Columnas

Aunque aún le falta lo que a AMLO le sobra (encantar a la mayoría), Anaya está resultando un magnífico alumno de quien tanto dice detestar

Quien tropieza y no cae, dos pasos adelanta.
Refrán
Pienso seguir al borde del sol
Porque digan lo que digan
Yo soy más fuerte si me dicen no
A todos se nos quiebra la voz
En todos hay un poco de Dios
Yo soy igual a ti
Tú eres igual a mí.
Diego Torres, ‘Iguales’

Anaya. Los tiempos

El anuncio de ayer de Ricardo Anaya en el sentido de que no va por una diputación federal en 2021, sino por la presidencia en el 2024, se volvió una de las noticias políticas del momento.

Claro, el pronunciamiento se debe ver bajo diversas aristas.

La más evidente es que es mucho muy temprano para saber si será un buen candidato o no para el 24. Lo mismo sucedería si habláramos en estos momentos de  Marcelo Ebrard o Claudia Sheinbaum. Las posibilidades, preferencias, tendencias y números para cualquiera de estos personajes no existen aún. Y en tres años pueden pasar demasiadas cosas.

Pero duele…

Aún con lo anterior, el anuncio molestó a los amlovers, tanto así que las redes se cimbraron y se notó un ataque directo contra él. Cada vez que Anaya declara o anuncia algo, mueve las redes y el “tapete” al gobierno federal.

La reacción de quienes defienden a la 4T se vuelve en una fuerza inversamente proporcional a lo que dicen desestimarlo. Esto es, aunque los seguidores de la 4T digan que poco importan sus declaraciones o la misma existencia de Anaya, su reacción es significativa e inmediatamente se dedican a vapulearlo.

Anaya. Siguiendo los pasos

Lo interesante de todo lo anterior es que Anaya imita procederes de López Obrador. Hay ejemplos: al igual que lo hizo Andrés Manuel por muchos años, especialmente cuando no detentaba un cargo de elección popular, Ricardo procura mantener una presencia entre la opinión pública. No es diaria, pero de forma regular sale, asoma la cabeza, se anuncia y señala lo que considera los yerros del gobierno en turno.

Así, igual como López Obrador salía y entraba de su partido o fundaba otro, Anaya lo hace. Y no porque se salga de su partido, aunque de ser necesario lo haría (como ya también lo decidió Felipe Calderón). Anaya entra y sale de la estructura de decisión del PAN (ya lo hizo al ser el presidente del partido y de ahí saltar a la candidatura) y puede pelearse con la cúpula de dicho partido, como en su momento lo hizo Andrés Manuel con el PRD.

Pero, sin duda, la similitud más evidente es la de reiterar su intención de obtener la silla presidencial. AMLO lo logró a la tercera oportunidad, Anaya va por la segunda.

Blindaje ‘a la López’

Hemos perdido de vista, no obstante, que Anaya anuncia que seguirá en la disputa por cargos de elección popular, sin aclarar primero las acusaciones que penden todavía sobre de él o relacionadas de alguna forma a él. El que por ahorita no está en lid electoral, no significa que no le sacarán ‘los trapitos al sol’ a la primera “necesidad”. Que pasen años tampoco significa que estén lavadas sus culpas.

Y lo mismo sucede con López Obrador, hay preguntas y dudas que no contestó.

Anaya está apostando a seguir en la carrera, pero no da a cambio y no piensa dar ninguna aclaración definitiva de los asuntos jurídicos, ideológicos y personales que hacen sombra.

Ambos (López Obrador más) son de esas criaturas políticas que aun teniendo ‘esqueletos en el clóset’, pueden continuar avanzando en su carrera política y gubernamental.

Encarecer su figura

Anaya está construyendo lo que por muchos años hizo Andrés Manuel y que, al final, le permitió contender por la presidencia. Irrumpir cada “x” tiempo en los medios hace que su figura, su presencia, se encarezca. Pareciera que la misma ley electoral no puede evitar que participen en la contienda política, mismo si cargan con alguna situación jurídica no resuelta del todo. Ya encarecieron y blindaron su presencia en el ámbito político-electoral.

Eso es lo que hace Anaya. En la medida en que él se convierta en un elemento permanente en la opinión pública, en ese mismo grado sacarlo de la jugada será imposible.

Anaya. Buen alumno

Con todo lo anterior, se puede decir que Anaya está resultando un magnífico alumno de quien tanto dice detestar. Tiene tres años por delante para generar una fuerza suficientemente grande de oposición a la 4T. Aunque, a decir verdad, se ve muy complicado porque le falta lo que a López Obrador le sobra: encantar a la mayoría de la población. Ya empezó el camino, veremos cómo lo continúa.