Opinión

La campaña de Renata Turrent

Son despreciables aquellos que critican la maternidad en campaña. Su misoginia les retrata de cuerpo entero.
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Por Frida Angélica GómezApril 12, 2021 at 8:30 pm CDT

“El ideal materno oscila entre la madre sacrificada, al servicio de la familia y las criaturas, y la superwoman capaz de llegar a todo compaginando trabajo y crianza”. 

Esther Vivas

Candidata feminista, hace campaña con su bebé en brazos.

Renata Turrent es una joven feminista candidata a diputada local del distrito 17 de la CDMX, que se encuentra en la alcaldía Benito Juárez. Su trayectoria es transparente y también, destacada: es maestra en políticas públicas, catedrática de la UNAM en Economía y el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG).

¿El asunto?

Es que recientemente se convirtió en mamá y meses después, en candidata. Una candidata territorial que sale a hacer campaña y visita las calles, los mercados, bazares, comunidades, parques y hogares cargando en una cangurera a su bebé. Avanza kilómetros y se recarga de energía, agua, insumos, leche, desde vehículos propiedad de su equipo de campaña. Sin lujos ni nanas o excesos.

La maternidad, lactancia y parto es urgente.

Este detalle le ha valido que todas sus propuestas, análisis y motivaciones por construir una mejor sociedad, con oportunidades para todas y todos, se limiten a críticas por realizar campaña con su cría en brazos, como si ser madre y política fuese un crimen a la sociedad o un hecho que se debe ocultar.

Un retrato mas de la misoginia y del despreciable concepto que el conservadurismo tiene y pretende imponer en la sociedad: que las mujeres deben estar en casa siendo madres… que las políticas deben ser masculinas… que si los hombres se convierten en padres, pueden salir de inmediato a trabajar o irse porque ello es normal… pero las mujeres, no pueden siquiera reincorporarse a sus actividades porque “eso no es de una buena madre”.

Normalizar la maternidad, lactancia y parto es urgente para sociedades de mujeres que, en su autonomía y liberación, construyen la extraordinaria compatibilidad entre actividades profesionales y personales. Y digo extraordinaria porque la cuenta pendiente por normalizar la crianza compartida se ha reafirmado durante la pandemia:

¿Es peor ser madre que ser corrupto?

Lo extraordinario no debe convertirlo en habitual o normal. Es sano que los cuidados sean compartidos. Es el doble de sano que nadie tenga que renunciar a la vida política por haber decidido ser madre. Aquellos hipócritas que la critican son los mismos que satanizan el aborto y exigen el respeto a las dos vidas, pero que cuando una mujer se atreve a ser madre y perseguir sus sueños, le estigmatizan y critican como si su delito fuese esforzarse cumplir con las expectativas propias de vida.

La maternidad debe ser cómoda y no limitante, feliz y no atrapante… desobediente, una insumisa, o como quiera cada madre que sea: tranquila, viajera, en casa, en oficina, pintando, con yoga, en música, en playa … ¡o como guste!

El absurdo de que exista esta columna es que el silencio ante la injusticia nos convierte en cómplices y guardar evidencia de que en pleno 2021, la maternidad (para algunos) es motivo de crítica nos obliga a entender la urgencia del feminismo colectivo. ¿Es peor ser madre que ser corrupto? Porque una veintena de corruptos fueron propuestos por los partidos, como Santiago Creel, sin que sean investigados o fustigados por sus campañas... ¿será que es porque ni campaña hacen?

Renata brinda como ejemplo que cuando una mujer dice que sí a participar, el acuerpamiento de hermanas, aliados y simpatizantes le permitirán hacer campaña con hijas o con hijos, o sin ellos, con pareja o sin pareja, con mujeres o con hombres… porque la decisión participativa de una sola mujer ya es el inicio de un ciclo y la amistad, como dice Alma Delia Murillo, es la primera revolución en nuestras vidas y nos permiten todo lograrlo.

Esos arquetipos impuestos a lo largo de la historia resultan opresivos… tienen que ver con el deseo a ocultar nuestra naturaleza más plena, como la lactancia y la maternidad. Hipócritas aquellos que disfrutan ver publicidad hipersexualizada mostrando a modelos semidesnudas pero rompen de indignación al ver una mujer lactar. Hipócritas aquellos que se estimulan con la idea de nosotras sometidas en términos sensuales y se indignan al mirarnos aspirando a espacios de poder. Romper con la maternidad patriarcal que ha encerrado a las madres en el hogar y que ha infravalorado el trabajo de los cuidados también es urgente en la revolución de las conciencias. 

La concepción neoliberal que nos han impuesto de la maternidad en la que la crianza y el cuidado están supeditados al mercado tiene que ser abortada. Si Renata estuviese haciendo home office, como un gran número de mujeres, tal vez se encontraría en la explotación del 40% que considera que la carga de trabajo se ha incrementado durante esta cuarentena, entraría dentro del 47% de las mujeres que trabajan más en el esquema de teletrabajo según la OCCMundial.

Ojalá que Renata y todas las madres sigan incomodando con su atrevimiento y su crecimiento. Ojalá que un día, ser política y ser madre deje de ser un atrevimiento. Ojalá el conservadurismo pueda realinear sus valores para adquirir congruencia o simplemente, morir.