Asustados por el COVID-19… esos empresarios hacen que paguen trabajadores, trabajadoras

Conjunto de restaurantes de Alsea
Conjunto de restaurantes de Alsea.Alsea

Ojalá que el CCE, el Consejo Mexicano de Negocios, la Coparmex y demás organismos empresariales repudien la actitud de Alsea

Estamos reduciendo los gastos generales con efecto inmediato. Hemos reducido un número importante de puestos en nuestro centro corporativo. También hemos establecido un programa para colaboradores dispuestos a tomarse una ausencia de 30 días sin goce de sueldo.
Grupo Alsea

Hay empresarios (aunque tristemente menos en número, también empresarias) que muestran un gran compromiso con su país, con su planta laboral, con el medio ambiente, con generar productos innovadores para mejorar la vida de las personas.

Y hay otros que se dicen empresarios y no lo son. Aquellos que en efecto, tienen muchas empresas y elevadas ganancias por las mismas, pero que en el momento en que de verdad se les necesita no saben o no quieren estar ni para México ni para su empleados/trabajadores.

Estos hombres de negocios (de negocios, sí, porque buscan ganar o ahorrar dinero a costa de lo que sea; de ninguna manera emprendedores que se la juegan con sus equipos en las buenas y en las malas) son los que mancillan toda la actividad empresarial, la innovación, la solidaridad; también manchan a quienes sí se les puede considerar verdaderos empresarios (empresarias).

Notables las diferencias entre ambos grupos.

En estos momentos de zozobra económica y crisis de salud por la pandemia del coronavirus, los Torrado han dado las peores muestras de lo que no deben hacer los capitanes de empresa.

Cuentan con más de 62,000 empleados en el conglomerado Alsea, el cual maneja cadenas de restaurantes y cafeterías tanto en territorio nacional como en América Latina (entre otros, PF Chang, Vips, Starbucks, El Portón, Domino’s Pizza, Burger King). En principio, una historia de éxito por la forma en que han crecido y como han forjado una verdadera cadena de franquicias. En muchos de sus negocios presumen de tener un fuertes compromisos con el medioambiente, con los productores de la materia prima, con la comunidad donde están enclavados y, claro, con sus empleados. Pero bastó el inicio de la crisis del COVID-19 para demostrar que comprometidos, lo que se dice comprometidos con quienes trabajan en sus negocios no estaban. No dudo de los otros compromisos, especialmente el medioambiental: los establecimientos de Starbucks, por ejemplo, siempre están limpios y en los mismos se promueven los vasos reusables y los popotes biodegradables. Que Alsea tiene todo para ser una de las empresas más admiradas de México, lo tiene. Pero a la hora buena, la del gran reto por la peor crisis global desde la última guerra mundial, esa compañía falló.

Alsea anunció en México que mandaban a sus empleados a su casa sin goce de sueldo por un mes y que, empresa generosa y solidaria (cursivas para subrayar el sarcasmo), les iba a permitir regresar a sus actividades sin perder su antigüedad. Se pasaron los señores Torrado. Para personas que viven al día y una parte de sus ingresos depende no solo de su sueldo fijo, sino de las propinas que los comensales les dejan, esto es más que un fuerte golpe.

Llama la atención, pues el grupo Alsea, como tal, tuvo ventas netas el año pasado superiores a los 57 mil millones de pesos. Esto es, un 26,8% mayores a las del 2018 y dicho en sus mismos informes, las ganancias no fueron mayores solo por la depreciación de las monedas de América Latina. Las ganancias netas de Alsea para el 2019 fueron de 1 mil 085 millones de pesos. Así, uno se pregunta, ¿cómo es posible que no puedan pagar un mes por adelantado a sus empleados para que estos cumplan con las restricciones del distanciamiento social?

El impacto económico por la pandemia se medirá en millones de pesos, en decrecimiento, en desaparición de empresas y con ello de empleos. Se calcula que el número de personas en situación de pobreza aumentará y no existe estimación seria que sea ni siquiera mínimamente optimista.

Por lo cual, hoy más que nunca, se necesita que los empresarios, las empresarias, se comprometan en serio con el país. Y sí, tenemos muchísimos héroes, muchísimas heroínas en el comercio y la manufactura: quienes luchan a diario en una MiPyme (micro, pequeña o mediana empresa). En las grandes compañías sobran ejemplos de gente emprendedora que cumple puntualmente con sus empleados, con sus empleadas al darles las prestaciones señaladas por ley (aunque hay quienes no las cumplen, no se les mencionará aquí). Algunos hombres, algunas mujeres dedicados a la actividad comercial, a los servicios o a la industria se resisten a cerrar sus negocios en esta etapa de la pandemia, no por falta de ganas, sino porque de otra forma saben que no pueden pagar los salarios de su gente. Sí hay empresas, por fortuna, que han podido enviar a trabajadores, a trabajadoras a hacer home office y con ello tratar de frenar la epidemia y al mismo tiempo procurar mantenerse activos.

En un contexto de empresarios, de empresarias que luchan por mantener intactas sus nominas laborales, la declaración de Alsea es una bofetada para quienes de verdad están haciendo sacrificios intentando sacar a su gente y a sus empresas adelante. Con las ganancias obtenidas durante tantos años en una nación que ha sido más que dadivosa con aquellos, con aquellas que se dedican a las actividades empresariales, no debería ser tan complicado —no en las empresas de mayor tamaño; en efecto, como Alsea— que sus accionistas decidieran mantener los empleos, pagando lo que se tenga que pagar, durante un mes (o más de ser necesario).

Por supuesto que las empresas (no todas, pero la gran mayoría) requerirán apoyo e incentivos del gobierno para paliar los efectos de esta crisis y poder salir adelante. Ejemplo se tiene en países de todo el orbe, donde el poder político genera proyectos, estrategias y estímulos fiscales y económicos para que la planta productiva y de servicios pueda salir adelante.

El mejor ejemplo es Alemania, con un programa con la envergadura de los utilizados después de la Segunda Guerra Mundial, en el que se han inscrito desde empresas gigantescas hasta las más pequeñas. Todas con un objetivo, salir avante en este precario momento y con ello NO despedir a ninguno de sus empleados, a ninguna de sus empleadas.

De ahí que no sea aceptable lo anunciado por Alsea. Si más grupos empresariales imitan al de los Torrado, motivarán al gobierno del presidente AMLO —de por sí poco inclinado a apoyar a la iniciativa privada— a que se desentienda de tender la mano a las empresas: argumentará que la ayuda la necesitan los despedidos y se olvidará de estimular al sector más productivo de la sociedad mexicana. Lástima que el mal ejemplo de quienes administran Starbucks en México sea lo único que brille en un momento histórico en el que la solidaridad, sobre todo de quienes más tienen, debiera ser la norma

Ojalá que el CCE, el Consejo Mexicano de Negocios, la Coparmex y demás organismos empresariales repudien la actitud de Alsea. Ojalá que López Obrador ignore lo hecho por los Torrado y acepte trazar y realizar un plan de apoyo como el sugerido por el regiomontano Carlos Salazar, dirigente del Consejo Coordinador Empresarial; naturalmente dejando fuera del esquema de apoyo a quienes no saben ser solidarios con sus empleados y empleadas. El plan debe estar dirigido a quienes de verdad se la jueguen con México en el sector empresarial, en especial a los que están a cargo de las Pymes; aquellos y aquellas que verdaderamente son la locomotora de la economía nacional. Los otros, los que se asustan en las crisis, los que de inmediato ajustan las plantas laborales, no merecen ningún apoyo: tampoco el respeto de nadie.

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