Columnas

Se rompieron las formas de la doctrina y su frustración alcanzó un punto de desesperación.

Ya nada les importó. Se rompieron las formas de la doctrina y su frustración alcanzó un punto de desesperación que se notó con toda claridad.

En Michoacán, como pasó en Tlaxcala, San Luis Potosí y Zacatecas, la oposición tuvo que echar andar un mecanismo de sobrevivencia; saben perfectamente que, desde el 2018, están apagados políticamente. Sus discursos no levantan y su apoyo es carente en la población.

Desde hace unos meses han sostenido encuentros entre las tres instituciones de oposición al presidente, López Obrador. Acordaron crear una agenda común en 2021; pareciera que las cifras que han logrado recoger y el malestar que aún continúa mostrando el desdén y la animadversión, son razón suficiente para no seguir confiando en ellos. Sin embargo, esa deshonestidad sigue estando en tela de juicio; no han podido superar y aceptar que son incapaces de construir un esquema electoral hacia las próximas elecciones; por ello convocan a las organizaciones sociales, empresarios, figuras “independientes” y partidos que muestren un antagonismo a la 4T, a que se sumen.

La alianza es justamente eso: la falta de congruencia y el cinismo escandaloso de haber traicionado, incluso, a sus propios cuadros políticos. Ese mensaje va encaminado para el PRD, mismo que dejó desde hace muchos años a darle continuidad a una política en función a las demandas populares, educativas, culturales y sindicales; asimismo, con la pobreza de rescatar al campo: uno de los grandes rubros de producción del estado de Michoacán. En todo lo anterior, el perredismo que personifica el gobernador, Silvano Aureoles, suele con frecuencia simular y culpar de todo el deterioro de un fracaso al presidente, López Obrador. Incluso, esa misma narrativa la adoptó la alianza opositora. Es un guión golpista.

Eso lo hace, entonces, menos creíble para construir un bloque amplio opositor. El BOA es un fracaso. Pretende competirle la inmensa y legítima popularidad al presidente Obrador; lo mismo, sus altos porcentajes de aceptación. Sin embargo, en lo que va del primer tercio de gobierno no han podido ni meter las manos; Morena sigue jalando la intención del voto en las proyecciones del 2021. Ganará la mayoría de entidades y la fuerza en San Lázaro será nuevamente preponderante. 

Ese tsunami alimentó la enorme inclinación en Michoacán. A pesar de que el día de hoy han asignado un acuerdo de unidad entre PRI, PRD y PAN, están derrotados. — Dicen que preguntarán a la sociedad quién puede abanderar al BOA. Esa explicación es absurda. Todos sabemos que, en estos mecanismos y sobre todo si hablamos de los antecedentes oscuros de los tres partidos, habrá imposiciones, componendas, pactos y acuerdos previos dependiendo el acomodo de los espacios. 

Más allá de toda esa desgracia, es insultante para los cuadros del perredismo que aún levantan la mano y creen en la política del Sol Azteca. Dejó de ser un partido de izquierda, eso está clarísimo; entonces, sus migajas, se mueven por la derecha más rancia manchada de corrupción y desigualdad social. En eso quedará el PRD. Desangelado como la imagen que mostró un entusiasmo simulado; saben perfectamente que, lo que se avecina, es una aplastante victoria de Morena. 

De acuerdo con las estimaciones de Mitofsky, la oposición en Michoacán está desinflada. Perderían con Morena con un porcentaje holgado dependiendo de quién sea el perfil que abandere al BOA. Si el rostro provienen del PRD, el margen del partido guinda es de 2 votos a 1; con el PRI, la distancia se acortó a 18 puntos de ventaja de Regeneración Nacional. En todos los escenarios se anticipó su derrota del “Equipo por Michoacán”: nuevo eslogan del contrapeso para el 2021. 

Algo que puedo resaltar, es la carencia de un rostro entusiasmado. Sus semblantes reflejaron todo el día de hoy en una fotografía. Tiene conocimiento y cifras que anticipan un futuro desalentador. 

Es cierto, nunca en la historia contemporánea del PRD se había visto una desgracia como la de hoy con el PRI. En el fondo, saben que se trata de una traición a las propias luchas por la democracia de 1990 y un insulto que agravó la dignidad de personajes como el propio Cuauhtémoc Cárdenas que seguramente se estará lamentando de saber que, el mismo partido que fundó y peleó de manera pacífica contra el sistema todopoderoso, ha claudicado. 

El asunto y el tema de la coalición es un profundo fracaso. Solo basta con observar las mismas caras desangeladas de sus dirigentes estatales y nacionales. Son los semblantes de la derrota.