Nunca he compartido la idea de que el periodismo es imparcial, pues dar la noticia de un hecho específico siempre varía en su descripción de acuerdo al medio y/o a quien lo narra. Las líneas editoriales y la percepción individual de quien hace una crónica, constantemente están presentes en la misma.

Ahora bien, en el periodismo de opinión, los que contamos con espacios para expresarnos lo hacemos de acuerdo a nuestro punto de vista de diversos tópicos. En esta categoría no hay verdades absolutas, todo es apreciación basada en ideologías propias.

Lo que sí debiera ser un una constante en cualquier periodista es la ética, entendiéndola como el valor de no calumniar, de no basar dichos en rumores y en la capacidad de aceptar las críticas así como reconocer los errores que se puedan cometer.

En México existen informadores que son considerados “vacas sagradas”, y que cuentan con grupos de apoyo que les llegan a tratar como auténticos ídolos. Las opiniones de dichos periodistas son prácticamente intocables, pues ellos saben que sus incondicionales seguidores les protegerán contra todo. Lo que digan o escriban los entronizados articulistas es tomado como indiscutible, y si alguien se arriesga a cuestionarlos será culpado de recibir dádivas del gobierno o de intentar ocultar la realidad, entre otras tantas barbaridades.

Todo lo anterior viene a colación debido a que, Federico Arreola, escribe en su columna de SDP Noticias, acerca de “la investigación” sobre la tesis universitaria de Enrique Peña Nieto que presentó Carmen Aristegui el domingo pasado.

En el artículo titulado: Peña Nieto y su tesis de licenciatura: la ruina periodística de Aristegui, sencillamente Arreola considera que el contenido de lo presentado por Aristegui no correspondió a la expectativa que ella y sus seguidores crearon en las redes sociales. En ningún párrafo encuentro algún insulto o difamación en contra de la periodista. Tal vez el título es fuerte, pero insisto, no hay injuria alguna.

Sin embargo, en el espacio destinado por SDP para los comentarios, de inmediato se empezaron a leer improperios de todo tipo, a Federico le llaman. “chayotero”, “defensor y promotor del plagio intelectual”, “pseudoredactor”, y un largo etcétera.

Arreola al igual que cada uno de los que escribimos aquí, podemos y debemos ser cuestionados por nuestras columnas, pues quien hace público su pensar debe estar abierto al juicio de los lectores. No obstante, creo que la ofensa, la amenaza y la desacreditación a priori no es saludable para la confrontación de ideas, ya que todo ello va en decremento de la pluralidad y la reflexión.

La conversión de periodistas en deidades es peligrosa; vengan de quien vengan, las opiniones no son irrefutables.

Nos falta mucho para aprender a debatir, y para empezar, primero tenemos que aprender a respetar a quienes piensan distinto.