September 18, 2019 13:52


Mérida y el futuro de Andrés Manuel

AMLO en Mérida, Yucatán
El presidente López Obrador estará con empresarios de México y Estados Unidos, pero seguro también con el pueblo yucateco. Está en su naturaleza atender a los de arriba, pero los suyos son los de abajo. ¿Lo entienden los hombres y las mujeres de negocios? ¿Los que nada tienen comprenden lo que significa la correcta creación de riqueza?internet

Ciudad blanca

Ciudad blanca, de poetas y músicos como Manzanero. De la cerveza Montejo y León, de los mayas, haciendas y rimas, donde la palabra es cantada y el canto se vuelve suspiro.

Mérida, en 1999 y en el 2007, fue sede de dos encuentros EEUU y México, así que hoy —por 3ª vez— arropará una reunión binacional, aunque en este caso tiene la característica de que asisten tanto miembros de los gobiernos como empresarios.

A través de diferentes reconocimientos y eventos de carácter internacional, Mérida se ha posicionado como una ciudad que trabaja por el futuro; de hecho, fue nombrada la primera “capital americana de la cultura” en el año 2000.

También, para este año, el estado de Yucatán apareció como la entidad menos violenta de nuestra nación (de acuerdo al reporte “Índice de Paz, México 2019” realizado por el Institute for Economics and Peace). Imposible olvidar también que la “Iniciativa Mérida” ha sido una de las cooperaciones más importantes que se han dado entre ambos países. Duró más de un sexenio y buscaba tanto la cooperación binacional, como el apoyar a México en su enfrentamiento contra los carteles de droga y la inseguridad.

Examen a Andrés Manuel

Innegable, esta reunión/cumbre ayudará a saber de y por el propio presidente de la República cómo piensa abordar y enfrentar ciertas situaciones. Especialmente dada la elevada incertidumbre generada por la cancelación del NAICM. Las inquietudes de los posibles inversionistas deberán/podrán ser calmadas por él y por su equipo.

Es cierto, el inicio de administración ha sido, por decir lo menos, diferente en el ámbito internacional a lo que se acostumbraba. Solo dos jefes de estado en visita oficial han venido a nuestra patria. Mientras, todo hace suponer que al primer país que viajará López Obrador (en caso de salir) será a Rusia, cuando nuestros principales socios comerciales no tienen rublos ni vodka. Tienen a Trump, bastante más impresentable que Putin, y ya es decir: quizá eso lo explique todo.

Los empresarios mexicanos y americanos reunidos en la cumbre que se está desarrollando en Mérida, esperan encontrar en Andrés Manuel al estratega que coadyuvará a un mayor crecimiento económico en ambos países y quien tendrá que ponerle un alto a la amenaza naranja, dadas sus ansias de cerrar la frontera.

Centenas de empresarios estadounidenses y mexicanos esperan que Andrés Manuel dé la certidumbre para seguir invirtiendo en México, pero también que forje una agenda o una defensa de lo alcanzado en el T-MEC y la necesidad de su ratificación por el congreso de EEUU. En pocas palabras conocer una certeza que no se ve en Estados Unidos desde que Trump llegó al poder.

Uno de los primeros triunfos de López Obrador en esta reunión será haber logrado que se aprobara la nueva ley laboral por la Cámara de Diputados, punto indiscutible solicitado por la presidenta del Congreso americana, la demócrata Nancy Pelosi, para la posible aprobación del T-MEC. Por eso hemos visto trabajar un poco más que de costumbre a las cámaras legislativas.

Anfitriones, organizadores y callados

Como cada año, la American Chamber of Commerce y el Consejo Coordinador Empresarial, con algunos personajes del ámbito político y empresarial, realizan esta cumbre procurando fortalecer lazos y economías. Tal vez la más importante y de las menos reconocidas.

Pero, en esta ocasión, en especial hay dos personas que han logrado establecer lazos no imaginados en tiempos de incertidumbre. Que se dedicaron a convencer a empresarios de ambos lados del Río Bravo para participar en esta reunión. Dos personajes que han entendido la dimensión histórica de esta reunión y que puede representar para Andrés Manuel el considerado un verdadero estratega, digno en quien confiar para seguir invirtiendo en México. Ambos personajes lograron que los empresarios le den ese voto de confianza a López Obrador y pueda ser Mérida la “base” de una nueva y más fructífera relación entre empresarios y de inversión en nuestro país.

Esas personas son:

Martha Bárcena, embajadora de México en los Estados Unidos, quien convenció a empresarios de gran nivel y alto potencial económico de venir a esta reunión. Sin ruido ni aspavientos, sabe que ser la embajadora hoy es el trabajo más complicado en el exterior de la presente administración (bueno, quien sabe cómo esté la embajadora en España…), y ha hecho su labor de convencimiento de la forma más diplomática y certera posible.

Por el otro lado, se encuentra Carlos Salazar Lomelí, actual presidente del CCE, el cual, desde su toma de protesta, ha procurado ser el puente que acerca a los empresarios con Andrés Manuel y a él con los hombres de negocios. Los empresarios confían en él (no en Alfonso Romo después de la cancelación del NAICM) y Andrés Manuel, también ha puesto su confianza en este regiomontano. Puede ser Salazar quien logre una mejor relación entre gobierno y empresarios y lo que sería mucho mejor, una nueva forma de inversión y crecimiento en conjunto.

Participantes a tomar en cuenta

• Graciela Márquez, la secretaria de Economía federal que sí pudo traer a la reunión a su par estadounidense Wilbur Ross y que, con ello, le ganó claramente este sprint al titular de la SRE, Ebrard, quien no pudo convocar con éxito a su homólogo gringo, pese a que el canciller saludó bastante con sombrero ajeno al presumir, a través de columnistas amigos, que el evento era cosa suya y del Consejo Coordinador Empresarial, cuando lo cierto es que el CCE y la Cámara Americana llevan 11 años realizándolo.

• Rocío Nahle, aunque a decir verdad ojalá pudiera guardar silencio toda la reunión.

• Marcelo Ebrard, quien pese a todo tendrá ocasión de brillar, siempre y cuando no quiera hacerlo más que su jefe. Ha demostrado que es más que el “aprendiz” Videgaray y sabe desarrollar su papel de canciller. Aunque a veces salude con sombreros que le quedan grandes.

• Wilbur Ross, secretario de Comercio en Estados Unidos, tendrá que realizar actos malabares para no enojar a su anaranjado copete-jefe pero al mismo tiempo no cerrar puertas a negociaciones que pueden beneficiar a ambos países.

• Tom Donohue, presidente del American Chamber of Commerce, y quien, como todos los miembros de la asociación, se afanan todos los años para lograr mejores reuniones y ofrecer mejores oportunidades de negocio.

• Larry Fink, presidente ejecutivo de Black Rock. Sí, el mayor administrador de activos en el planeta, magnífico para que decida invertir sus fondos en nuestro país.

• Empresarios EEUU (algunos), como Enrique Ostalé, Jane Fraser y el mencionado Fink.

• Empresarios México (algunos), como Carlos Slim, Agustín Coppel, Javier González Franco, Gustavo Cantú.

Mérida, ciudad de encuentros

Si esta cumbre fructifica en una mejor relación Andrés Manuel-empresarios, en inversiones conjuntas para nuestro país, en una posición más clara frente a los berrinches de Trump, no solo el presidente habrá ganado. También ganarán quienes apuestan en apoyarlo, los empresarios ahí reunidos y, lo más importante, nuestro país que requiere de inversiones y de dejar atrás los desencuentros diarios para ponerse a trabajar.

Andrés Manuel, desde luego, aprovechará el viaje no solo para saludar a personas de poder y dinero, a las que se ha esforzado por atender. También estará con el pueblo, pueblo, el de toda la península. A veces hombres y mujeres de negocios se asustan sin razón pensando que un político tan cercano a la gente llegue a no entender la necesidad que tiene el sistema de acumular más y más riquezas. Pero a veces razones les sobran para apanicarse, ya que el presidente frente a la multitud que carece de casi todo suele expresar con absoluta energía tesis, sí, que colocan a la distribución del patrimonio como un valor superior al de crearlo. Lo cierto es que lo correcto es el balance: hay que apoyar a quienes quieren aumentar hasta el infinito sus fortunas personales, en la medida en que sin duda son quienes generan empleos, pero al mismo tiempo las políticas fiscal y social deben en el marco de la sensatez establecer los límites que la justicia bien entendida dicte, sobre todo en un país con decenas de millones de pobres. 

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