Columnas

En el combate al covid, como equilibrista Sheinbaum parece estar distanciada y a la vez tan comprometida con la 4T. Inestable situación.

¿Por qué de pronto tienes tantos enemigos? 
¿Por qué tengo que andar disculpándote?...
Y culpable o no 
¿Qué le puedo hacer ya? 
Miénteme como siempre
Por favor miénteme 
Necesito creerte 
Convénceme
Luis Miguel

No es momento de evasiones. Y lo sostengo porque el covid azota la Ciudad de México como nunca antes, al tiempo que las encuestas colocan a Claudia Sheinbaum con mayor aprobación (64% en promedio) que la que tenían Miguel Mancera o Marcelo Ebrard en sus respectivas administraciones a dos años de haber iniciado funciones.

Datos de Reforma

Algunos podrán aducir que parte de esta elevada popularidad se debe a que es la primera vez desde la transición política del 2000 que tanto la cabeza de la capital como del gobierno federal pertenecen al mismo partido. Tendrán algo de razón. 

Otros más concluyen que hasta el momento los chilangos en general ven bien la labor realizada por la regenta de la Ciudad de México, quien se ha sabido distanciar de algunas de las decisiones del gobierno federal, manteniendo cercanía en otros casos cuando le conviene beneficiarse de la “luz” que le transfiere AMLO.

Sea una cosa o la otra, ¿cuánto puede durar este estratégico pero precario equilibrio? Más cuando tiene ya una clara presión de una parte de la población para mover el semáforo epidemiológico a rojo, mientras la otra demanda abiertamente que por este momento no se den los cambios para que la economía no resulte aún más golpeada.

La respuesta a la anterior pregunta es: muy poco. El apoyo que, como ya dije, existe, se puede esfumar en un abrir y cerrar de ojos. Si sucedió para Mancera y Ebrard en un contexto ausente de una pandemia de covid, más lo será cuanto atravesamos la peor calamidad para la humanidad en tiempos modernos.

Tanto es así que, en un intento por alargar el apoyo popular, por primera vez en lo que va de su gestión Sheinbaum cedió la batuta, afirmando que mover el semáforo de naranja a rojo dependería de la decisión de la secretaría federal de salud

Presto, en su tardeada diaria, Hugo López-Gatell le dio (nos dio) ‘el beso de la muerte’ al decir que el color del semáforo es intrascendente y que coincide plenamente con las decisiones que tome la jefa de gobierno capitalino. Esto es, de inmediato le volvió a pasar la responsabilidad a la jefa de gobierno, y él se quedó tan tranquilo...

No sin antes —claro está— subrayar que en la Ciudad de México la situación es crítica y que los hospitales están prácticamente a su máxima capacidad, y a la vez externar que no se le ocurriera a ningún gobernador local ‘irse por la libre’ en la adquisición de vacunas anti covid

Así, resulta evidente que ha llegado el momento en que Claudia Sheinbaum tome decisiones de forma firme, seria e independiente en la materia. No puede ni debe seguir en la indefinición entre apoyar o no al gobierno federal. 

Naturalmente cualquiera que sea su accionar tendrá un costo para la población de la Ciudad de los Palacios y de refilón en su nivel de aprobación. Pero mayor será a la larga el costo de mantenerse en ese estado de equilibrismo que hoy ejecuta.

Una pandemia mal llevada, ‘culpable o no’, hará que la jefa de gobierno pague por las malas decisiones propias y de extraños.

Ya no caben amables llamados a la población capitalina, como tampoco que Claudia Sheinbaum mantenga esa ambivalente situación por lo que a políticas de salubridad se refiere, de estar distanciada y a la vez tan comprometida con la 4T.

Tiempo de definiciones. Llegó el momento de decidir.