El presidente como rehén

AMLO
Aunque AMLO se sienta moralmente acechado por un puñado de personas recalcitrantes a las que les debe apoyo, recursos y lealtad, está obligado a adoptar un proceder no tan cargado a la izquierda populista.internet

 

Lealtades

Hay un grupo de hombres que le son particularmente leales al presidente López Obrador —mas no por ello carecen de exigencias—, quienes siempre han impulsado sus sueños y le han secundado. A ellos les debe en gran parte la investidura que hoy detenta. Su apoyo ha sido prácticamente absoluto, y durante un largo y arduo andar no le han abandonado.

Políticos, activistas y periodistas; otros, artistas e ideólogos. También algunos académicos; todos moldeando y fortaleciendo su discurso. Una amplia muestra de la sociedad mexicana que tienen el común denominador de siempre haber promovido al tabasqueño, y cuyo esfuerzo ahora se ve coronado viéndole ocupar la silla presidencial.

Por supuesto que cada uno de ellos tiene su propia agenda en lo particular (ya lo veremos más adelante), pero la principal y que por todos es compartida, esa que nunca perdieron de vista y primó sobre las propias, fue la de llevar al Andrés Manuel López Obrador a la máxima encomienda pública de la nación para que de allí desencadenara una gran transformación.

Grupos

Esa masa heterogénea aglutinada por AMLO podría clasificarse de diversas formas. Para para simplificar, dejémoslo en dos grandes grupos. Aquellos que buscan como conciliar la ideología con los medios y los fines con la realidad; que desean sacar al país adelante, erradicando injusticias privilegiando el trabajo cohesionando e incluyente de toda una población. Y aquellos más bien sectarios quienes no atienden razones y consideran que López Obrador solo gobierna para ellos, persiguiendo sin miramientos ni restricción una visión más alta, prácticamente del más allá.

Estos últimos han resultado intransigentes y están convencidos de que el primer mandatario debe iniciar “desde cero”, no importando el costo de tirar abajo obras, reales o figuradas, destruir o coartar oportunidades, lastimar aún más el medio ambiente, dinamitar la separación Estado-Iglesia, etcétera.

Pero no solo se trata de acciones, sino también de ideas; estas últimos muchas veces intransigentes, áridas, inflexibles y hasta engañosas —al grado de inventar que se está gestando un golpe de Estado contra López Obrador, para abonar a la locura, desencanto e incertidumbre entre la población.

Afortunadamente del otro lado del espectro de fieles seguidores, y también muy cercanos al presidente, hay un grupo de personas que buscan sembrar la sensatez. Estos señalan la existencia de caminos tortuosos, pero no por ello dejan de integrar a toda la población en su andar. Amigos de antaño que le dicen al presidente en lo que va bien y lo que va mal. Vaya, que le alertan de caer en extremos.

Agendas

Resulta cada día más evidente que, mientras unos le piden mesura, otros le demandan “sangre” y literalmente una revolución. Así, el ejecutivo federal se encuentra entre la espada y la pared; se siente fuertemente comprometido con quienes le han acompañado, y por lo mismo no ha dado marcha atrás en algunas decisiones de las que no está plenamente convencido y que van en camino de lastimar al país y dinamitar a su gobierno.

Es ese respeto (y miedo) que les tiene al grupo más recalcitrante la explicación detrás de su incapacidad de moderar ciertas actitudes y adoptar posiciones más balanceadas. Pero Andrés Manuel López Obrador gobierna para todo un país, por lo que es menester asuma una posición más equilibrada y conciliadora entre todos los grupos. López Obrador también se debe a quienes le dieron su voto esperando una transformación apegada a procedimientos transparentes y fortaleciendo el Estado de Derecho; un transitar mesurado que logre consensos en muy diferentes rubros.

Desafortunadamente, en estos meses de gobierno el ejecutivo ha demostrado que no puede o no quiere o no debe poner límites.

Prisiones

Aunque AMLO se sienta moral y gubernamentalmente acechado por un puñado de personas recalcitrantes a las que les debe apoyo, recursos y lealtad, está obligado a adoptar cuanto antes un proceder no tan cargado a la izquierda de corte populista.

Le guste o no, tendrá que irles abandonando para convertirse en un verdadero líder de izquierda progresista, más equilibrado, construyendo un piso más parejo para toda la población, incorporando incluso a los empresarios en una responsabilidad social compartida. El presidente nunca debió caer en alienar a un grupo social y enfrentarlo a otros.

El separarse de personajes extremos, le permitirá también dejar de abrir frentes con diversos sectores de la población. Ya sea con los científicos y deportistas de alto rendimiento que perdieron el apoyo gubernamental, los enfermos de cáncer a quienes ya no les dan medicinas o los contribuyentes de pago puntual.

Tarea sumamente difícil (a la que no le regateo ni un ápice), pero es AMLO quien detenta la Presidencia y no sus críticos bi el resto de la población .

Labor titánica porque el fanatismo de un sector no se alimenta de dinero, ni siquiera de poder. Se trata de un grupo sectario, sí, pero no mercenario que tiene de rehén al presidente.

Nada más irónico, si se piensa, puesto que siendo el presidente que ha obtenido el mayor número de votos en los comicios, teniendo el control en ambas cámaras legislativas, en la mayoría de los congresos locales y gubernaturas, uno pensaría que tiene toda la libertad de hacer lo que le viniera en gana. Y en eso se piensa muchas veces cuando se analiza su actuar. Sin embargo, AMLO es solo un esclavo, una presa del verdadero “tigre que anda suelto”, un rehén de sus propias fuerzas.

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