Columnas

Si el PAN contara con personajes carismáticos que pudiesen aspirar a ganar elecciones, Anaya sería prescindible. Me temo que no es el caso.

Ricardo Anaya Cortés, mejor conocido como el “joven maravilla” o en sentido despectivo, “Ricky Riquín Canallín” tal como fuese llamado en aquel debate por el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador, parece haber vuelto de lleno a la vida política mexicana. Derivado de sus ambiciones políticas, como la candidatura del PAN al gobierno de Querétaro, o con fines promocionales para su reciente libro, el ex candidato de la alianza PAN-PRD cuelga semanalmente en las redes sociales interesantes videos donde aborda distintos temas. Para ser justos con la verdad, no tienen desperdicio, huelga señalar.

A la luz del contenido de sus videos y de las recomendaciones plasmadas en su obra, el panista parece distanciarse abiertamente del PAN, y abrazar elementos de la socialdemocracia. ¡Enhorabuena! Los análisis de Anaya son pertinentes, certeros, claros y traslucen un deseo del autor de ceñirse a la evidencia empírica según la mayoría de los economistas modernos y organismos internacionales tales como la OCDE y el Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, los postulados de Anaya contravienen los principios básicos de la derecha mexicana, mismos que han sostenido a Acción Nacional como partido político. Su recomendación de una renta básica universal —el lector recordará que esta fue propuesta faro del candidato en la elección de 2018— está inspirada en una propuesta del Partido Socialista francés, y más encaja en una línea de pensamiento de la socialdemocracia europea que en el partido fundado por Manuel Gómez Marín.

Por otro lado, y en temas más recientes, Anaya aborda sucintamente el espinoso tema de la legalización de la marihuana. Sobre este tema, bien valdrá recordar que los senadores del PAN votaron el jueves pasado mayoritariamente contra la legalización de cannabis (trece de sus dieciocho senadores se opusieron) lo que ha pintado a Acción Nacional —lo que no debe sorprendernos— como el partido político más conservador de nuestro país. ¡Bien por ser fieles a su ideología y a su decreciente base electoral! ¡Mal por contravenir consensos mundiales en un amplio abanico de materias!

Por otro lado, el ex candidato propugna la progresividad fiscal, a saber, el aumento de los impuestos a los deciles superiores de la pirámide económica, con el objetivo de incrementar la recaudación del Estado. ¡Un panista que recomienda robustecer al Estado! Así es… ese es Ricardo Anaya.

A raíz de todo ello… ¿dónde queda Ricardo Anaya dentro del PAN? ¿cómo es recibido en las filas de Acción Nacional un político que podría ejercer un liderazgo, pero que a la vez, abraza elementos progresistas? Si el PAN contara con personajes carismáticos que pudiesen aspirar a ganar elecciones, Anaya sería prescindible. Me temo que no es el caso.