Columnas

Wikipedia, la ingenua

Santiago Garza (atrás), Ruben Olivo y el Tigre José Luis Nolasco. Cumbre La Viga.Plácido Garza

La Viga y el Potosí, cubiertos de nieve en sus cumbres y en las rutas de ascenso.

Irreverente

Por una cúpula esférica del SENEAM le dan el título al Potosí como la cumbre más alta del norte de México, siendo que mide igual que La Viga, 3,682 MSNMM.

Digo, a la fémina montaña le vale madres este entuerto de los machistas wikipedianos, pero ¿cuántos más habrá iguales a este caso?

Les platico, hay un elemento adicional que debería influir para el otorgamiento de títulos así en favor del Potosí, como el grado de dificultad para llegar a la cumbre, la temperatura.

Y en eso, La Viga se mete al Potosí, porque para hacer cumbre en ella le ronca bien y bonito por cualquiera de dos de sus tres rutas: la de la iglesia -la más cabrona por empinada- y la del lomo, por extenuante, pues tiene como 7 cumbres falsas.

Falsas les llamamos a esas cimas que al otearlas a la distancia y alcanzarlas, cuando eso sucede, el cuerpecito como que se afloja creyendo que ya, que ya llegaste, pero no, ni madres, todavía faltan otras igual o peores.

En cambio, a la cumbre del Potosí hay manera de llegar hasta en troca y sin que siquiera sea 4x4.

Eso sí, te tardas un madral de horas porque el camino va bordeando la montaña en zig zag.

Bueno, en su descargo debo decir que la tercera ruta para llegar a la cumbre de La Viga desde el fraccionamiento, se parece en largura y tiempo a la del Potosí, pero esa la usan nomás los villamelones mamones que suben en sus trocas a tomarse fotos en la cima, principalmente cuando está nevada, como ahorita.

Una vez vi a unos de esos bajarse de una camioneta de doble cabina al frío exterior de 9 grados bajo cero y apenas se tomaron una que otra foto, en chinga se regresaron a su cabina calefaccionada de 30 grados sobre cero.

“Ojalá se pasteuricen”, dije en voz alta para que me oyeran, pero ni cuenta se dieron porque ya habían cerrado sus puertas y subido los vidrios de las ventanas.

No solo en la altura se parecen La Viga y el Potosí. Los escenarios son muy similares y conforme se va ascendiendo, los esqueletos de árboles alcanzados por los rayos y por el gran incendio semejan piezas de museo con sus caprichosas formas, mejores que las de los más cotizados vanguardistas de la escultura.

Por el ascenso del lomo a La Viga, mi amigo Juan el profesor fue alcanzado por un rayo.

El rompevientos que traía absorbió todo el impacto y a pesar de haber perdido el conocimiento por varios minutos, es fecha que hoy sigue contando su historia.

Es más, cada día del año en que se cumple uno más de semejante acontecimiento, reúne a varios amigos y organiza una comelitona en la base del lomo de la Viga, y una especie de misa rápida en el lugar exacto donde fue alcanzado por el rayo.

Cierta vez que se nos hizo de noche en la bajada -por quedarnos a ver el espectacular crepúsculo- nos pescó una bárbara tormenta que nos cayó encima ahora sí que con rayos y centellas que iluminaban el cielo como en un espectáculo de luz y sonido.

El aterrador estruendo de los truenos aún resuena en mis oídos y debido a uno que cayó a menos de 100 metros de donde estaba, perdí el 50% de la capacidad auditiva de mi oído derecho, por eso mis cuates montañeros me sonsean diciendo que soy zurdo y sordo.

En estos días, La Viga y el Potosí están cubiertos de nieve en sus cumbres y en las rutas de ascenso.

Mis amigos que viven en Los Lirios, Coahuila, y en Galeana, NL, me dicen que son hordas las que llegan buscando la nieve.

Está bien, que la disfruten, nada más por favor, olvídense de sus carnitas asadas, para que no vaya a suceder lo que hace unos 10 años cuando un idiota inquilino de las cabañas de Monterreal provocó un incendio que acabó con más de 300 hectáreas de hermosos pinos en la cara sur de La Viga y le dio en la madre a la hoy tenebrosa vegetación de sus cumbres, que falsas o no, son testimonio de lo que dijo Neruda:

"Si no escalas la montaña, jamás podrás disfrutar del paisaje".

Pablo Neruda, el inmortal, el mismo del cual tomé al amarillo como el color de mi vida, porque como él se preguntó: "¿Y qué haríamos sin el amarillo?".

Amo ese color y en mis amadas montañas lo veo por todos lados. Lo vi incluso en la entrañable Isla Negra del poeta chileno, y lloré quedito con él al hincarme ante su tumba, que como él pidió, está orientada hacia el mar, para que lo vea por los siglos de los siglos...

CAJÓN DE SASTRE

"Amén", dice la irreverente de mi Kalifa.