Tras poco más de un año en parálisis arrastrando los viejos problemas perredistas para lograr acuerdos duraderos, Morena llega a las vísperas electorales más grandes del país con una sentencia del Tribunal Electoral ordenando una encuesta abierta que ha levantado molestia en las corrientes más radicales.
Mario Delgado, el coordinador de la bancada morenista en la Cámara de Diputados que guarda cercanía con el canciller Marcelo Ebrard, ha levantado la mano con todo y las críticas por no aparecer en el padrón de militantes con corte a 2018.
Delgado ha tenido tareas complejas que no ha logrado, como la reforma constitucional para el recorte presupuestal a partidos políticos, un tema que inclusive, es agenda presidencial y promesa de campaña pero que no alcanzó la mayoría necesaria para su aprobación. Sin embargo, ha logrado consensos para aprobar cárcel para quienes manejen y expidan facturas falsas así como para elevar los programas sociales a rango constitucional. Es la opción pragmática, aunque los fundadores, intelectuales y radicales no le reconocen la militancia necesaria para dirigir a Morena.
Bertha Luján es fundadora, cercana al presidente, liderazgo moral e ideológico, emblema de la izquierda, del activismo en la lucha por los derechos laborales y sociales, pero principalmente, leal desde siempre al movimiento. Su único defecto -virtud vista por el ala más radical- es que no se sienta a negociar con nadie que no sea moralmente aceptable para ella.
Su lucha ha sido tan digna y constante, que es el referente ideológico más fuerte después del presidente, pero carece de estrategia electoral.
Así como Ramírez Cuéllar fue la tercera opción para iniciar con el relevo del liderazgo partidista, hay una tercera vía que tiene las de ganar por la confianza presidencial, luchador de izquierda, encargado de las causas más dolorosas como Ayotzinapa y Secretario de Gobernación de pasillo: Alejandro Encinas.
Encinas fue perredista, Jefe de Gobierno y se desempeña como Subsecretario de Derechos humanos, población y migración en SEGOB. Suena su posible renuncia para aspirar a la dirigencia de MORENA como la tercera vía conciliadora, equilibrada, bien vista por las bases, bien vista por el presidente y con fortaleza moral y experiencia para afrontar las intermedias.
Después de que el Movimiento de izquierda más amplio lograra llevar a la presidencia a López Obrador, las disputas internas estancaron sus actividades por la falta de acuerdos entre Bertha Luján y Yeidckol Polevnsky, brazo financiero-pragmático del partido, Secretaria General e interina.
Hace un año, el proceso comenzó con asambleas distritales promovidas por el Consejo y la Comisión de Honor y Justicia. Desplegaron a lo largo y ancho del país recursos que fueron infructuosos cuando el INE invalidó aquel proceso. Desde ese momento, se acusó la indebida intervención a la vida partidista.
Morena comenzó a tener un enfrentamiento entre los puros o radicales, los fundadores que ya estaban en el movimiento desde antes de consolidarse como partido contra aquellos nuevos o recién llegados. Los pragmáticos, convertidos de otros partidos que se sumaron en 2018 a la ola de esperanza. El destino de su dirigencia se debatirá por encuesta abierta a militantes y simpatizantes organizada por el Instituto Nacional Electoral (INE), seguramente, telefónica por la pandemia de Covid-19.
POR CIERTO. Quien va quedando fuera de la jugada es Alejandro Díaz Durán, alfil del Coordinador de Senadores Ricardo Monreal quien simplemente, no levanta ni entre cúpulas ni entre militantes.
