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Impecable el argumento de salud. La otra cara de la moneda es el interés de Putin en ampliar la presencia e influencia de Rusia en América Latina

El presidente Andrés Manuel López Obrador habló ayer con Vladimir Putin. A través de Twitter, el Canciller Marcelo Ebrard señaló que: "Concluyó llamada telefónica del presidente López Obrador con Vladimir Putin, presidente de la Federación de Rusia. Fue cordial y exitosa. Como resultado Hugo López-Gatell podrá avanzar con respaldo del gobierno ruso para asegurar arribo de la vacuna Sputnik V a la brevedad".

Por su parte, el presidente López Obrador escribió en Twitter que, en la conversación que sostuvo con el presidente Putin, el mandatario ruso "se mostró genuinamente afectuoso". El Presidente aseguró que invitó a Vladimir Putin a visitar México y "le agradecí por la decisión de enviarnos 24 millones de dosis de la vacuna Sputnik V para los próximos dos meses".

El argumento de salud es impecable. Analicemos ahora el contexto internacional de este acercamiento, porque siempre hay otra cara de la moneda.

Este año marca el 30 aniversario de la disolución de la Unión Soviética. Para el presidente ruso Vladimir Putin, fue "la mayor tragedia geopolítica del siglo XX". Me tocó observar ese proceso desde la Embajada de México en Estados Unidos, donde trabajé como ministro de información de 1989 a 1993.

Unos años después, en junio de 1997 viajé a Moscú para reunirme con Georgiy Mamedov, Viceministro de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa. Yo era subsecretario de Cooperación Internacional de la Secretaría de Relaciones Exteriores y me tocó negociar y firmar el programa bilateral de cooperación en materia de cultura, educación y deporte.

Mi contraparte era el principal interlocutor del gobierno ruso con los países de América, en especial, con Estados Unidos. Había sido el encargado de la televisión soviética de 1970 a 1985. Muy cercano a Georgiy Arbatov, el mayor especialista soviético sobre Estados Unidos. Trabajó muchos años en la Embajada de la URSS en Estados Unidos. En 1991 fue designado viceministro de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa a cargo de las relaciones con los países de las Américas y permaneció en su encargo hasta 2003, cuando fue designado embajador en Canadá.

Mis estudios sobre la historia de Rusia y la política exterior de la Unión Soviética en El Colegio de México y en Harvard me sirvieron para entender mejor a mi contraparte. A lo largo de los años he seguido con atención los asuntos rusos. Por eso creo que hay mucho en juego hoy para la construcción de la presencia y la influencia de Rusia en América Latina. Es una ventana de oportunidad para promover los intereses de Vladimir Putin.

El presidente de la Federación Rusa sabe muy bien que hay inestabilidad como resultado de la recesión que nos autoprovocamos para hacer frente a la pandemia del covid-19. También sabe de nuestra polarización política en un año electoral. En todas las elecciones, el populismo estará en la boleta electoral. Presume que el nuevo gobierno de Estados Unidos será más activo en la región. Por eso, Putin lo intentará desafiar en su propio continente.

México ha sido afectado desproporcionalmente por el covid-19. La decisión del gobierno de concentrarse en sus programas sociales y de no apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas, afectando su solvencia y generando desempleo, está provocando que aumente la pobreza.

Aunque la prioridad del gobierno de México es su campaña de vacunación, es probable que el progreso sea lento en 2021. Rusia ya lo vio claramente y por eso ha respondido. En ausencia de otros actores, ha posicionado a la Sputnik V como la principal vacuna a distribuirse en la región.

Varios países de América Latina están desarrollando actualmente la fase III de los ensayos de esta vacuna, cuyo desarrollo está financiado por el Fondo Ruso de Inversión Directa. México ordenó ya 24 millones de dosis.

Hay quienes argumentan que 2021 será un año electoral agitado en América Latina, ya que muchos países acudirán a las urnas en un contexto de malestar social y creciente polarización que Rusia buscaría explotar. Estos observadores creen que la recesión es oro molido para los líderes populistas y para Rusia, que estaría lista para usar la desinformación para interferir en las próximas elecciones. Buscarían aprovechar este entorno político enrarecido en beneficio de Rusia. Dicen que los trolls afiliados a Rusia y los bots de Twitter ya han estado activos a medida que aumentaban las protestas en toda la región.

No lo sé. No lo creo. No tengo suficiente información. Pero lo que sí creo es que la administración de Biden está lista para adoptar una postura más dura sobre Rusia y un enfoque más colaborativo hacia América Latina, como prevaleció durante los años de Obama. Será un "acto de reequilibrio de Estados Unidos". Pero no sé cuánto tiempo tomará para lograrse.

América Latina es una región que podría convertirse nuevamente en el escenario de la confrontación entre Rusia y Estados Unidos. Es probable que Moscú aumente su cooperación industrial-militar con regímenes de izquierda como Nicaragua, Cuba y Venezuela. El comercio exterior de América Latina con Rusia todavía no es significativo, si lo comparamos con el comercio con China y otros países.

Muchos críticos de Putin argumentan que se está redoblando el uso del poder estatal para mantener el control. Señalan el envenenamiento del activista de oposición ruso Alexei Navalny el año pasado como una fuerte escalada en una campaña del Kremlin aparentemente dirigida a aplastar la disidencia y silenciar las voces políticas alternativas. Los disturbios en Bielorrusia contra el gobierno del presidente Alexander Lukashenko, así como los acontecimientos en Kirguistán, la guerra en el Cáucaso aumentan la preocupación del Kremlin.

El año pasado, Putin cambió la constitución de Rusia, allanando el camino para permanecer en el poder, potencialmente, hasta 2036. La enmienda fue respaldada en un referéndum por el 79% de los rusos que votaron. "El único objetivo de Putin y la élite de Putin es mantenerse en el poder”, dicen sus opositores.

Los años 2020 y 2021 son los de la pandemia del coronavirus y Rusia espera que su "diplomacia de las vacunas" impulse su imagen en el extranjero, ya que más de 50 países han mostrado interés en comprar o producir la vacuna rusa Sputnik V.

El claro objetivo es América Latina. El regreso de los gobiernos de izquierda en Argentina y Bolivia han mostrado su voluntad de abrir las puertas a una cooperación económica y política más amplia con el Kremlin. En 2021, es probable que el régimen aliado ruso en Caracas mantenga el poder en Venezuela. Sin embargo, el futuro de las inversiones rusas ahí seguirá siendo incierto debido a la continuación de las sanciones de Estados Unidos y no hay señales de una rápida recuperación de los mercados petroleros.

Sin embargo, aún valdrá la pena mantener a Venezuela, además de Argentina, Bolivia, Cuba y Nicaragua en la lista de amigos de Moscú. Esto se debe a que 2021 transformará a América Latina y el Caribe, con una población de más de 650 millones de personas, en uno de los mercados mundiales más grandes y lucrativos para la exportación de las vacunas contra el covid-19.