Columnas

La ilegitimidad reina en San Lázaro

Olga Sánchez CorderoCortesía

Finalmente, celebro que el PT no haya alcanzado los apoyos necesarios, pues sus miembros destacan por una profunda intolerancia ideológica.

Las asambleas populares son eso: populares. Ellas representan a la soberanía de la nación; y los diputados a los electores residentes en cada circunscripción y distrito. Todas las asambleas –o Cámaras bajas– alrededor del mundo presencian debates acalorados entre las distintas fuerzas políticas; desde las polémicas parlamentarias en la Cámara de los Comunes en Westminster hasta las querellas de la Asamblea Nacional francesa en el Palais Bourbon de París o en la Cámara de Representantes en Washington. Gritos, vituperios, injurias y tergiversación de hechos caracterizan las controversias que tienen lugar en estos recintos legislativos.

Sin embargo, lo sucedido recientemente en la Cámara de Diputados de México es surrealista, obra digna de orgullo de Salvador Dalí. Por un lado, el PT intentó por todos los medios alzarse como tercera fuerza política en aras de aspirar a integrar la Mesa Directiva. Para ello echó mano de argucias políticas para lograr la adhesión de diputados de partidos que integraron en 2018 la alianza de AMLO, y de los impresentables verdes. Por el otro, el PRI hizo lo propio con la adhesión de un puñado de diputados del PRD, lo que le habilitó para ser votado en el pleno de la Cámara Baja. Finalmente, ayer por la tarde, el Revolucionario Institucional alcanzó la mayoría calificada, y Dulce María Sauri fue “electa” como presidenta de la Mesa Directiva.

En este contexto, la adhesión de diputados de otros grupos parlamentarios a las bancadas del PT y del PRI trastoca los principios democráticos de representatividad, y trasluce un desdén por la voluntad del votante, en favor de intereses partidistas y personales en el seno de la Cámara. El elector vota de acuerdo a simpatías de partido, y rara vez – o nunca- conoce los nombres o trayectorias de los candidatos a las diputaciones. El diputado federal mexicano parece representar a todos los actores menos al electorado.

Adicionalmente, la supuesta intervención de la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, con el propósito de conciliar a las fuerzas parlamentarias en favor de la elección del PRI supone una violación por parte del Ejecutivo de la soberanía de la Cámara de Diputados, así como a su ley orgánica y reglamentos internos. De ser así, esta acción de la secretaria se sumaría a su presencia en el acto de inauguración del gobernador Jaime Bonilla. Dos actos ilegítimos que infringen el espíritu de la Ley. La secretaria Sánchez, reputada ex ministra de la Suprema Corte, conocedora del Derecho y de los procedimientos, no debe prestarse a jugarretas políticas que contravienen la legitimidad de los poderes constituidos.

Finalmente, celebro que el PT no haya alcanzado los apoyos necesarios, pues sus miembros destacan por una profunda intolerancia ideológica sin apego a los hechos ni a la evidencia, y poco hubiesen aportado a la conducción de los trabajos de la Cámara. Sin embargo, las vías para el éxito del PRI son altamente cuestionables. Por un lado, el cabildeo para integrar a diputados de otros grupos parlamentarios, y por el otro, la intervención de la Secretaria de Gobernación; evidentemente, por instrucción o con la venia del Presidente de la República.