Entrado en un proceso de paulatino declive y a un palmo de la agonía, el movimiento #yosoy132, seguramente consciente de su terrible situación actual, comienza a manifestar posturas cuya esterilidad política ha sido probada, y a tomar medidas desesperadas en un notorio afán de mantenerse con vida mediática.
Desconocer investiduras implica una actitud inútil. Lejos de resultar una decisión producente, el desconocimiento a cargos públicos acaba por dañar la imagen de quienes se oponen a reconocer figuras políticas, gobiernos, sistemas.
De nada le sirvió a AMLO y a quienes lo apoyamos llamar usurpador a Felipe Calderón y crear un Gobierno Legítimo. Al contrario, uno de los pasivos más importantes del lopezobradorismo tiene que ver con las acciones ejecutadas durante el conflicto poselectoral de 2006.
En los próximos días se enfrentará el #yosoy132 a una bifurcación de la cual dependerá su trascendencia y continuidad. Será el 6 de septiembre, que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación emita su fallo en relación con la validez de las elecciones presidenciales.
Si ese día el movimiento multicitado le demuestra a la sociedad un comportamiento que busque la reconciliación, la democracia y el diálogo, entonces podrán los estudiantes que lo conforman devenir en fuerza política y ganarse a la opinión pública en su totalidad. En caso de que se nieguen a acatar el fallo y organicen movilizaciones para defender el voto en las calles dañando terceros, entonces la gente no se los perdonará.
Si el Tribunal declarase al priista Enrique Peña Nieto Presidente Electo, para que existiese una legitimación para exigirle cuentas y demandarle lo que sea necesario, los de Más de 131 deberán reconocerlo como Presidente de la República. No hay de otra.
Por otro lado, la sorpresa mediática sería explosiva en caso de que el movimiento que se gestó en una protesta contra EPN, le diese la mano reconociéndolo como el próximo titular del Ejecutivo Federal y haciéndole una invitación para trabajar por un México mejor. Por supuesto cristalizarían los jóvenes universitarios una oposición fuerte, dura, crítica; y al mismo tiempo inteligente y productiva.
El discurso basado en el “sufragio efectivo, no imposición” solamente conduciría al Yo Soy 132 a una decadencia inexorable, incluso a su definitiva desaparición. Pues el brío y la inercia , que de por sí ya se vienen agotando, acabarían por dilapidarlo las primeras semanas de septiembre. Y volverían a mandar a dormir al gigante de la juventud.
Y este país necesita de jóvenes como los que integran el movimiento en cuestión.
A crear conciencia.