¿Y quién va a cuidar de Andrés Manuel si no tiene hijas? ¿Sus nueras? ¿Beatriz?

Beatriz y Andrés Manuel
El presidente y el rol que la mujer ya no debe desempeñar. El Estado debe atender a los viejitos y las viejitasCuartoscuro

Beatriz no estará nada contenta con el hecho de que su marido, ante la ausencia de hijas, cada vez que se le ocurre le lance tales indirectas.

“Yo cada vez que me encuentro a un amigo que tiene hijas le digo: ya te rayaste porque no te vas a quedar solo; hasta el último momento vas a tener quien...” (¿te cambie los pañales de viejito?)
Andrés Manuel López Obrador

El papel de las mujeres, según AMLO

Todos los contratos pueden rescindirse o anularse, es decir, quedar sin efectos u obligaciones legales. Por fortuna, el matrimonio, como contrato, puede romperse, lo que a Dios gracias –sobre todo para las mujeres—cada día resulta más sencillo. Inclusive un matrimonio feliz durante décadas, si las circunstancias cambian, puede deshacerse.

Pienso que Beatriz Gutiérrez Müller sinceramente quiere, admira y respeta a Andrés Manuel; que ha sido feliz al lado del político tabasqueño, primero durante la dura etapa de lucha en la oposición y después en Palacio Nacional apoyando en los complejos problemas que se le presentan al gobierno.

Si menciono que el matrimonio es un contrato como cualquiera se debe a que, muy probablemente, la señora Gutiérrez Müller ha puesto el grito en el cielo las ya dos veces que ha escuchado hablar al presidente AMLO en las mañaneras acerca de lo maravilloso que resulta que en México uno de los roles de las mujeres sea cuidar a los ancianos y ancianas venerables de la casa. Beatriz debe haber reflexionado con seriedad y preocupación acerca de si eso era el típico: “A ti te lo digo, m'hija; y entiéndelo tú, mi nuera...”.

¿Quién cuidará a AMLO?

Y es que, ¿quién va a cuidar a Andrés Manuel cuando, en unos 20 años más, sea un viejito necesitado de múltiples cuidados (sí, incluso más cuidados que los que supongo ya requiere ahora)? No tiene hijas. En su primer matrimonio tuvo tres hijos varones y otro en segundas nupcias con Beatriz. Y es algo que evidentemente le duele al presidente de México. Ahora bien, entendamos las cosas antes de seguir adelante: AMLO adora a sus cuatro hijos y lo ha demostrado, pero le salió del alma el lamento de que ¡felicita! a sus amigos que tienen hijas, pero no porque las mujeres seamos las criaturas más bellas de la existencia, sino nada más porque sus cuates con hijas ¡ya tienen enfermeras, y gratis, para que les cambien los pañales en la vejez!

Eso no, señor presidente. Ya no espante a Beatriz con tales afirmaciones.

¿Quién va a cuidar a Andrés Manuel López Obrador cuando sea un adulto mucho más mayor?

√ Sus hijos no van a cuidar a AMLO: no les corresponde, según el propio López Obrador: son hombres.

√ Sus nueras, menos: ellas se harán a un lado diciendo que tienen a sus propios viejitos para cuidarlos, y harán como que la Virgen les habla.

√ ¿Beatriz como enfermera? ¡Qué espanto! Ella es historiadora y escritora, claramente no tiene la menor idea acerca de qué es la geriatría, si acaso habrá leído por ahí que se trata de la rama de la medicina que se ocupa de la vejez, pero nada más. ¿Cuidar de un viejito terco? Ni loca. Para eso hay residencias de reposo profesionales… ¿las hay en el sector público? No las que se necesitan. Eso es algo que debería atender el presidente AMLO.

Si la 4T y los subsiguientes gobiernos no resuelven el problema de qué hacer con los viejitos y las viejitas en este país –no basta con darles una pensión–, esto es, si el cuidado de la venerable gente anciana se sigue dejando en manos de las hijas o de otras mujeres de la familia, Andrés Manuel la pasará muy mal cuando ya no pueda caminar ni moverse ni hacer nada por sí mismo. Y con él, la pasarán mucho muy mal todos los viejitos y todas las viejitas de México porque, así lo espero, estoy segura de que cada día menos mujeres van a aceptar el rol tradicional de cuidar ancianos y ancianas que al presidente de México le parece tan ejemplar. Con la pena, pero que alguien más se ocupe de eso.

La misma Beatriz, feminista y con valores de independencia personal, no estará nada contenta con el hecho de que su marido, ante la ausencia de hijas, cada vez que se le ocurre le lance tales indirectas. Y es que el matrimonio o la familia no deberían condenar a las mujeres a ser simples cambia pañales de gente en las últimas etapas de su vida. Antes de llegar a eso, mejor romper el contrato. Espero que no llegue a tanto la cosa, es decir, que AMLO recapacite y se deje de insistir en tan triste rol de la mujer. No vale la pena que Beatriz le cante una adaptación del extraordinario bolero “Nosotros” de Pedro Junco, que para tranquilidad de todos aclaro no es pariente de Alejandro, el dueño del Reforma. Es decir, no es un bolero fifí:

Nosotros que nos queremos tanto
Debemos separarnos
No me preguntes más
No es falta de cariño
Te quiero con el alma
Te juro que te adoro
Y en nombre de este amor
(…no cambiaré pañales de viejito…
¡que lo hagan en el asilo!)
Bolero de Pedro Junco con una adaptación geriátrica 

A propósito de ese bolero, hace años, en 2015, Jaime Almeida escribió en Milenio una historia que vale la pena leer: “Nosotros, una tragedia hecha canción”. Recomiendo su lectura. 

Ni guarderías infantiles ni estancias para la venerable ancianidad

La verdad de las cosas es que para cuidar ancianos y ancianas hay enfermeras ¡y enfermeros! que se especializan, porque es su vocación hacerlo, en atender a las venerables personas de edad avanzada que ya no pueden valerse por sí mismas.

Andrés Manuel, en lugar de insistir en admirar roles indignos de las mujeres, debería criticarlos y exigirse a sí mismo y a su gobierno la creación de instituciones que se hagan cargo de los viejitos y las viejitas.

Pero si eliminó las guarderías para los pequeños y las pequeñas que empiezan a vivir, no veo probable que promueva estancias de reposo para quienes llegan al ocaso de la vida. Más fácil le resulta al presidente AMLO esperar que las mujeres de la familia se hagan cargo de los bebés, de los ancianos, de la limpieza, de cocinar y de tener todo en orden para cuando el señor de la casa llegue cansado y solo con ganas de ver sus series de Netflix. ¡Mueran las tradiciones!

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