...).

Tampoco ha sido atinado el ir contra la recomendación de la OMS, la cual pide aplicar pruebas, pruebas y más pruebas para saber con mayor exactitud la tasa de infección del COVID en nuestro país. Él prefirió prohibir todas las pruebas rápidas sin distinción, así como irse por el método “Centinela” (el que se aplicaba desde hace ya algunos sexenios, pero ahora en versión CuatroTé) y esta semana nos dejó a todos fríos informando que en realidad México debe tener un aproximado de algo así como 30 mil contagios. Ya que estamos en el “negocio” de estimados mal calculados, yo creo que debiéramos hablar de cerca de 10 millones de infectados. ¿Por qué? En razón de que los pequeños estudios bien realizados con población controlada arrojan una tasa de contagio del 8-10%.

Pero tal vez lo más complicado de entender de la música/discurso es el cambio tan drástico de ritmo. Pasó en un día de “no se preocupen” a la tonada “por piedad, ¡quédense en casa”. Del: hay menos de 1,000 contagiados a 26,000; sin olvidar los casos de neumonía atípica que supuestamente no tienen nada que ver con el COVID a: “las muertes de pacientes con neumonía atípica se clasifican según la enfermedad que las causó, que puede ser influenza o COVID-19”. ¡No’mbre, unos genios! (Meade dixit).

Algunos conocedores consideran que su cambio de ritmo obedece a que sigue más razonamientos políticos que médicos. Así fue su petición a las empresas de que pasen a pagar impuestos. El mismo veredicto cuando solo dice que estamos cerca de la fase 3, pero no dice cuáles serán los parámetros para activarla (o desactivarla).

Ojalá que sus “tocadas” lleven lo necesario para frenar el COVID-19, pero no se ve claro.

Lo que sí es evidente es que no solo depende de su música. Hay público que no entiende de música ni razones como todos los necios que se arremolinaron los días santos en el mercado de la Viga para comprar marisco y pescado. O los chiapanecos que, el viernes santo, hicieron su procesión.

Aun así, las tonadas y presentaciones diarias de López Gatell no serán aplaudidas o abucheadas por el público. Se medirán sus decisiones en lo bien que se contuvo el coronavirus o en números terribles como infectados y muertos. Por el bien de él y de todo México, esperamos que su “música” sea lo más apegada en términos de salud e infectología y lo más alejado en términos de “política-grilla”.

Hasta que tengamos el resultado final de sus intervenciones, sabremos si López Gatell firmará parte del estrellato de quienes son expertos en la materia o se quedó de telonero. Hasta ese momento, como dijo él, podremos cantar: “tan tan”. Por lo pronto, todo apunta a que mejor hubiese sido que se quedara con los Caifanes...